Se trata de una enfermedad intestinal inflamatoria (EII) y suele estar relacionada con la de Crohn. Puede aparecer a cualquier edad y afecta por igual a ambos sexos. No obstante, los estudios epidemiológicos muestran mayores incidencias entre los 25-35 años y entre los 65-75.

¿Qué es la colitis ulcerosa?

Esta enfermedad inflamatoria crónica que se produce aproximadamente en 8 de cada 100.000 habitantes evoluciona en forma de brotes más o menos recurrentes. Se asocia a una respuesta inmune desmesurada que produce lesiones de forma continua en el intestino grueso (colon) con distintos grados de gravedad. Habitualmente, si afecta más al recto se denomina proctitis. En los casos en los que incide hasta el primer ángulo del colon (ángulo esplénico) se llama colitis izquierda y cuando afecta a todo él recibe el nombre de pancolitis.

¿Cuáles son sus causas?

Los científicos no han hallado aún la razón exacta que la desencadena y todos ellos coinciden en señalar que la enfermedad es multifactorial y poligénica. De hecho, se ha encontrado una relación con genes del cromosoma 6 que se encargan de la formación del sistema inmune. No obstante, esta predisposición genética no es suficiente para desarrollar el trastorno y se apuntan diversos factores relacionados, como los infecciosos. Pese a que no se ha podido encontrar un microorganismo concreto que sea el responsable, se ha sospechado de las propias bacterias normales que habitan en la flora intestinal. Asimismo, se cree que los afectados han podido pasar por un proceso infeccioso que acabó desencadenando una respuesta inmune anómala que se perpetúa en el tiempo. Otros factores relacionados son los alimentarios (alergias) o el estrés.​

¿Cuáles son los principales síntomas?

Dolor abdominal, diarreas generalmente con sangre, fiebre, náuseas, pérdida de peso, úlceras bucales, anemia, fatiga e ictericia. Al ser una enfermedad sistémica, puede causar alteraciones o síntomas en otros órganos, aunque en menor frecuencia que la enfermedad de Crohn. Estas manifestaciones extraintestinales pueden ser dermatológicas, oculares o articulares.

¿Cómo se diagnostica?

Además de la historia clínica del paciente y la posible solicitud de pruebas sanguíneas, se valorará la posibilidad de realizar pruebas de imagen como la colonoscopia (que es la técnica de elección ya que permite visualizar toda la mucosa del colon así como la toma de muestras) o a la radiografía en los casos severos. Los hallazgos endoscópicos e histológicos (biopsia) también son útiles para el diagnóstico.

¿Cuál es el tratamiento?

Se indicará en función de cada paciente, teniendo en cuenta la evolución, localización, afectación de la enfermedad y si el brote es leve, moderado o severo. Se suele recurrir a fármacos para controlar la inflamación como los salicilatos, antibióticos, corticoides, inmunomoduladores o inmunosupresores y terapias biológicas. Los pacientes también pueden someterse a granulocitoaferesis (filtrado de la sangre, como una 'diálisis' donde se eliminan los granulocitos y los monocitos que componen el sistema inmune al pasar por un filtro de diacetato de celulosa). El tratamiento quirúrgico se lleva a cabo en dos supuestos escenarios: la cirugía programada o la urgente. La primera de ellas se recomienda cuando las terapias conservadoras fracasan o en los casos en los que la colonoscopia y posterior biopsia indiquen un patrón de crecimiento anormal de las células. Las cirugías urgentes son necesarias si existe una gravedad importante o hay complicaciones graves como la hemorragia colónica masiva.

Pautas dietéticas

Debido a que la colitis ulcerosa puede disminuir la absorción de determinados micronutrientes es importante seguir una dieta inmunoestimulante que, además, aporte zinc, selenio, vitaminas A, C y E. Asimismo, se debe tener en cuenta que durante los brotes de la enfermedad hay que seguir una alimentación hipercalórica, hiperproteica, hipolipídica (muy baja en grasas) y con un bajo contenido en fibra. Es necesario distribuir las comidas en 5-6 tomas para facilitar la digestión y escoger alimentos que se toleran mejor como el pescado blanco, el pollo, el fiambre de pavo, el arroz blanco, la pasta sin gluten o la patata cocida. Se deben beber dos litros de agua u otros líquidos (infusiones o caldos) y no consumir café, picantes, alcohol, sorbitol, alimentos ricos en fibra insoluble, lactosa y gluten. Cuando el paciente no esté sufriendo un brote y esté en fase asintomática se pueden ir introduciendo poco a poco los alimentos que se hayan descartado previamente. Se debe aumentar el consumo de almidón (arroz frío, fécula de patata…) e incluir vegetales.