Afecta al colon -la parte del intestino grueso que elimina los desechos del cuerpo- y se conoce también como enfermedad diverticular, que se compone de dos afecciones: diverticulosis y diverticulitis. Ambas son mucho más frecuentes en personas mayores.

¿Qué es la diverticulitis?

Los divertículos son bolsas abultadas y pequeñas que se pueden formar en el revestimiento del sistema digestivo. Por lo general, se encuentran en la parte inferior del intestino grueso (colon). Los divertículos son comunes, en especial a partir de los 40 años y hasta en un 75% de los casos no presenta complicaciones. Sin embargo, en ocasiones una o más de las bolsas mencionadas se inflaman o se infectan. Este trastorno se conoce como diverticulitis.

¿Cuáles son sus causas?

Se desconoce la razón última por la que se forman los divertículos, pero se sabe que seguir una dieta baja en fibra puede contribuir al desarrollo de estos ‘sacos’. La ingesta adecuada de fibra junto con buena hidratación ayuda a suavizar las heces, lo que facilita su paso. El consumo bajo de la misma puede causar problemas como el estreñimiento, lo que requiere del ejercicio de más presión por parte del paciente para pasar las heces. Se cree que el aumento de dicha presión del colon puede conducir al desarrollo de divertículos. Otros factores que influyen son: el envejecimiento, el sedentarismo, el tabaquismo, la obesidad, la falta de ejercicio, el consumo de fármacos antiinflamatorios no-esteroideos (NSAIDs) o antecedentes de colon irritable y estreñimiento.

¿Cuáles son los principales síntomas?

Dolor abdominal, fiebre, náuseas y cambio de ritmo intestinal. También pueden ser signos a tener en cuenta el sangrado, la distensión abdominal, las fístulas o los cólicos leves.

¿Cómo se diagnostica?

El médico empezará por la historia clínica del paciente y, posteriormente, puede solicitar pruebas como análisis de sangre, detección de sangre oculta en heces, examen digital rectal y palpación abdominal. A este tipo de exámenes se puede añadir la radiografía con enema opaco, aunque cada vez está siendo en mayor medida sustituida por la colonoscopia. Una de las pruebas más utilizadas es el TAC, ya que permite hacer diagnóstico diferencial con apendicitis, por ejemplo. También la ecografía, porque junto con el TAC facilitan diagnósticos más fiables.

¿Cuál es el tratamiento?

En el caso de la diverticulosis, lo normal es recomendar el seguimiento de una nueva dieta basada fundamentalmente en alimentos ricos en fibra. Asimismo, se debe potenciar la hidratación y el ejercicio físico. Normalmente, en estos casos, no es necesario llevar a cabo intervenciones quirúrgicas. Este tipo de operación puede ser necesaria solo cuando existen complicaciones, como una infección del divertículo (diverticulitis). En estos pacientes, el tratamiento debe basarse en reposo en cama, dieta absoluta, hidratación intravenosa, analgésicos y antibióticos intravenosos. Si hay signos de obstrucción intestinal (náuseas, vómitos y marcada distensión abdominal), se colocará una sonda nasogástrica para descomprimir el intestino. Cuando se produce una perforación del divertículo con peritonitis, se forma un absceso o se produce una fístula hacia un órgano vecino, el tratamiento será quirúrgico, resecando el segmento de colon afectado con drenaje del absceso y colocando una bolsa de colostomía provisional que se retirará en unos meses.

Pautas dietéticas

La dieta juega un papel fundamental en la prevención y tratamiento de la diverticulitis.

Para ello es necesario seguir una alimentación rica en fibra. Se recomienda, por tanto, frutas (mandarinas, ciruelas, manzanas, bananos, melocotones y peras), verduras (cocidas, como espárragos, remolachas, champiñones, nabos, calabaza, brócoli, alcachofas, habas, calabaza, zanahorias y batatas), fibras insolubles y una buena hidratación. Por el contrario, es desaconsejable consumir carne roja, azúcares refinados o bebidas excitantes como el té o el café y, claro está, el alcohol.