También conocido como intestino irritable, afecta a entre un 5 y un 10% de la población española. Su mismo nombre ya nos anticipa qué tipo de malestar padecen los afectados por este trastorno.

¿Qué es?

Se trata de un trastorno funcional crónico del aparato digestivo, que se caracteriza porque el paciente sufre dolor o molestia abdominal, así como cambios en la frecuencia y/o consistencia de las deposiciones.

¿Cuáles son sus causas?

Uno de los mayores problemas es que, todavía hoy, se desconocen sus causas. Hay diversas teorías, ninguna confirmada: una sugiere que se debe a contracciones anormales del colon y del intestino delgado, pero no se sabe muy bien si esas contracciones son la causa del trastorno o solo un síntoma; se sabe también que en algunos casos surge tras una infección gastrointestinal grave, pero no es habitual. También se está estudiando si puede deberse a algún tipo de alergia o sensibilidad a determinados alimentos, ya que muchos pacientes con SII presentan también este tipo de problemas. Por último, se ha observado que, en muchos casos, el estrés juega un papel muy importante.

¿Cuáles son los principales síntomas?

Dolor o molestia abdominal, hinchazón abdominal y alteración del hábito intestinal, ya sea por estreñimiento o por diarrea.

¿Cómo se diagnostica?

Del mismo modo que no se conocen con exactitud sus causas, tampoco hay un criterio único para diagnosticarlo. El problema es que el paciente con SII no va a presentar una alteración clara (ni en análisis ni en pruebas de imagen) que justifique los síntomas. Esto lleva a que, normalmente, el diagnóstico se haga basándose en la historia clínica y una exploración física. En general, se entiende que, para poder diagnosticar un SII, todos los síntomas (dolor y alteraciones del tránsito intestinal) tienen que estar presentes durante un periodo mínimo de tiempo (al menos tres días al mes durante los últimos tres meses)

¿Cuál es el tratamiento?

El SII no se cura, pero sí se pueden aliviar sus síntomas. Puesto que se trata de un trastorno que suele cursar en brotes, el gastoenterólogo irá prescribiendo un tratamiento u otro según los síntomas. Puede requerir algún tipo de fármacos, como fibra, laxantes, antidiarreicos, espasmolíticos y, en ocasiones, antidepresivos. El médico también recomendará pautas de vida que pueden ayudar a paliar las molestias

Pautas dietéticas

Se sabe que la dieta es muy importante a la hora de exacerbar o aliviar la sintomatología. No podemos decir que haya alimentos prohibidos, sino que es cada paciente el que debe ir identificando cuáles son los que peor le sientan. En líneas generales, podemos dar las siguientes pautas: no son recomendables los alimentos ricos en grasas, las frutas cítricas y las que son ricas en fructosa, la fibra insoluble (alimentos integrales), ni tampoco las especias picantes, el gas, el té y el café.