Esta enfermedad, tal y como reconoce la Fundación para la Diabetes, está reconocida como un problema sanitario grave, ya que a menudo causa el incremento de la morbimortalidad de la población, fundamentalmente por elevar el riesgo de patología cardiovascular, insuficiencia renal y amputaciones de los miembros. La diabetes es la cuarta causa de muerte en la mayoría de los países desarrollados pero, también, es una nueva epidemia para los países en vías de desarrollo y en aquellas naciones recientemente industrializadas. En España afecta a cerca de 6 millones de personas y es la responsable de 25.000 muertes cada año.

¿Qué es?

Es un grupo de enfermedades caracterizadas por un alto nivel de glucosa en sangre resultado de defectos en la capacidad del cuerpo para producir o usar la insulina. La diabetes es, según los Centros de Control de Enfermedades de Atlanta (CDC), una enfermedad crónica que afecta a la forma en la que el cuerpo convierte los alimentos en energía. La mayoría de lo que ingerimos se transforma en azúcar (también llamada glucosa) que se libera en el torrente sanguíneo. El páncreas produce una hormona llamada insulina que actúa como una llave que permite que el azúcar en la sangre entre en las células del cuerpo para que la usen como ‘combustible’. Cuando una persona padece diabetes, su organismo no produce una cantidad suficiente de la misma o, simplemente, no puede usar adecuadamente la que produce. Si no hay suficiente insulina o las células dejan de responder a la misma se produce un residuo excesivo de azúcar en el torrente sanguíneo y, con el tiempo, este desequilibrio eleva el riesgo de problemas graves de salud como patología cardiaca, pérdida de la visión o enfermedad renal, entre otras.

Existen varios tipos de diabetes: La tipo I, causada por una reacción autoinmunitaria (el cuerpo se ataca a sí mismo por error), lo que impide que el organismo produzca insulina. Aproximadamente el 5 % de las personas que tienen diabetes pertenece a este tipo. Y la tipo II, cuando el cuerpo no usa la insulina adecuadamente o no puede mantener el azúcar en la sangre a niveles normales. La mayoría de las personas con diabetes (9 de cada 10) la sufren, pero en estos casos la enfermedad se puede prevenir o retrasar su aparición si se llevan a cabo cambios de estilo de vida saludables, como bajar de peso, seguir una alimentación equilibrada y hacer actividad física regularmente. Un tercer subtipo sería la llamada diabetes gestacional que aparece en mujeres embarazadas que nunca han tenido antes la enfermedad.

¿Cuáles son sus causas?

Una de las principales es el envejecimiento y los cambios en los estilos de vida, sobre todo en los hábitos alimentarios y por falta de ejercicio. La obesidad y el sobrepeso se han posicionado como los grandes impulsores de la patología. No obstante existen otros condicionantes detrás como los antecedentes familiares. Asimismo, se debe valorar la posibilidad de la influencia del consumo de alcohol, algunos fármacos (corticoides, antiinflamatorios, anticonceptivos en mujeres), enfermedades renales, y otras.

¿Cuáles son los principales síntomas?

Entre los principales se encuentra el aumento de la sed y de las ganas de orinar, así como un mayor apetito, fatiga o cansancio, visión borrosa, entumecimiento u hormigueo en las manos o los pies, úlceras que no cicatrizan, pérdida de peso sin razón aparente, dolor de estómago, náuseas y vómitos.

¿Cómo se diagnostica?

Un análisis de glucosa en plasma es una medición del nivel de azúcar / glucosa que existe circulando en la sangre. Si es igual o mayor que 200 miligramos por decilitro (mg/dl) indica la posibilidad de tener diabetes. La confirmación puede llegar de otros tests como:

  • Examen de glucosa en plasma en ayunas. Análisis de sangre que se realiza tras la abstinencia de comida y bebida (excepto agua) durante por lo menos 8 horas. Un nivel de glucosa en plasma normal después ayunar es de entre 60 y 99 mg/dl. La diabetes no se confirma hasta que dos análisis de glucosa en plasma en ayunas por separado den, cada uno, una medición de 126 o mayor.
  • Examen de tolerancia oral a la glucosa. Es posible que las personas afectadas de diabetes tengan análisis normales de glucosa en plasma en ayunas. Los pacientes que puedan estar dentro de este es caso debe pasar por esta prueba para determinar la existencia de la patología. Consiste en abstenerse de comida y bebida (excepto agua) durante 8 horas para posteriormente beber un líquido que contiene una cantidad de glucosa, generalmente 75 gramos. Se extraerá sangre antes de tomar la mezcla de glucosa y 2 horas después. No se puede ingerir alimentos hasta completar el análisis. Los valores sanguíneos normales para una prueba de tolerancia a la glucosa oral con 75 gramos utilizada para detectar la tipo 2 son de 60 a 100 mg/dl en ayunas, menos de 200 mg/dl transcurrida 1 hora y menos de 140 mg/dl a las 2 horas. Entre 140 y 200 mg/dl se considera que existe deterioro en la tolerancia a la glucosa (prediabetes) y un nivel de 200 mg/dl o superior es un signo de diabetes.
  • A1c. Es una medición del control de la glucosa en sangre promedio durante los tres meses anteriores. La Asociación Estadounidense para la Diabetes recomienda utilizar el análisis para diagnosticar la diabetes y prediabetes. Según la institución, los niveles de A1c superiores a 6,5 % se consideran diagnóstico de diabetes; entre 5,7-6,4% es prediabetes y los resultados del examen menores (5,6%) se consideran normales. Los análisis de hemoglobina glicosilada o hemoglobina A1c son similares a la A1c y también evalúan el control de la glucosa en sangre a largo plazo.


¿Cuál es el tratamiento?

Se basa en tres pilares: dieta, ejercicio físico y medicación. En pacientes con diabetes tipo II no sería necesaria esta última si se logra un control del peso junto a la práctica de ejercicio regular y llevar una dieta sana. Sin embargo, es necesario en ocasiones recurrir a una terapia sustitutiva con insulina o la toma de fármacos hipoglucemiantes por vía oral.

  • Fármacos hipoglucemiantes orales: Se prescriben a personas con diabetes tipo II que no consiguen descender la glucemia a través de la dieta y la actividad física, pero no son eficaces en personas con diabetes tipo 1.
  • Tratamiento con insulina: Para pacientes tipo 1, pero se debe valorar que las necesidades de insulina varían en función de los alimentos que se ingieren y de la actividad física que se realiza. Las personas que siguen una dieta estable y una actividad física regular varían poco sus dosis de insulina. Sin embargo, cualquier cambio en la dieta habitual o la realización de algún deporte exigen modificaciones de las pautas de insulina.

Pautas dietéticas

La composición de la dieta afecta a la acumulación de grasa y a la inflamación. Los pacientes aquejados de diabetes deben limitar los alimentos con alto contenido de azúcar. Deben comer porciones pequeñas a lo largo del día y detallar cuánta cantidad de carbohidratos consumen. Es importante aumentar la ingesta de alimentos integrales, frutas y vegetales, mientras que se deben reducir las grasas y la sal. Son recomendables aquellos alimentos ricos en proteínas, vitaminas y otros nutrientes, como los cereales, las carnes magras o los pescados con alto contenido en Omega 3. No obstante es importante excluir las bebidas alcohólicas, gaseosas, zumos artificiales, pasteles, dulces, bollería industrial, lácteos ricos en grasas o embutidos.