Tomar conciencia de los múltiples aspectos de nuestra vida, desde caminar a reflexionar sobre esas sensaciones que pasan desapercibidas en los instantes cotidianos. Algunos expertos en 'mindfulness' explican este peliagudo concepto de una forma tan simple; sin embargo, ese mismo reduccionismo lleva a que muchos entiendan esta teoría como una propuesta difusa.

Curiosamente, es en un campo tan material como el de la alimentación donde el 'mindfulness' tiene hoy una aplicación muy directa. Ante el creciente interés que ha sufrido el así llamado 'mindful eating', le pedimos a Mireia Hurtado, psicóloga sanitaria, técnico superior en dietética y nutrición y experta en alimentación consciente, que nos aclare su verdadero significado: "Se trata de saber qué productos escogemos, cómo los ingerimos, qué emociones nos despiertan... Tomar conciencia, en definitiva, de esas sensaciones físicas y psicológicas interpretando qué necesidades hay debajo de algunas de nuestras conductas. Descubrir, por ejemplo, si estamos comiendo porque realmente tenemos hambre o si hay detrás otros problemas que nos conducen a ello como el aburrimiento, el estrés o la frustración".

En vez de centrarse en las restricciones, el 'mindful eating' pone el foco en los mensajes que el cuerpo envía

Frente a la fama que ha adquirido el concepto, Hurtado nos advierte de que su intención última se ha visto tergiversada: "La mayoría de lo que se publica hoy sobre 'mindful eating' parece una dieta, porque eso es lo que vende". Soltar los cubiertos en la mesa tras cada bocado, dedicar por lo menos 20 minutos a comer, cenar sin distracciones como la televisión o el móvil, levantarse de la mesa el último… Si tomamos la alimentación consciente como una lista de reglas, parece que estamos, efectivamente, ante otro régimen que en vez de utilizar aspectos cuantificables, como las calorías, se basa en normas psicológicas.

Muy al contrario, si hay algo de lo que quiere huir el 'mindful eating' es de los planes de adelgazamiento. Para justificar por qué esta perspectiva clásica no funciona, los defensores de la alimentación consciente se remiten a estudios clásicos, como el coordinado en 1996 por la doctora Francine Grodstein de la Universidad de Harvard, que demuestran que aunque los programas de pérdida de peso consiguen resultados a corto plazo, un 95% de quienes los siguen vuelven a ganar kilos en menos de cinco años.

Foto: Alamy.
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La mecánica de las dietas consiste en encasillar los alimentos como buenos o malos, saludables o prohibidos. Eso deriva a veces en el llamado 'efecto última cena': "Cuando nos saltamos la dieta de forma inconsciente, salta un resorte que envía al cerebro el mensaje de cómetelo todo, aprovecha porque no sabes cuándo vas a volver a tomar estas cosas". Frente a estas situaciones, el propósito del 'mindful eating' es más ambicioso y a largo plazo. Su finalidad consiste en incorporar hábitos saludables que provocarán la pérdida de kilos como una consecuencia (siempre que no nos encontremos ya en nuestro peso natural). En vez de centrarse en las restricciones, el foco debe ponerse en el cambio de hábitos derivado de los mensajes que nuestro cuerpo nos envía. A partir de esta transformación podremos decidir de qué manera nos queremos alimentar.

Cuando el régimen no funciona

¿A quién va dirigido el 'mindful eating'? Todos se pueden aprovechar de aprender a comer en función de las señales internas de nuestro organismo, si bien sus beneficios están especialmente indicados para aquellos "que quieren cuidarse, pero no saben cómo y se pasan la vida haciendo dietas, con el consiguiente efecto rebote", afirma Hurtado.

El placer puede convertirse en un aliado. Cuando nos damos cuenta del sabor, la textura o el olor, nuestros sentidos se llenan

Otro campo en el que cada vez cobra más importancia es el de las alteraciones en los procesos de alimentación, como en el caso de las personas que sufren trastornos por atracón. Ante el deseo irrefrenable de comer en exceso, cuando los sujetos empiezan a darse cuenta de lo que les pasa, adquieren las herramientas para responder a tales problemas en vez de limitarse únicamente a reaccionar ante ellos.

¿Una propuesta completa?

Las dudas que se presentan no son pocas. ¿Puede una propuesta que defiende degustar lo que comemos generar el efecto contrario y despertar la gula? "Muchos aseguran que no pueden seguir una dieta precisamente porque la comida es una fuente de placer. Cuando exploras sus hábitos, te das cuenta de que la mayoría devora los alimentos. Comen sin parar, persiguiendo ese placer que nunca alcanzan porque no se detienen", defiende Hurtado.

Foto: iStock.
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Comer no es lo mismo que respirar. Para empezar a practicar el 'mindful eating', hay que apagar el 'piloto automático' y detenerse de vez en cuando para darse cuenta de lo que estamos ingiriendo. Una práctica típica ante la sensación de hambre, consiste en llevar a cabo una serie de respiraciones profundas que dirijan la atención al estómago para explorar si lo que realmente notamos es la necesidad de comer o algo tan diferente como la ansiedad o el estrés manifestándose en el cuerpo.

Frente al pensamiento que entiende el deleite en la comida como una práctica perniciosa, Hurtado asegura que el placer puede convertirse en el mejor aliado: "Cuando nos paramos a experimentar y nos damos cuenta del sabor, de la textura o del olor, es cuando nuestros sentidos se llenan. Cuanto más satisfechos estemos, menos cantidades acabaremos necesitando".

El 'modo dieta' condiciona nuestro consumo. Cuando conectamos con nuestro cuerpo hacemos compras más responsables

Frente a la culpa, lo que se promueve es la compasión con uno mismo. ¿No se cae con ello en el riesgo de ser demasiado condescendientes, procrastinar o acabar descuidando un régimen? "La culpa que va implícita en muchas dietas tiene unas consecuencias emocionales muy fuertes", asevera Hurtado. Lo que defiende el 'mindful eating' son elecciones conscientes para nuestra salud aunque siempre con la responsabilidad como referencia. Tal concepto resulta básico, si bien dicha responsabilidad se puede llevar a cabo desde el autocontrol, el 'debería o no debería', o desde experimentar si los alimentos nos están brindando la energía que de verdad requerimos.

La conciencia se presenta así como el principal mecanismo autorregulador. Cuando pretendemos adelgazar porque nos lo sugiere nuestra pareja o porque nuestro cuerpo no se ajusta a los cánones estéticos, se utilizan unas motivaciones externas que, según los expertos de esta especialidad, no suelen funcionar. Advierte por ello Hurtado que "necesitamos pasar todo eso por el filtro de lo 'que yo quiero realmente para mí', por el 'yo decido'. Cuando conectamos con eso, empezamos a cuidarnos de forma natural".

La alimentación y el ego

Comer es un proceso que va más allá de la mesa y como no podía ser de otro modo el 'mindful eating' se aplica también en el supermercado. El momento de la compra se debe efectuar desde el aquí y el ahora: "Cuando estamos a dieta, restringimos nuestra cesta a alimentos como la fruta y la verdura; cuando no, compramos de todo. Nuestros hábitos en el supermercado son consecuencia de ese 'modo dieta'. Cuando funcionamos desde la conciencia plena conectamos con nuestro cuerpo y nuestras verdaderas necesidades de nutrición, realizando compras mucho más responsables".

Foto: iStock.
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El 'mindful eating' tiene, por último, una rama que promueve la conciencia sobre los procesos que hay detrás de lo que consumimos y los costes reales (más allá del nutricional) que conlleva meter en el carrito uno u otro producto. La conciencia pretende superar el yo, abarcando un contexto que incluya las elecciones que realizamos y el impacto que provocan tanto en nuestro entorno más cercano como a escala global.