Vive en el centro de la polémica desde hace 100 años, y más en los últimos tiempos. Dada su capacidad antioxidante, se la considera el ‘santo grial’ contra el envejecimiento y la medicina 'antiaging' no la pierde de vista; no obstante, la comunidad científica prefiere no posicionarse sobre su consumo en forma de suplemento hasta la llegada de más investigaciones.

Pero no son pocas las que ya se han llevado a cabo. Tal y como aclara José Calabuig Nogués, cardiólogo de la Clínica Universidad de Navarra, “las revistas médicas de prestigio han publicado 4.000 artículos que hablan de problemas causados por deficiencia de la vitamina E. Y hay hasta 42.000 que hablan exclusivamente de ella. Dedicarle a este campo tanta investigación y que nadie hasta ahora con renombre haya comentado que sus propiedades sean una falacia tiene que significar algo”. Este especialista recuerda que artículos como el titulado 'El ascenso, la caída y el resurgimiento de la vitamina E', publicado en 'Archives Biochemistry Biophysics', ponen de relieve la importancia de seguirla con mucha atención.

Dada su capacidad antioxidante, se la considera el ‘santo grial’ contra el envejecimiento

Hasta ahora se reconocía como el principal beneficio de la vitamina E su gran efecto como antioxidante y su capacidad para luchar contra los radicales libres, producto de la oxidación y origen y desarrollo de casi todas las enfermedades degenerativas: cáncer, enfermedades cardiovasculares, afecciones inmunitarias, artritis, cataratas y, en general, todo el proceso del envejecimiento. "Pero ahora se ha descubierto un nuevo papel que ejerce en la expresión genética. De la misma manera que los radicales libres pueden cambiar determinadas cosas para mal, genéticamente (porque los genes se modifican como cuando una persona se somete a radiación y puede tener a largo plazo un cáncer), esta vitamina influye para bien en la expresión genética y algunos artículos señalan también un efecto citoprotector”, documenta el experto.

Esencial para la fertilidad

La vitamina E fue descubierta en 1922 por los estadounidenses Herbert McLean Evans y Katherine Bishop al observar que las ratas no lograban reproducirse cuando su único alimento era manteca de cerdo. Les empezaron a administrar germen de trigo y lechuga y se corrigió el problema. Consideraron que había un producto que denominaron 'factor antiesterilidad' en esos alimentos. Tres años más tarde, Evans lo bautizó como vitamina E, ya que recientemente se había descubierto la vitamina B y previamente, la C. En 1938 fue sintetizada artificialmente.

Los frutos secos son ricos en vitamina E. (iStock)
Los frutos secos son ricos en vitamina E. (iStock)

“La deficiencia de la vitamina E es poco común en la población sana. Suele estar asociada a una deficiente absorción intestinal de las grasas (porque es una vitamina liposoluble), como ocurre en la fibrosis quística o en la enfermedad inflamatoria intestinal, la colitis, la enfermedad de Crohn o las patologías genéticas como la abetalipoproteinemia y la ataxia con deficiencia de vitamina E. El sistema digestivo necesita algo de grasa para absorber la vitamina E”, recuerda Amil López Viéitez, doctora en Farmacia, nutricionista y creadora de la Dieta Coherente.

López explica que necesitamos la vitamina E para estimular el sistema inmunitario y hacer frente a las agresiones externas de virus, bacterias u hongos. También ayuda a dilatar los vasos sanguíneos y a evitar la formación de coágulos de sangre.

Necesitamos la vitamina E para estimular el sistema inmune y hacer frente a las agresiones de virus, bacterias u hongos

En este sentido, el doctor Calabuig recuerda que desde hace “muchos años se sabe de sus beneficios indiscutibles en patología cardiovascular que han quedado claramente demostrados. Cuando hablamos también de alimentos buenos para la enfermedad cardiovascular mencionamos el caso del aceite puro de oliva o las nueces, ricos en vitamina E”.

En aceites vegetales

Más ingredientes sobre la mesa para disponer de fuentes de vitamina E son “los aceites vegetales, por ejemplo, los aceites de germen de trigo, girasol, maíz, soja y canola. Asimismo, las semillas como pipas de girasol (100 g de semillas de girasol superan los requerimientos diarios de esta vitamina), calabaza, sésamo y piñones. Los frutos secos como avellanas y almendras (100 g de almendras suponen 21 mg de esta vitamina), además de las hortalizas de hojas verdes, como la espinaca, las acelgas, las hojas de mostaza y el brócoli. Sin excluir, también, los alimentos fortificados con alfa-tocoferol”, recuerda la nutricionista.

Aceites vegetales. (iStock)
Aceites vegetales. (iStock)

Pero ¿cuál es el problema? “Nuestra alimentación actual dista mucho de la de hace 50 u 80 años. Los productos que consumimos no tienen la misma calidad y comemos mal, de pie, llevando táperes a la oficina. Además, por mucho que recomendemos una dieta variada y equilibrada, mucha gente no la sigue y, por tanto, va a tener deficiencias. De ahí que sea complicado obtener ciertos nutrientes y la necesidad de usar tres veces por semana algún suplemento dietético que incluya la vitamina E. También tendrán carencias deportistas de élite y personas con estrés psicológico, porque el estrés tanto físico como psíquico causa daños en el sistema inmune y provoca una alta cantidad de sustancias dañinas para el organismo. Por eso, es importante tomar alimentos ricos en antioxidantes o suplementos”, recomienda Calabuig.

La vitamina E de alimentos figura en las etiquetas como 'd-alfa-tocoferol'; la sintética aparece como 'dl-alfa-tocoferol'

Lo que sí hay que tener en cuenta es que no todo vale para todo el mundo. “Se sabe de los efectos anticoagulantes de la vitamina E y por eso se la relaciona con la posibilidad de hemorragias, incluso ictus hemorrágico. Por ese motivo no todo el mundo debe consumir suplementos, al igual que no a todo el mundo le sienta bien la misma dieta. La medicina debe ser personalizada. No podemos generalizar. La vitamina E es muy importante, muy valiosa. Lo que sucede es que no hay que pasarse, se debe tomar en su justa medida”, apostilla.

Cuidado con la dosis

De la misma opinión se muestra Amil López Viéitez, que defiende que “si bien consumir la vitamina E presente en los alimentos no es peligroso ni perjudicial, las megadosis en forma de suplementos podrían tener efectos secundarios como hemorragias, un mayor efecto oxidativo e incluso aumento de la probabilidad de cáncer de próstata. Por eso, se han establecido un límite de 1500 UI/día para suplementos de vitamina E natural y 1100 UI/día para suplementos de vitamina E de síntesis. La mayoría de los suplementos multinutriente aportan unas 30 UI de vitamina E, mientras que los complementos nutricionales de vitamina E suelen aportar 400-1300 UI, que excede las cantidades diarias recomendadas.

Vegetales verdes. (iStock)
Vegetales verdes. (iStock)

Recuerda, además, que la vitamina de fuentes naturales “es más potente que la de síntesis, por ejemplo 100 UI de vitamina E natural equivale a alrededor de 150 UI de la del suplemento. La vitamina E de fuentes naturales (alimentos) figura en las etiquetas de los alimentos y suplementos como 'd-alfa-tocoferol', mientras que la sintética (de laboratorio) suele aparecer como 'dl-alfa-tocoferol'. Otros suplementos suelen contener otros tocoferoles como gamma-tocoferol, tocotrienoles y tocoferoles mixtos, aunque no hay consenso sobre su eficacia”.

De momento, en lo que sí están de acuerdo los especialistas es en la necesidad de seguir llevando a cabo más estudios que evalúen su verdadero papel en patologías como el cáncer y el alzhéimer, entre otras muchas.