Hasta hoy se sabía con certeza que fumar suprimía el apetito. Los porqués fueron desvelados en su día por un grupo de investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Yale y apuntaban a un grupo de neuronas, denominadas receptores nicóticos, que mandan una señal al individuo para decirle que ya ha comido suficiente, aunque su ingesta haya sido frugal.

No obstante, muchos exfumadores señalan que a pesar de controlar sus dietas no pueden evitar ganar algún que otro kilo tras dejar el tabaco, convirtiendo así la cuestión en un problema que es también metabólico. Un estudio publicado el 21 de mayo vendría a corroborar este hecho y aclarar los motivos por los que se produciría el fenómeno.

El hecho de que la nicotina active la quema de grasa beige abre nuevas soluciones para evitar el aumento de peso en exfumadores

La clave de este trabajo, llevado a cabo por la Universidad de Michigan, parece encontrarse en un tipo de adipocitos descubiertos en los últimos años que conforman la así denominada grasa beige, una 'grasa buena' que fascina a los investigadores por su particular capacidad para quemarse y desaparecer rápidamente, así como para reducir los indeseados depósitos de grasa blanca. Parece ser que una subunidad de los mencionados receptores nicóticos, la CHRNA2, encargada de regular la dependencia a la sustancia más destacada del tabaco, tendría la habilidad de estimular las células de este tipo de grasa, empezar a consumir energía y, como consecuencia, causar la pérdida peso.

El milagro de la grasa beige

¿Pero qué son estos adipocitos y por qué son 'mejores' que la grasa blanca corriente? Hagamos, primero, un poco de historia. Desde hace décadas se conoce la existencia en roedores de lo que se conoce como grasa parda, una tipología que sería posteriormente hallada en bebés y finalmente detectada en adultos en el año 2009 gracias a una investigación publicada por la revista 'Cell'.

Foto: iStock.
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Resultó, sin embargo, que la composición de dicha grasa marrón no era exactamente la misma que la de los niños pequeños, de ahí el cambio en el nombre y su designación con otro color. La ventaja de la grasa beige es que se puede activar de forma más simple y rápida que la blanca por factores como el frío o por la acción de ciertas hormonas, entre ellas la irisina, directamente relacionada con la actividad física.

El trabajo de la Universidad de Michigan presenta, por consiguiente, otro posible camino además de los dos señalados, que esclarece también por qué el metabolismo de los fumadores aparenta consumir más energía.

Nuevas persectivas médicas

Jun Wu, la autora más veterana que ha participado en este estudio, advierte, sin embargo, que los resultados no deben interpretarse como que fumar posee algún un efecto beneficioso. Muy al contrario, como se señala en las conclusiones del estudio, "el descubrimiento de que la nicotina activa el programa termogénico en los adipocitos beige a través de CHRNA2 debe sugerir nuevas soluciones a través de vías periféricas para eludir el aumento de peso que va asociado a dejar de fumar".

Foto: iStock.
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Entre las pruebas realizadas por los investigadores, se sometieron a algunos ratones genéticamente modificados para no desarrollar el gen del CHRNA2 a una dieta alta en grasas. Los roedores acabaron presentando un peso corporal más elevado y mayores niveles de glucosa e insulina en sangre (indicadores de diabetes) que aquellos incluidos en los grupos de control.

La experta cree por ello que las posteriores investigaciones sobre la via metabólica activada por el CHRN2 pueden abrir diversas perspectivas farmacológicas para tratar problemas como la obesidad o el síndrome metabólico: "Cuanto más podamos restringir el camino preciso para activar la grasa beige, más posibilidades tendremos de hallar una terapia efectiva para nuestra salud metabólica que no conlleve efectos secundarios", afirma Wu.