Los huertos urbanos están de moda. Con el propósito de ahorrar en la cesta de la compra, consumir alimentos más naturales y, de paso, cuidar el medio ambiente, las grandes urbes han experimentado un retorno a los orígenes, cediendo parte de su espacio a huertos vecinales, escolares e incluso terapéuticos. Lamentablemente, esta proliferación no va solo acompañada de ventajas. Por ejemplo, en una ciudad como Madrid, donde los niveles de dióxido de nitrógeno alcanzan cada mes límites poco recomendables para la salud, ¿es adecuado montar un huerto urbano?

Un problema para la salud pública

Cultivo de fresas en un huerto urbano.
Cultivo de fresas en un huerto urbano.

La intención es lo que cuenta pero, en esta ocasión, esa voluntad puede afectar seriamente a la salud del individuo. Metales tóxicos como el plomo, el cadmio, el mercurio, el cromo o el zinc habitan ya en el suelo de las áreas urbanas, especialmente en aquellas zonas próximas a carreteras y parques industriales. “Los efectos tóxicos dependen del tipo de metal, de la concentración y, en algunos casos, de la edad de la población expuesta. Algunos estudios que evalúan la contaminación de metales pesados en alimentos, carne y leche han encontrado que el cadmio, el mercurio, el plomo y el arsénico son cuatro de los elementos que por su impacto en la salud y concentración deben ser cuidadosamente evaluados y monitoreados”, explica un estudio publicado por la 'Revista Ingeniería, Investigación y Desarrollo'.

Los efectos tóxicos dependen del tipo de metal, de la concentración y, en algunos casos, de la edad de la población expuesta

Sin embargo, el terreno no es lo único que influye en el grado de contaminación del cultivo. El agua de riego o la deposición atmosférica son también dos elementos de suma importancia. “La contaminación del agua por metales pesados ocasionada por vía antrópica y natural está afectando drásticamente la seguridad alimentaria y la salud pública”, alertan desde la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria. Mientras que “en cultivos expuestos al aire libre se encuentran elevadas concentraciones de plomo, siendo la deposición atmosférica la principal causa de esta contaminación”, en comparación con los cultivos en condiciones de invernadero donde las concentraciones son bajas, según el mismo estudio.

Bajo esta premisa, ¿cómo afectan estos compuestos a la salud pública? Aunque los síntomas relacionados con los cultivos contaminados suelen tener un riesgo bastante bajo, el consumo excesivo puede provocar náuseas, malestar estomacal, fiebre, diarrea, deshidratación o cólicos abdominales. Y, en el peor de los casos, alteraciones cardiovasculares, inmunológicas y endocrinas.

Cómo reducir los riesgos

Cosecha de repollos en la gran ciudad.
Cosecha de repollos en la gran ciudad.

A pesar del riesgo de los huertos urbanos, son muchas las personas que prefieren estos alimentos frente a los creados en laboratorios o manipulados con productos químicos para su conservación. En este caso, es importante aclarar que no está todo perdido: existen ciertas medidas capaces de reducir el impacto de la contaminación ambiental en el cultivo. En primer lugar, y como medida predilecta, hay que intentar que este tipo de plantaciones estén muy alejadas de ese ambiente hostil que es la gran ciudad; aunque sea muy complicado evitarlo por completo. También hay que saber que los expertos recomiendan analizar la contaminación del suelo antes de construir el huerto urbano. Debido a su popularidad, ya existen laboratorios que se han especializado en dicha tarea.

Otra alternativa es aumentar la alcalinidad del suelo para obstaculizar la absorción del plomo por parte de las plantas. Es un proceso muy sencillo, solo hay que añadir cal al terreno para aumenta así su pH. También es fundamental mantener el huerto alejado de fachadas con paredes pintadas o materiales de construcción, abiertos a incluir en su composición metales pesados. Y por último, y no menos importante, se debe llevar un cuidado especial con el aseo personal. Es clave invertir en mascarillas, guantes y productos para limpiar a conciencia las frutas y verduras resultantes. ¡A disfrutar de la cosecha!

Escoger las frutas y verduras adecuadas

Otro elemento que también influye es el tipo de cultivo, pues algunas plantas absorben con mayor facilidad los metales tóxicos a los que están expuestos. En este grupo se encuentran los tubérculos, los vegetales de hoja verde como las acelgas o las espinacas, y las hortalizas de raíz como las patatas y las zanahorias. Entonces, ¿qué especies están más capacitadas para soportar la contaminación?

Mujer sujetando su propia cosecha
Mujer sujetando su propia cosecha

  • Tomate. Estamos ante un ingrediente que se adapta a la perfección a cualquier entorno, una ventaja que se suma así a su versatilidad en la cocina. El factor climático es muy importante, la temperatura óptima debe oscilar entre los 20 y los 30ºC durante el día y alrededor de los 16ºC durante la noche. En cuanto al suelo, es una planta muy exigente y prefiere un terreno rico en materia orgánica.
  • Fresas. Este tipo de fruta crecerá mucho más rápido si se planta en caballones con riego localizado y manta antihierba, pues mantendrá mejor la humedad del suelo, evitará la salida de malas hierbas y protegerá el cultivo del contacto con la tierra. Otra opción es colocar las plántulas de la fresa bajo tunelillos, sobre todo si se encuentran en una zona demasiado fría.
  • Calabaza. Las plantas de calabaza necesitan mucho sol y una gran cantidad de agua para desarrollarse. Eso sí, es fundamental que el suelo nunca llegue a encharcarse. Para evitar que toque la tierra y corra el riesgo de pudrirse, se recomienda también instalar una manta antihierba.
  • Pimientos. Es uno de los cultivos más recurrentes en los huertos urbanos gracias a su resistencia y potencial. Y es que con un par de plantas de pimiento es suficiente para abastecer a varias personas durante toda una temporada. Son muy sensibles al frío y no soportan los cambios bruscos de temperatura. También precisan un riego frecuente, sin llegar a una humedad excesiva. De hecho, las hojas y la parte inferior del tallo pueden presentar hongos y, por consiguiente, generar diversas enfermedades.