A la hora de mantener un peso adecuado tenemos muy asumido que la dieta y el ejercicio son factores obvios que están relacionados por un mecanismo no menos evidente: a través de nuestra alimentación acumulamos energía que quemamos con nuestra actividad física. Desde esta perspectiva, la nutrición parece un mero proceso de 'salidas' y 'entradas' sencillo de manejar. Como no podía ser de otro modo, la realidad demuestra que este modelo implica una peligrosa simplificación y que problemas como el sobrepeso o la obesidad van más allá de la cuestión de las calorías o de las muchas o pocas horas de deporte que practiquemos a diario.

Es entonces cuando salen a la luz otros elementos más indefinidos. El más conocido, el recurrente metabolismo: una palabra que evoca cuestiones casi mágicas que escapan de ese terreno tangible de los gramos de comida o las cargas en el gimnasio. ¿De qué estamos hablando realmente cuando nos referimos al metabolismo? "Yo intento explicárselo a mis pacientes de una manera muy sencilla: se trata de la energía que requiere nuestro organismo para llevar a cabo las actividades del día a día. Es decir, las calorías que gastamos en hacer la digestión, en respirar, en movernos, en levantarnos de la cama...", nos cuenta la doctora María Concepción Vidales autora del volumen 'Activa tu metabolismo para cambiar tu vida" (Libros Cúpula). Profundizando en esta cuestión, llegamos hasta el concepto de metabolismo basal, que según la experta "sería aquella energía que solo empleamos para las funciones vitales. Es un parámetro que se puede medir y que resulta muy útil para adaptar los planes nutricionales".

Los alimentos termogénicos son capaces de elevar la temperatura corporal y aumentar el gasto energético

Como el vehículo que gasta más combustible cuando acelera o va cuesta arriba, la energía que el metabolismo consume puede variar en función de diferentes factores. Es lo que popularmente ocurre cuando decimos que tenemos un metabolismo rápido o lento. En su libro, la doctora Vidales señala tres condicionantes que lo afectan de manera directa: la inflamación, las dificultades digestivas y las causas hormonales (a la que se podría añadir también una cuarta: el estrés emocional). Aparece así toda una paradoja: el consumo de ciertos alimentos nos puede ayudar a paliar cada una de estas tres afecciones, por lo que comer con la perspectiva de corregir estas anomalías puede tener un efecto beneficioso a la hora de mejorar nuestro peso. Veamos por separado cada una de estas cuestiones.

Problemas que interfieren

Por lo que se refiere a la inflamación, esta respuesta de nuestro cuerpo puede desencadenar dificultades a la hora de realizar funciones de diuresis y eliminación de toxinas. Diversos alimentos nos pueden echar una mano para corregirlos. El melón, por ejemplo, posee propiedades antioxidantes, diuréticas y laxantes; el pepino ayuda con el exceso de líquidos, los niveles de grasas en sangre y el colesterol malo; los arándanos nos protegen de infecciones en el tracto urinario; el brécol facilita la eliminación de radicales libres; y las granadas reducen el ácido úrico.

En cuanto a la cuestión digestiva, según cuenta Vidales en su libro: "En el intestino está la mayor concentración de anticuerpos o de células de defensa, pero si este no se halla en buenas condiciones, nuestras defensas estarán en minoría y seremos más vulnerables a la hora de enfermar… o de engordar". En la regulación de la función digestiva, múltiples comidas vienen en nuestro auxilio de diferente forma: las semillas de chía ayudan a controlar el apetito; la cayena se utiliza contra el estreñimiento; el hinojo contra la diarrea; los altos niveles de fibra del kale benefician la digestión; el mango es astringente; y la curcumina de la cúrcuma podría mejorar ciertos daños que se producen en el hígado.

Cúrcuma. (iStock)
Cúrcuma. (iStock)

Respecto al factor hormonal, la doctora nos explica cómo problemas muy difundidos en la actualidad, como los provocados por la glándula tiroidea, pueden ralentizar o incluso acelerar el metabolismo. Momentos como el embarazo o la menopausa en las mujeres son especialmente delicados también por estos cambios hormonales. ¿Qué alimentos nos pueden echar un cable? Tenemos la piña, que refuerza el sistema inmune; el ácido linoleico del jengibre, que actúa como un importante activador metabólico; el fucus, que por su contenido en yodo estimula la glándula tiroidea; o la yema del huevo, cuya lecitina juega un importante papel en los procesos metabólicos.

Alimentos termogénicos

Pero además de estos productos capaces de corregir tales disfunciones, existen otros que tienen capacidad para influir en la activación metabólica. Se trata de los así llamados alimentos termogénicos: "Son aquellos capaces de aumentar la temperatura corporal y, por ende, acelerar el metabolismo y aumentar el gasto energético", nos explica la doctora Vidales.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

De entre todos los grupos de alimentos que poseen este efecto termogénico, la especialista destaca el papel que juegan las proteínas, siendo recomendable el consumo de aquellas presentes en productos fácilmente digeribles como el pollo o los pescados blancos. ¿Qué otros alimentos habría que considerar? En su libro, la especialista nos facilita un extenso elenco: el café, el té, el jengibre, el salmón, la espirulina, las semillas de guaraná, el gingseng, la naranja amarga, el açaí, o sustancias como la taurina (de moda por su empleo en bebidas energéticas).