Lo escuchamos a diario y hemos aprendido a relacionarlo con algo bueno. Pero ahí acaba nuestro conocimiento sobre estos compuestos. Podemos intentar descifrarlo a través del nombre: anti significa contra y oxidar.. pues significa eso, oxidar, que suponemos que es malo. Pero ¿por qué es malo? El oxígeno, aunque absolutamente necesario para la vida, es un elemento muy reactivo (de ahí su gran potencial energético para ser uno de nuestros 'combustibles'). Tras completar su función energética, el oxígeno puede formar sustancias como los peróxidos (como el agua oxigenada) o los radicales libres (moléculas con electrones desapareados que son reactivas e inestables). Estos dos compuestos tienen potencial dañino para todas las partes de la célula, desde las proteínas que forman las estructuras a los lípidos, o incluso para el propio ADN.

"Existe una relación inversamente proporcional entre los antioxidantes y el riesgo de enfermedades crónicas"

Para evitar estos daños, el cuerpo de todas las especies (incluido el ser humano) que viven del oxígeno han ideado mecanismos de defensa y reparación: los antioxidantes. Estas moléculas tienen la particularidad de 'desear' unirse a esos compuestos peligrosos, anulando sus efectos y previniendo el daño. Cuando existe un desequilibrio negativo entre la cantidad o efectividad de los antioxidantes presentes en el organismo y la cantidad de sustancias dañinas, las células están expuestas a daños, en ocasiones, irreversibles.

Ésta es la razón por la que, en las últimas décadas, la ciencia ha centrado tanto su atención en la investigación sobre estas sustancias. No todos sus efectos y mecanismos se han descubierto, pero se empieza a tener una idea de cuál es su potencial utilidad y cuáles son los antioxidantes que consumimos, o los que deberíamos consumir.

El más famoso de todos es la vitamina C, también conocida como ácido ascórbico, que es un monosacárido (sí, una 'versión' del azúcar), pero no es el único. El más común, y que se lleva encargando de nuestra protección frente a agentes oxidantes desde hace miles de años, es el glutatión, un péptido (unión de varios aminoácidos que no llega a ser una proteína) generado por las propias células. Pero la lista es mucho mayor: melatonina, tocoferoles, tocotirenoles, carotenoides o polifenoles (dentro de cada categoría se encuentran decenas de compuestos diferentes).

Representación de cómo un antioxidante neutraliza un radical libre. (iStock)
Representación de cómo un antioxidante neutraliza un radical libre. (iStock)

Los alimentos que destacan por su contenido en antioxidantes son:

  • Vitamina C. Guayaba, grosella, pimiento, kiwi, brócoli, naranja, limón o piña.
  • Melatonina. Nueces, plátano, tomates, cerezas o arroz.
  • Tocoferoles y vitamina E. Avellanas, nueces, almendras, aceite de oliva o espirulina.
  • Carotenoides. Tomate (muy rico en licopeno), calabaza, zanahoria, papaya, mango, melocotón, acelgas o espinacas.
  • Polifenoles. Almendras, nueces, pistachos o setas

Foto: iStock.
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Pero los riesgos de los agentes oxidantes y el estrés oxidativo y los beneficios y 'potencial sanador' de los antioxidantes van más allá de un par de células dañadas. Estas son algunas de las enfermedades (realmente serias) que se relacionan con el daño oxidativo y para las que, en teoría, los antioxidantes podrían jugar un papel beneficioso:

  • Enfermedad de Alzheimer. En un estudio publicado por la investigadora Yves Christen, de la Fondation Ipsen de París, en 'The American Journal of Clinical Nutrition' (una de las publicaciones más reputadas en este campo), se establecía la relación "entre la enfermedad de Alzheimer y los radicales libres, que está basada en la susceptibilidad de las neuronas al daño por estos compuestos. Muchos antioxidantes como la vitamina E o la selegilina han mostrado resultados prometedores con relación al alzhéimer".
  • Párkinson. En un estudio publicado por los investigadores Wood-Kaczmar A, Ghandi S y Wood NW, del Instituto de Neurología del Hospital Nacional de Neurología y Neurocirugía de Londres, se estableció "la relación entre el estrés oxidativo y la 'substantia nigra' (una zona del cerebro) característica de pacientes con párkinson. Esto pone el punto de mira en que es posible que tratamientos con antioxidantes sean beneficiosos para evitar la neurodegeneración propia de la enfermedad".
  • Diabetes. Los investigadores italianos Davi G, Falco A y Patrono C, de la Universidad de Chieti, en Italia, realizaron un estudio tituado 'La peroxidación de lípidos en la diabetes mellitus'. En él se analizaba la relación que tienen determinados agentes oxidantes como los F2-isoprostanos con la dolencia: "Los F2 -iso- son importantes transductores de los efectos de las anormalidades metabólicas, lo que aumenta el riesgo cardiovascular en pacientes diabéticos". En este estudio también se valora el potencial que podrían tener algunos antioxidantes (como los suplementos vitamínicos) en la prevención de la enfermedad. Y este no es el único estudio que apoya esta relación. En otro publicado por Giuliano D, Ceriello A y Paolisso G, de la Segunda Universidad de Nápoles, se indicaba que "la generación de especies reactivas del oxígeno que provocan estrés oxidativo podrían jugar un papel importante en la etiología de las complicaciones médicas a las que son propensos los diabéticos".

"La presencia de antioxidantes ingeridos ha mostrado prevenir daños oxidativos asociados al desarrollo del cáncer"

  • Artritis reumatoide. Los investigadores Carol A Hitchon y Hani S El-Gabalawy, de la Universidad de Manitoba en Canadá, establecieron en un estudio publicado en 2004 que "el metabolismo del oxígeno tiene un papel importante en la aparición de la artritis reumatoide, debido a que las especies reactivas del oxígeno se producen durante el transcurso de la fosforilación oxidativa, y estos pueden tener efectos inflamatorios en las membranas sinoviales". En un lenguaje más accesible, lo que dicen en este estudio es que la respiración celular articular libera grandes cantidades de radicales libres, lo que fomenta un empeoramiento de la membrana sinovial y por tanto de la enfermedad.
  • Cáncer. Si toda la investigación con respecto al daño oxidativo y los beneficios de los antioxidantes es muy cauta a la hora de sacar conclusiones, en el caso del cáncer, muchísimo más. En un documento publicado por el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, se evaluaba el estado de la investigación con respecto a los efectos de los antioxidantes para prevenir el daño oxidativo que se considera que juega un papel en la aparición del cáncer. En este documento se explicaba que "en laboratorio y estudios con animales, la presencia de antioxidantes ingeridos ha mostrado prevenir daños oxidativos asociados al desarrollo del cáncer". Eso sí, los estudios observacionales (longitudinales y de casos de control) dedicados a investigar la relación entre la ingesta de antioxidantes y el cáncer "han mostrado resultados mixtos, inconcluyentes". De todos modos, no dejan de aparecer estudios en los que se relacionan cada vez más antioxidantes con la prevención de esta enfermedad, como el publicado por A. Venket Rao y Sanjiv Agarwal de la Universidad de Toronto. En él se establece "una relación inversamente proporcional entre el consumo de licopeno y el riesgo de enfermedades crónicas como el cáncer o las enfermedades cardiovasculares".

A pesar de la cautela que muestra el mundo científico con respecto a los beneficios de los antioxidantes, una cosa está clara: es uno de los nutrientes más prometedores para nuestra salud, porque son los únicos capaces de pararle los pies al mortal, y a la vez vital, oxígeno.