Desde niños hemos oído cada verano la misma cantinela por parte de nuestros padres: “Hay que hacer la digestión antes de volver a meterse al agua”. Una recomendación que en parte es cierta y que está relacionada con el tipo de comida que el individuo ha ingerido a lo largo del día. La mayoría de familias decretan dos horas de reposo tras la comida, que se convierten en una auténtica tortura para los más pequeños de la casa.

Sin embargo, el problema no es el temido corte de digestión, sino el llamado síndrome de hidrocución. “Introducirse de golpe en agua muy fría puede dar lugar a una bajada brusca de la tensión arterial y, como consecuencia de ello, pueden producirse mareos, malestar general, náuseas, debilidad y pérdida de conocimiento, con el consiguiente riesgo de ahogamiento”, explican desde la Organización de Consumidores y Usuarios. Uno de los métodos para prevenir este terrible efecto es controlar la alimentación antes y después del baño. ¿Qué pautas hay que seguir?

Antes del baño

Como ya hemos visto anteriormente, la alimentación que el individuo sigue antes de meterse al agua es fundamental para regular el organismo y evitar síntomas indeseados. No importa si acudes al mar o a la piscina por ocio o competición, estos consejos también sirven para aquellas personas que recurren a la natación como deporte de entrenamiento. Normalmente, la primera inmersión del día tiene lugar a primera hora de la mañana, justo después del desayuno.

No puedes comer y después meterte en el agua, así que es muy importante que piques algo al menos una hora u hora y media antes


Ya lo dicen los expertos, es la comida más importante del día y por ello resulta indispensable no acudir al baño con el estómago vacío, pues el organismo necesita recibir ciertos nutrientes para cargarse de energía. Entre los alimentos recomendados y de fácil digestión se encuentran los cereales con leche baja en grasa, las tostadas con mermelada de frutas, la gelatina, los batidos y zumos naturales, los yogures líquidos o las barritas energéticas bajas en fibra. Productos igual de atractivos para niños y adultos, y que siempre pueden ir acompañados de otros alimentos de consumo más habitual.

Al regresar a casa a la hora de la comida, y con vistas a disfrutar otra vez del baño por la tarde, es importante seguir con una dieta sana y equilibrada. “Obviamente no puedes comer y después meterte en el agua, así que es muy importante que piques algo al menos una hora u hora y media antes”, aconseja el nadador profesional y entrenador físico Manuele Trezzi en su blog personal. En este caso, escoge entre una “ensalada de pasta, vegetales al vapor, pasta y arroz integral, una pieza de pescado, carne roja o pechuga de pollo rica en proteínas”, o un plato donde los huevos sean el ingrediente estrella. Y si eres de esos que no pueden evitar el postre, opta por fruta fresca, galletas de arroz inflado o productos lácteos bajos en grasa. Los complementos perfectos para dotar a nuestro cuerpo de las reservas necesarias.

Foto: iStock.
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Bajo esta premisa, también hay que resaltar aquellos alimentos nada recomendables en dicha situación. “Los alimentos grasos son más difíciles de digerir para el estómago y por tanto pueden producir una indigestión y malestar durante el ejercicio”, recomiendan desde Speedo, marca de equipamiento deportivo. Hablamos de la comida picante, los refrescos, las legumbres, el café, el helado y, por supuesto, el alcohol.

¿Y después del baño?

Aunque la comida previa parece la más importante, también es necesario recuperar la energía que se ha consumido durante el baño. Y qué mejor forma de hacerlo que con la alimentación. “Este tipo de alimentos sirven para reponer los nutrientes perdidos y repostar energía unos 20 o 30 minutos después del baño”, añaden desde Speedo. Unas recomendaciones que no solo sirven para ese aperitivo mañanero, sino también para la cena o la merienda.

Foto: iStock.
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Según el momento del día, hay que elegir entre un ingrediente u otro. A mediodía o durante la tarde opta por unas galletas dietéticas, unas barritas de cereales, un sándwich de jamón cocido o atún, un yogur o una pieza de fruta, entre las que destacan la manzana, el plátano o las naranjas. En cambio, a la hora de preparar una cena más contundente, se aconseja incluir en el menú ingredientes como la quinoa, la patata y el huevo hervidos, el boniato, el queso bajo en grasa, la carne magra de pollo, pavo y vacuno o el pescado. Este tipo de proteínas estimularán la recuperación.

La importancia de la hidratación

No obstante, la comida no lo es todo. De hecho, es mucho más conveniente mantener el cuerpo hidratado. “La deshidratación leve puede producir síntomas como sed, dolor de cabeza, debilidad, mareos y fatiga, y generalmente provoca cansancio y somnolencia. Por otra parte, los síntomas de una deshidratación moderada incluyen sequedad de boca, poco o ningún volumen de orina, pesadez, un pulso cardiaco rápido y falta de elasticidad de la piel. La deshidratación grave es una emergencia médica potencialmente letal”, alerta la patronal de la industria farmacéutica de medicamentos genéricos de España. Un problema que aumenta cuando se trata de niños o personas mayores, a quienes hay que controlar muy de cerca.

Foto: iStock.
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Estos síntomas suelen ser más notables en verano, ante la exposición continuada al sol y la pérdida irrefrenable de sudor. Por ello, es esencial ir siempre acompañado de una botella de agua, a la que se recurrirá cada 20 o 30 minutos. También son de gran ayuda las frutas con mucha agua como las ciruelas, el albaricoque, la piña, el melocotón, el melón, las fresas o la sandía. Con estas pautas claras, los riesgos relacionados con el calor y el baño se reducirán considerablemente. ¡A disfrutar del verano!