La alimentación suele estar muy unida a un sinfín de síntomas y problemas estomacales que ponen en riesgo la salud del individuo. Sin embargo, lo que a simple vista parece un dolor de barriga al uso puede ser en realidad el primer paso hacia una alergia, una intolerancia o una intoxicación severas. De esta forma, el desconocimiento del paciente puede desembocar en una omisión de socorro que empeore la situación y que, finalmente, ponga en evidencia la auténtica naturaleza de la enfermedad. En un país donde el 20% de la población presenta alguna reacción adversa a un alimento, ¿no crees que es necesario saber distinguir cada una de estas afecciones?

Presta atención a los síntomas

Un dolor de barriga convencional puede ir acompañado de otros síntomas igual de recurrentes, como los gases, la acidez o la diarrea. Cuando estos aparecen justo después de comer, el paciente podría padecer un episodio aislado de gastritis, úlcera o reflujo, resultado de una mala digestión. Tres achaques que desaparecerán sin problema tras visitar al gastroenterólogo y dejar de consumir alimentos con alto contenido en grasa y propensos a la acidez como el tomate, la leche de vaca o la comida picante.

Foto: iStock.
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En cambio, si a estos problemas se suman la fiebre, los escalofríos o los vómitos frecuentes, todo indica que podría tratarse de un caso claro de gastroenteritis, es decir, la inflamación de las mucosas del estómago y el intestino debido a una infección. En este caso, lo mejor es seguir una dieta a base de "agua, suero casero o té, e intentar estimular el apetito con alimentos ligeros como galletas de maizena, arroz blanco o fruta”, recomiendan desde el blog 'Tua Saúde', de la experta nutricionista Tatiana Zanin. Pero ¿qué ocurre si el dolor no cesa a pesar del tratamiento? ¿A qué enfermedad nos enfrentamos?

Las molestias que se producen entre las últimas costillas y el ombligo “se asocian con frecuencia a virus, infecciones, intestino irritable, intolerancia a la lactosa o el gluten o algún tipo de intoxicación”, aseguran desde la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos. Una amplia cartera de diagnósticos que resulta fundamental determinar antes de acudir al médico a por una valoración concluyente.

¿Alergia o intolerancia alimentaria?

Ambas dolencias comparten síntomas similares, pero su impacto en el cuerpo humano dista mucho del dolor de barriga que todos hemos padecido en alguna ocasión. “Las intolerancias alimentarias, como la intolerancia a la lactosa y la enfermedad celíaca, pueden hacer que una persona se encuentre mal. Pero las alergias alimentarias no solo pueden hacer que alguien se encuentre mal, sino que pueden ocasionar reacciones de riesgo fatal”, explica la doctora Larissa Hirsch en la página web Kids Health.

Esta hostilidad se debe a que una alergia alimentaria aparece cuando el sistema inmunológico, que normalmente lucha contra las infecciones, interpreta que un alimento es un agente invasor. Esto provoca en el organismo una respuesta desproporcionada muy similar a una reacción alérgica, que suele ir acompañada de síntomas tan delicados como urticaria, disminución de la tensión arterial, problemas para respirar o incluso un shock anafiláctico. “El hecho de ingerir una cantidad microscópica de un determinado alimento, o a veces incluso el mero hecho de tocarlo o de inhalarlo, puede desencadenar reacciones alérgicas graves”, añade. Y siempre segundos después de su consumo.

Las alergias alimentarias no solo provocan un malestar: pueden ocasionar reacciones de gravedad

En cambio, cuando el individuo padece una intolerancia, los mecanismos inmunológicos no participan en el proceso. El principal protagonista es el sistema digestivo, que no tolera adecuadamente la ingesta de ciertos alimentos evitando su digestión, con los efectos negativos que eso conlleva. Un problema fisiológico que suele estar relacionado con una carencia digestiva, enzimática o metabólica, y que puede provocar la mala absorción de nutrientes o fallos en el crecimiento del paciente, sobre todo si se trata de menores de edad. A diferencia de la alergia, los síntomas comienzan a aparecer horas después de la comida y dependen de la cantidad que haya sido ingerida. Estos son muy similares a los de un dolor de barriga inofensivo, aunque a ellos se unen el dolor de cabeza, los retortijones abdominales y la irritabilidad.

Foto: iStock.
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Intenta monitorizar todos los componentes de tu dieta para localizar el problema. Además, en muchos casos las intolerancias poseen un componente genético importante, por lo que será de gran ayuda preguntar a los padres si ellos han padecido la misma enfermedad. Una vez delimitado el origen, acude a tu médico de cabecera y comienza de inmediato el tratamiento. Y, por supuesto, olvídate de los test de intolerancia que proliferan en la red, pues no tienen ningún aval científico.

¿Y si es una intoxicación alimenticia?

La presencia de parásitos, toxinas o bacterias como el estafilococo, la Escherichia coli o la salmonela se encuentran detrás de esta posible dolencia, consecuencia de la ingesta de un alimento contaminado, crudo o mal cocinado. Por eso es fundamental que antes de entrar en pánico descubras si has comido algún producto en mal estado. También debes estar al tanto del momento en el que aparezcan los primeros síntomas, pues por normal general estos se desarrollan al cabo de 2 o 6 horas después del consumo.

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Algunos de los signos más representativos son el habitual dolor de barriga, la presencia de sangre en las heces, cólicos abdominales o un estado de deshidratación claro. Afortunadamente, lo normal es que el paciente recupere la salud en un par de días, siempre y cuando no consuma alimentos sólidos hasta que la diarrea haya desaparecido y "tome cualquier líquido -excepto leche o bebidas cafeinadas- para reponer los líquidos perdidos a causa de la diarrea y los vómitos”, aconsejan prudentemente desde la Clínica Dam.