La relación entre la alimentación y las enfermedades que padece nuestro cuerpo es muy intensa. Aunque esta no sea el foco principal del problema, los nutrientes que aportamos al organismo durante el tratamiento resultan fundamentales para una correcta rehabilitación. Y con el acné, a pesar de no ser una enfermedad como tal, no iba a ser menos. Son muchos los mitos que giran en torno a esta afección de la piel tan común entre los jóvenes y cuyo desencadenante suele ser el temido cambio hormonal. Sin embargo, existen otras muchas causas que también ponen en riesgo a adultos y mayores, para quienes la alimentación puede convertirse en un gran aliado.

¿Influye la alimentación en el acné?

Foto: iStock.
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El acné surge a partir de las glándulas sebáceas que producen grasa y cuya responsabilidad es lubricar la piel. Esta grasa suele salir a la superficie cutánea a través de los poros, sin embargo, el problema llega cuando estos pequeños orificios están obstruidos e impiden que el sebo salga hacia el exterior, provocando así la aparición de los granos. Como ya hemos visto anteriormente, la causa principal del acné suelen ser los cambios hormonales, aunque también existen otros factores como el uso de ciertos medicamentos, los cosméticos demasiado grasientos, la falta de higiene o un fuerte componente hereditario.

No obstante, a pesar de la creencia popular, el consumo de alimentos ricos en grasas y azúcares no está relacionado directamente con la aparición de las primeras espinillas. Aunque sí intervienen a la hora de perjudicar todavía más al paciente y evitar su recuperación. “Cada persona es distinta, así que si descubres que el chocolate te causa un brote de acné, evítalo siempre que puedas. Pero no hay evidencia científica sólida que muestre que el chocolate tiene algún efecto sobre el acné. ¡Además, el chocolate negro lleva antioxidantes buenísimos para la piel!”, concretan, por ejemplo, desde el laboratorio dermatológico La Roche-Posay.

Una falsa teoría que afecta también al alcohol y la comida basura. “Un mito común sobre el acné es que la grasa alimentaria se traduce en más grasa en tus poros, pero no hay una relación directa entre ambas. De todos modos, una dieta rica en grasas saturadas puede estimular las microinflamaciones en todos los órganos del cuerpo, incluida la piel”, añaden al mismo tiempo que recomiendan un consumo moderado de este tipo de ingredientes, sobre todo para mantener un estado de salud óptimo. Bajo esta premisa, ¿qué otros alimentos hay que esquivar para no empeorar la situación?

Nada de lácteos e hidratos de carbono

En primer lugar, la leche es uno de los alimentos más relacionados con esta patología. “La fermentación que sufren algunos quesos durante su producción conlleva la presencia en estos alimentos de más precursores hormonales”, asegura el dietista-nutricionista y tecnólogo alimentario Aitor Sánchez en una entrevista. Una teoría que ha sido avalada por numerosos estudios y casos estadísticos. El responsable de este aumento hormonal sería la dihidrotestosterona, un derivado de la testosterona que también influye en el incremento “plasmático de glucosa, insulina y IGF-1. Y es también aquí donde actúa la leche, provocando respuestas hiperglucémicas e hiperinsulinémicas”, alertan desde el blog 'Farmabeka'.

Un mito es que la grasa alimentaria se traduce en más grasa en tus poros, pero no hay relación

Al igual que los productos lácteos, los hidratos de carbono también suponen un peligro para la génesis del acné. Sobre todo si hablamos de los hidratos de carbono refinados como el pan, los cereales, la pasta o la harina blanca. “Los hidratos de carbono simples tienen una alta carga glucémica que estimula la secreción de insulina y IGF-1. Por tanto, aumentan la hiperqueratosis folicular y la secreción sebácea, favoreciendo la patogenesia del acné”, añaden.

Otros estudios en la materia apuntan hacia las comidas picantes, ya que al elevar la temperatura corporal también empeoran el estado del acné y sus erupciones; los cítricos, que potencian la producción de sebo; y por supuesto las golosinas y pasteles, pues está demostrado que los alimentos con un índice glucémico alto pueden alentar la aparición de brotes de acné. En contraposición, ¿qué ingredientes se recomienda incluir en la dieta si se quiere luchar contra el acné?

Una nueva dieta contra el acné

Foto: iStock.
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Antes de comenzar una nueva rutina alimentaria es importante que esta se integre de manera pausada en la antigua dieta, pues los cambios bruscos pueden poner en peligro la salud y resultar contraproducentes. Hay que empezar por sustituir los ingredientes refinados por integrales y añadir en las cinco comidas diarias alguna pieza de fruta y verdura con gran cantidad de antioxidantes, vitamina C y betacarotenos. Otras referencias como los frutos secos, las legumbres, el aguacate, el ajo, el germen de alfalfa, el brócoli, el hinojo o la alcachofa son igual de saludables.

Sin embargo, el mejor aliado será el pescado azul, una fuente excelente de ácidos grasos esenciales como el omega 3 o el omega 6. Ambos ayudan a reducir la inflamación del cuerpo y, por consiguiente, aquella que desencadena la obstrucción de los poros. A este grupo pertenecen el salmón, las sardinas, el atún, las anchoas o la caballa. Afortunadamente, si alguien es de esas personas que no están acostumbradas a comer pescado, existen otros alimentos que sirven para aumentar el nivel de omega 3 en el organismo como, por ejemplo, las nueces, las semillas de calabaza, los pistachos o las avellanas, entre otros.