Pocos productos se encuentran tan asociados hoy en día con el concepto de vida saludable como el yogur. Conscientes de su buena fama y de sus posibilidades comerciales, los fabricantes no han parado, por ello, de diversificar su oferta. Con bífidus, esteroles vegetales, enriquecidos con toda clase de nutrientes... Frente a la diferencia exclusiva que existía hace décadas entre el yogur natural y el de sabores, las múltiples alternativas disponibles hoy en los lineales pueden llegar a confundir hasta al consumidor más informado.

Entre un elenco tan amplio, no todo tiene la misma calidad. Algunos yogures poseen cantidades de azúcar que sobrepasan las de algunos productos procesados que gozan de peor reputación. Respecto a otras opciones, como los yogures pasteurizados después de la fementación, cabe incluso la duda de si deberían entrar en la definición de yogur al carecer de organismos vivos.

Recientes estudios señalan que el yogur mejora los indicadores del estado del metabolismo

Rico en proteínas y minerales como el calcio, los beneficios más difundidos hablan de su capacidad para estabilizar la flora intestinal, facilitar la asimilación de grasas, reducir los efectos negativos de los antibióticos o combatir el estreñimiento y la diarrea. ¿Se trata de propiedades perfectamente comprobadas? Como sucede con otros aspectos nutricionales, lo cierto es que queda mucho por esclarecer aún. De lo que no hay duda es de que la medicina se encuentra actualmente muy interesada en estas cuestiones. Por lo que se refiere a un estado como la inflamación, íntimamente conectado con ellas, han empezado a emerger los estudios que defienden que existen evidencias que demuestran la capacidad del yogur para mitigarla.

Los resultados de los nuevos experimentos

¿Pero en qué consiste realmente la inflamación? Patricia Bogas, doctora especializada en reumatología, campo médico en el que enfermedades inflamatorias como la artritis son el día a día, nos ofrece una explicación: "Se trata de una respuesta fisiológica del organismo ante una amenaza. En principio es algo positivo, ya que el cuerpo se está defendiendo frente a problemas como, por ejemplo, las infecciones: tus defensas se activan para hacer frente a microorganismos como los virus mediante varios mecanismos inflamatorios, entre ellos, la formación de nuevos vasos sanguíneos o favoreciendo la vasodilatación de los ya existentes".

En el caso de la alimentación, la inflamación suele aparecer como consecuencia de deficiencias en la dieta. Por un lado, el régimen puede cambiar el tipo de bacterias que se alojan en el intestino y que el organismo puede interpretar como un peligro. Por otro, hay sustancias presentes en los alimentos que pueden ser entendidas como extrañas, lo que acaba activando también el sistema inmune. Es lo que sucede, por ejemplo, con el gluten en el caso de los celíacos.

Foto: iStock.
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¿Puede un alimento como el yogur ayudar a contrarrestar estas anomalías? Tomando como referencia los resultados en los biomarcadores de la inflamación, dos trabajos llevados a cabo por Universidad de Wisconsin-Madison señalan los efectos beneficiosos que se han encontrado en su consumo. En el primero, publicado en el 'British Journal of Nutritition', se utilizó una muestra de 120 mujeres en etapas de premenopausia, con y sin obesidad, a las que se les suministró, dependiendo del grupo de control, 340 gramos de yogur de una marca comercial o una cantidad similar de pudding sin lácteos. Las mujeres que ingirieron las dosis de yogur presentaron mejores niveles en los indicadores del estado del metabolismo (insulina, glucosa, etc.), así como en las proporciones de moléculas antiinflamatorias frente a las proinflamatorias.

Más allá de los probióticos, puede haber aspectos beneficiosos en los lácteos que están por descubrir

En otro artículo editado en el 'Journal of Nutrition', se sometió a otro grupo de mujeres a una especie de prueba alimenticia consistente en ingerir una comida con alimentos ricos en sustancias poco saludables, como embutidos, para comprobar después el estado de inflamación del organismo. Aquellos sujetos que habían tomado yogur antes de llevar a cabo tales ingestas, mostraron mejores resultados en sus biomarcadores, y en el caso de los sujetos obesos, sus niveles de glucosa conseguían también estabilizarse antes.

Aspectos para profundizar

Los resultados de ambos trabajos no ofrecen, sin embargo, una explicación clara sobre el mecanismo por el que el yogur consigue reducir la inflamación. Los productos utilizados contenían cepas de Streptococcus thermophilus, Lactobacillus bulgaricus y Lactobacillus acidophilus. ¿Debemos atribuir los buenos datos a la acción de estas bacterias? Investigaciones recientes, como la llevada a cabo por la Universidad Tufts, advierten de que la confianza que desde el lado del consumidor se está depositando en los probióticos no se encuentra justificada ni tampoco existen evidencias de que sean plenamente seguros para el organismo de cualquier individuo.

El coordinador de sendos trabajos sobre el yogur, Bradley Bolling, reconoce en 'The Atlantic' que más allá de los probióticos puede haber en los lácteos aspectos todavía desconocidos que generen estos beneficios para el organismo.

Foto: iStock.
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Con todo, las críticas hacia estos estudios también están presentes. James Versalovic, profesor de inmunología en el Baylor College of Medicine de Texas, señala que los resultados no son totalmente positivos; de hecho, los sujetos del primer trabajo que incorporaron el yogur a su dieta acabaron ganando un kilo de peso. Por lo que se refiere a la segunda investigación, se señala que habría que comprobar si se darían también mejoras en los indicadores de inflamación si los sujetos hubieran consumido platos más saludables.

Como apunta la doctora Patricia Bogas, más allá de los datos ofrecidos por esta clase de investigaciones hay que evitar extraer conclusiones simples cuando los problemas de salud son complejos: "Existe una tendencia natural a buscar panaceas que nos proporcionen un camino fácil y rápido hacia un óptimo estado de salud. Sin embargo, la inflamación es un proceso multifactorial, lo que conlleva que deba ser abordado desde varios frentes. Por tanto, no debemos recurrir a ideas como que consumir yogur soluciona, por sí solo, patologías metabólicas u otro tipo de enfermedades".