Es posible que la mayoría de personas no hayan oído hablar nunca del aspartamo, sin embargo, es uno de los edulcorantes más utilizados del mundo. Se trata de un polvo blanco y cristalino que nace de la unión del ácido aspártico y la fenilalanina, y cuya composición libre de calorías ha motivado su presencia en más de 6.000 productos de consumo cotidiano como el chocolate, las bebidas 'lights', la comida preparada o los helados. Tal es su influencia en la industria alimentaria que actualmente representa el 60% de los edulcorantes no calóricos, incluso por encima de la sacarosa, y solo en Estados Unidos se consumen más de 8.000 toneladas al año. Una popularidad que siempre ha estado marcada por la polémica.

¿Es el aspartamo tan peligroso como dicen?

Foto: iStock.
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Su descubrimiento data de 1965 por la multinacional farmacéutica G.D. Searl & Company. Y en los últimos años ha sido acusado de perjudicar la salud de los consumidores. Todo comenzó con un estudio de 2005 elaborado por el Centro de Investigación del Cáncer Cesare Maltoni de la Fundación Europea Ramazzini de Oncología y Ciencias Ambientales. Este suscitó la posibilidad de que el consumo excesivo de aspartamo podía causar linfomas y leucemia en ratas: “Los resultados de la prueba biológica de carcinogenicidad confirman y refuerzan la primera demostración experimental de carcinogenicidad multipotencial del aspartamo a un nivel de dosis cercano a la dosis diaria admisible para los seres humanos”.

Tras este descubrimiento, multitud de entidades y expertos en la materia decidieron seguir sus pasos para garantizar realmente los efectos del aspartamo en el organismo humano. Desórdenes mentales, problemas en las funciones de aprendizaje, entumecimiento de las extremidades, hiperactividad, comportamientos agresivos o pérdida de memoria son solo algunos de los síntomas que han salido a flote durante todos estos años. Sin embargo, la preocupación de las autoridades competentes aumentó definitivamente cuando se relacionó con enfermedades más significativas como el cáncer de cerebro, la diabetes, la infertilidad o la epilepsia.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos defiende la inocuidad del aspartamo

Tal fue el caos que se generó, que la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) se vio en la obligación de revisar dichos estudios para confirmar o desmentir las pruebas. Contra todo pronóstico, este reconocimiento posterior dejó en evidencia una serie de carencias metodológicas que tiraron por tierra los resultados publicados en 2005, reiterando además la inocuidad del aspartamo.

No obstante, a pesar de las declaraciones de la Administración de Alimentos y Medicamentos, numerosas organizaciones todavía continúan su particular lucha contra este compuesto, entre ellas la Agencia para la Investigación del Cáncer, el Cesare Maltoni Cancer Research Center, el Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Facultad de Biología de la Universidad de Barcelona o el neurocirujano norteamericano Russell Blaylock en su libro ‘Excitotoxinas: el gusto que mata’. Estos y otros muchos nombres sustentan su teoría en el establecimiento de una ingesta diaria admisible por parte de la FDA. ¿Si es tan saludable, porque limitar su consumo?

Límite de aspartamo recomendado

Foto: iStock.
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La Administración de Alimentos y Medicamentos aconseja no superar los 50 miligramos de aspartamo por kilogramo de peso corporal. “En otras palabras, un adulto que pesa 75 kilos debe consumir no más de 3.750 mg de aspartamo al día. Una lata de refresco 'ligth' contiene cerca de 180 mg de esta sustancia química. Eso significa que el límite 'seguro' de la FDA equivale a cerca de 21 latas de refresco light por día”, explican desde la plataforma New Science. Una cifra que, en términos generales, ningún consumidor rebasa a diario. Aun así, algunas de las marcas más importantes del mercado, como es el caso de Pepsi, no han querido tentar a la suerte y han sustituido este aditivo por la sacarosa, una de las alternativas más recurrentes.

En esta guerra sin cuartel los aliados del aspartamo también son muy numerosos. Junto a la ya reconocida FDA se encuentran la Agencia Francesa de Seguridad Alimentaria, el Instituto Nacional del Cáncer de los Estados Unidos, la Entidad Europea de Seguridad Alimentaria o la Asociación Canadiense para la Diabetes, además de cientos de estudios en materia de neurología, toxicología o epidemiología, entre otros campos. Entonces, ¿a qué bando debemos hacer caso? Ante la duda, las entidades más neutrales recomiendan reducir su consumo para evitar males indeseados.

Cómo evitar su consumo

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“El aspartamo está presente en un buen número de alimentos, por lo que es difícil evitarlo. La mejor forma de hacerlo es leyendo el etiquetado de las productos que compramos, y suprimir aquellos donde aparezca la nomenclatura E-951”, recomiendan desde New Science. Entre las alternativas más saludables, sin volver a caer en el azúcar refinado que pone en riesgo el buen funcionamiento del organismo, destacan la miel, el xilitol, el sirope, la sacarina o la stevia.

Esta última es quizás la opción más aconsejable, siempre y cuando se trate de la versión verde menos procesada, no el polvo blanco que encontramos en la mayoría de establecimientos comerciales. Y es que para aprovechar todas las propiedades nutricionales de la stevia debemos recurrir al producto que procede directamente de las hojas secas de la planta original, conocida como 'Stevia rebaudiana'.