Desde tiempos inmemoriales, la gastronomía se ha beneficiado de las bondades de las hierbas silvestres (romero, tomillo, clavo....), pues ponen una nota de sabor distintiva a las elaboraciones culinarias, potencian su sabor, le aportan un particular aroma y, por tanto, nos proporcionan un festival de sensaciones. De igual modo infusionadas no solo ayudan a templar el cuerpo –es innegable que se agradece sobremanera en el invierno cuando el frío aprieta–, sino que adquieren propiedades medicinales, las cuales contribuyen a mitigar un buen número de males y, lo que es mejor, de forma totalmente natural.

Seguro que hay más de un lector que en más de una ocasión ha escuchado "tómate una manzanilla y el dolor de estómago remitirá" o "bebe una infusión de tila, ya verás como te relaja". Por suerte, la naturaleza pone a nuestra disposición un mundo (para muchos desconocido) de hierbas y plantas, cada una de las cuales tiene sus propios principios activos, que, si se usan adecuadamente, pueden reportar numerosos beneficios a nuestra salud.

Infusión no es lo mismo que tisana

Claro que, para que dichos beneficios surtan el efecto deseado y sus principios activos realicen la función que les corresponde, es importante saber elaborar este tipo de hierbas. Y en infusión es como mejor se aprovechan sus bondades medicinales, terapéuticas y aromáticas. Para hacerla, al contrario de lo que muchos creen, hay que calentar el agua (nunca hervirla) y después agregar la cantidad de planta deseada. Si, por el contrario, el agua hierve, ya no es una infusión, sino una tisana. Además, con el proceso de ebullición la planta puede perder alguno de sus principios activos, sobre todo los aromáticos.

Las hierbas adquieren propiedades medicinales, que mitigan naturalmente un buen número de males

Por tanto, las plantas herbarias comportan numerosos beneficios para nuestro organismo y, por ende, para el bienestar personal. Para quienes quieran beneficiarse de sus bondades o simplemente disfrutar del sabor de estos brebajes, he aquí algunos ejemplos.

Manzanilla: trastornos digestivos

La manzanilla es, con permiso del poleo menta, la reina de las infusiones, omnipresente en las alacenas patrias. En la Antigüedad esta hierba era utilizada por las mujeres embarazadas para calmar las náuseas, así como para relajar la tensión muscular durante el parto. Tal uso era un acierto, pues la manzanilla tiene propiedades calmantes y, además, digestivas. No en vano ayuda a paliar los trastornos digestivos leves, sobre todo los relacionados con la disminución de las flatulencias, la reparación de la membrana gástrica o la regulación de los movimientos de la musculatura intestinal. Incluso es una buena aliada para mitigar los dolores derivados de la menstruación.

Foto: iStock
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Melisa y tila: estados de ánimo

La melisa, originaria de las zonas mediterráneas del sur de Europa, ya era usada por los monjes carmelitas para la elaboración de su popular agua del Carmen, también conocida como agua de Toronjil, cuya finalidad es la calma de los estados nerviosos. En la actualidad se sigue usando (acertadamente) para calmar los nervios y para disminuir los estados de ansiedad. Además, parece ser que esta hierba silvestre, de color vivo y retrogusto a limón, ayuda a calmar las palpitaciones y mitigar los casos de asma. Por su parte, la tila infusionada es una de las más recurridas para aplacar los estados de ansiedad, la angustia y el estrés, pues tiene propiedades relajantes.

Salvia: estimula el sistema circulatorio

Oriunda del sur de Europa, esta planta aromática y medicinal tiene siglos de historia a sus espaldas, pues ya era utilizada por los romanos para promover la cicatrización de las heridas y para sanar las fiebres y los problemas menstruales. Sea como fuere, por lo que destaca es por su propiedad estimulante o emenagoga. Es decir, estimula el flujo sanguíneo en la zona del útero y de la pelvis y, además, fomenta la menstruación, por lo que puede ayudar a mitigar las menstruaciones complicadas. A pesar de sus bondades, se recomienda no ingerirla durante la época de lactancia, pues puede inhibir la producción de leche materna.

Valeriana: descanso nocturno

La valeriana es otro de los clásicos omnipresentes en las boticas. Aunque esta hierba ha tenido diferentes usos a lo largo de los siglos (se usaba para paliar los dolores menstruales en la antigua Grecia y para mitigar la gota en el siglo XII), su mayor poder lo tiene sobre el sistema nervioso central y, por ende, en el cerebro. De hecho, seda y relaja dichos órganos, lo que conlleva un estado de calma, el cual obviamente facilita el descanso y, por tanto, evita el insomnio.

Tomillo: sistema inmunológico

Como condimento, como planta ornamental o medicinal, el tomillo es una de las hierbas silvestres más manidas. Además, su uso se remonta a siglos atrás, pues se sabe que ya lo utilizaban en la antigua Grecia como remedio para curar las heridas y en la Edad Media para paliar los casos de asma. Aunque el tomillo se usa ampliamente en la cocina como condimento, infusionado es un excelente aliado para reforzar el sistema inmunológico, pues contiene en su composición timol, el cual tiene acción fungicida. Por tanto, una infusión diaria a base de esta hierba puede ayudar a prevenir dolencias muy comunes y molestas, como catarros, dolores de garganta o tos.

Foto: iStock
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Poleo menta: expectorante y digestivo

La infusión hecha a base de esta hierba tiene un sabor agradable, refrescante y con un retrogusto a hierbabuena. Ayuda a sobrellevar las digestiones pesadas (quién no la ha pedido para aligerar el estómago tras una comida copiosa) y, además, promueve la eliminación y la expulsión de las mucosidades.