Kane Tanaka, nacida el 2 de enero de 1903 en la isla japonesa de Kyushu, es desde el pasado mes de julio la persona más longeva del mundo. Según ha certificado el Grupo de Investigación Gerontológica de Japón, la anciana de 115 años merece ser la propietaria de tan encomiable título, que ella misma atribuye a su fe en Dios. Sin embargo, la comunidad médica y científica defiende una teoría muy distinta. Japón es, según la Organización Mundial de la Salud, el país con más personas de más de 100 años, consecuencia directa de dos factores muy distintos.

En primer lugar, el sistema de salud implantado en la tierra del Sol Naciente es uno de los más accesibles, ya que el Gobierno paga hasta un 70% del coste de todos los procedimientos. Una cifra que alcanza el 90% si se trata de un paciente de ingresos limitados. Sin embargo, la auténtica joya de la corona nada tiene que ver con este tipo de medidas, sino con un hábito mucho más natural y permanente: la alimentación.

El secreto de la longevidad

Los japoneses poseen la esperanza de vida más alta del mundo, con una media de 83,84 años. Un compendio más que considerable que mantiene un vínculo especial con la dieta, prácticamente inalterable al paso del tiempo. Y es que Japón es un país fiel a su cultura y sus tradiciones, donde la alimentación juega un papel fundamental. Sin ir más lejos, un estudio publicado en 2017 por la revista 'British Medical Journal' desveló que sus costumbres culinarias tenían el poder de disminuir el índice de mortalidad hasta en un 15%, haciendo especial hincapié en las enfermedades cardiovasculares y los derrames cerebrales, entre otras afecciones.

Foto: iStock.
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Es aquí donde entran en acción dos conceptos a los que se les atribuye todo el mérito. ¿Has oído hablar alguna vez del 'ichi ju san sai'? Se trata de la base de toda comida japonesa: tres guarniciones acompañando una sopa de miso y el plato central, arroz blanco cocido. “Las tres guarniciones constan de un plato importante y otros dos menores. Este modelo de 'ichi ju san sai' fue desarrollado por las gentes de armas en el periodo Muromachi -siglos XIV a XVI-, convirtiéndose en el estándar que se conoce hoy en día”, explican desde el portal informativo 'Web Japan'.

El pescado, los nabos daikon, la raíz de bardana, las algas kombu, la soja fermentada o el tofu son algunos de los ingredientes indispensables de esta dieta, que varía en función de la estación del año. “A los japoneses les encantan los productos de temporada, porque tienen un mejor paladar y porque este se obtiene directamente sin necesidad de complicadas recetas. Los alimentos frescos no necesitan grandes sazonados o largos tiempos de cocción, aparte de retener la mayoría de las vitaminas y nutrientes. La cocina japonesa se caracteriza por su sencillez y su riqueza en nutrientes naturales”, añaden.

Los japoneses consumen alimentos frescos, ya que no necesitan sazonadores y retienen nutrientes

Mientras tanto, otro factor al que los expertos atribuyen este récord mundial de longevidad es la famosa dieta Okinawa, es decir, un concepto semivegetariano pobre en materia grasa. El objetivo es restringir las calorías pero sin tener que contarlas, controlando también la densidad energética de los alimentos. Esto permite llenar el estómago en su justa medida, sin llegar al empacho y consumiendo únicamente 1.100 calorías diarias. Además de los ingredientes antes expuestos, el pan de centeno, el queso fresco, el pepino o los champiñones también ocupan un puesto privilegiado en las despensas niponas.

No obstante, es imposible olvidar la bebida predilecta de los japoneses y, al parecer, fuente de la eterna juventud: el té. Junto al pescado, las algas y los productos fermentados, el té verde es una parte importante de su dieta alimentaria. “Es rico en antioxidantes y polifenoles, varias tazas diarias pueden reducir la mortalidad en una quinta parte. Especialmente en mujeres”, alaban desde la plataforma Muy Saludable de Sanitas. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce.

No todo es tan saludable

Tal y como explica la periodista Junko Takahashi, autora del libro ‘El método japonés para vivir 100 años’, la dieta japonesa tiene fama de saludable, pero también existen aspectos negativos como el bajo consumo de grasas o el alto contenido en sal. Otros alimentos propios de este sistema como las algas o la salsa de soja son ricos en sodio y yodo, dos sustancias que pueden provocar problemas de tiroides, hipertensión, afecciones coronarias o retención de líquidos. Síntomas relacionados exclusivamente con el consumo excesivo de ambos compuestos, como ocurre en Japón.

Foto: iStock.
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Sin olvidar la presencia de productos proteicos crudos. Estos “ponen en riesgo la seguridad alimentaria aunque se siga la legislación de higiene y manipulación de alimentos”, explica la experta en nutrición Julia Farre en su blog personal. Además, “la asimilación de las proteínas por parte del organismo también disminuye, ya que el cocinado sirve como una digestión previa al consumo que facilita al estómago su trabajo”, añade.