Los huevos son uno de los mejores alimentos a nivel nutricional. Lo dicen los profesionales de la alimentación y numerosos estudios científicos: aportan proteína de alto valor biológico y, a pesar de lo que asegura un viejo mito, ayudan a reducir el colesterol malo y son buenos para el corazón. Son también uno de los ingredientes más empleados a nivel gastronómico. Se comen en solitario, revueltos, en tortilla, se utilizan para hacer dulces, postres, masas, salsas… Unos auténticos todoterrenos que además suelen ser muy fáciles de preparar.

No obstante, los huevos tienen un punto negativo: pueden ser sensibles a la proliferación de bacterias y desencadenar ciertos problemas de salud como la salmonelosis u otras intoxicaciones alimentarias. Estas dolencias surgen si no se manipulan, mantienen y cocinan correctamente. Siguiendo unas pautas adecuadas para ello, no deben causar ningún contratiempo. Por esto, para que todo el mundo pueda seguir disfrutando de su sabor y sus propiedades, Alimente os invita a seguir los siguientes consejos.

Compra y conserva

El primer aspecto a tener en cuenta para garantizar un correcto uso y mantenimiento es observar los huevos a la hora de comprarlos. Estas recomendaciones vienen amparadas por la U.S. Food & Drug Administration de los Estados Unidos y alertan de varios elementos:

  • La cáscara. Debe estar en buen estado. Una grieta en un huevo es una mala señal, pues pueden haber entrado patógenos en su interior.
  • La fecha de consumo preferente. Los huevos envasados vienen acompañados de un etiquetado que señala hasta cuándo podemos consumirlos. No conviene comerlos una vez pasada dicha fecha, pues son un alimento muy delicado y susceptible de estropearse. Según la normativa vigente, esta no debe ser superior a los 28 días después de la puesta. Si se venden en establecimientos en los que no tienen etiquetado o los comercializan a granel, deben informar de este dato.
La cáscara del huevo debe estar en buen estado.
La cáscara del huevo debe estar en buen estado.

Una vez hemos comprado los huevos, llega la hora de la conservación. Para mantenerlos en buen estado, estas son las pautas a seguir:

  • Se deben colocar en el frigorífico entre 1ºC y 10ºC de temperatura, tratando de separarlos de otros alimentos para que no absorban los olores.
  • No hay que lavarlos antes de meterlos en dicho electrodoméstico.
  • Hay que evitar los cambios de temperatura. Por ello, si se colocan en el exterior, pueden recibir la luz del sol, calentarse y promover la proliferación de bacterias.
  • Nunca se deben meter al congelador con la cáscara o acabarán explotando cuando se condensen, manchando así todo el cajón.

A la hora de cocinar

Además de saber cómo seleccionar y mantener los huevos, el aspecto más importante es aprender a manipularlos y utilizarlos durante el proceso de elaboración, para evitar cualquier intoxicación o enfermedad.

No se puede verter la preparación ya cocinada en el bol o recipiente donde se haya batido el huevo

  • Utiliza los huevos que no hayan pasado su fecha de caducidad, como ya se ha mencionado.
  • Hay que lavar los utensilios de cocina y las manos antes de utilizarlos para evitar la contaminación cruzada.
  • Antes de su uso se pueden lavar con agua, siempre y cuando no vayan a regresar a la nevera. Si se mojan y se meten en el frigorífico de nuevo, la cutícula se vería afectada y podrían entrar bacterias en su interior.
  • No se deben romper los huevos en el mismo recipiente en el que se vayan a batir, pues la cáscara podría tener bacterias. Es mejor hacerlo sobre otra superficie. Si se emplea un cubierto para cascarlo, no lo uses de nuevo hasta que haya sido lavado, pues también ha podido entrar en contacto con los patógenos.
  • Tras abrirlo hay que asegurarse de que la clara es transparente y no tiene un olor fuerte o extraño.
  • Tienen que calentarse por encima de los 70ºC para garantizar que mueren las bacterias.
Los huevos deben calentarse por encima de los 70ºC.
Los huevos deben calentarse por encima de los 70ºC.

  • No se puede verter la preparación ya cocinada en el recipiente donde se haya batido el huevo, y tampoco en el plato donde se ha apoyado para darle la vuelta a la tortilla por el lado crudo, por ejemplo, porque quedan trazas del mismo sin cocinar en el que proliferan las bacterias.
  • Los huevos duros se tienen que comer como máximo en un plazo de una semana después de haber sido cocidos.
  • Los platos ya preparados se tienen que comer inmediatamente o introducirlos en el frigorífico. Si pasan más de dos horas a temperatura ambiente, podrán proliferar las bacterias. Si la temperatura es superior a los 32ºC, no deberán permanecer más de una hora fuera del refrigerador.
  • Las elaboraciones con huevo no deben permanecer más de 3 días en el frigorífico.

Siguiendo todos estos pasos, comer huevos será seguro y no habrá riesgo de padecer una peligrosa intoxicación alimentaria.