Los cálculos renales, más popularmente conocidos como ‘piedras en el riñón’ y que originan la enfermedad llamada litiasis renal (que agrupa todos los cálculos formados por la orina), son uno de los motivos más frecuentes de consulta al urólogo. No es raro, ya que los padece entre el cinco y el diez por ciento de la población y, según la Asociación Española de Urología (AEU), la tendencia de su incidencia está claramente a la alza en nuestro país.

Los hombres padecemos este problema desde hace miles de años y hay constancia de la existencia de cálculos en momias de las civilizaciones más antiguas. ¿En qué consisten exactamente?

El sedentarismo y una dieta alejada de la cocina mediterránea, culpables del aumento de los casos de litiasis renal


Los cálculos renales son formaciones sólidas de sustancias químicas (sales y minerales) que deberían estar disueltas en la orina, pero que cristalizan y pueden afectar a cualquier zona del aparato urinario. Si bien normalmente se expulsan en la micción, no siempre es posible, lo que da lugar a los temidos (y dolorosos) cólicos nefríticos.

La litiasis es más habitual en hombres que en mujeres, aunque la distancia que había hace pocos años entre la incidencia en unos y otras (afectaba a los hombres un 50% más) está acortándose. En ellos aparece con más frecuencia entre los 40 y los 60 años, y en ellas surge en mayor medida tras la menopausia, debido probablemente a la pérdida del ‘efecto protector’ de los estrógenos, según indica la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC)

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Sus causas son multifactoriales, no hay una única cosa a la que ‘echarle la culpa’. Se sabe que hay un componente genético, que determinadas infecciones de repetición también favorecen su aparición, y que la vida sedentaria y una dieta inadecuada juegan un papel importante en la creación de cálculos.

Estos dos últimos motivos son los que hacen que su incidencia haya aumentado en los últimos años y que las mujeres se estén viendo más afectadas, debido a que los hábitos de la vida moderna nos llevan en muchos casos a pasar largas horas al día sentados frente a un ordenador y a alejarnos de la dieta mediterránea. Y sobre ellos se puede actuar para tratar de prevenir la formación de piedras.

El calcio de los alimentos mantiene la salud renal

Hay distintos tipos de cálculos, según su composición (sustancias como la cistina, el ácido úrico o la estruvita), y los más comunes con gran diferencia sobre el resto son los formados por un compuesto químico llamado oxalato de calcio. En un estudio de la Clínica Mayo, que analizó 3.000 casos de litiasis entre 1984 y 2012, se demostró que más del 90% de las piedras en el riñón estaban compuestas de calcio.

A primera vista, lo lógico sería pensar que disminuyendo el consumo de calcio se reducirían también las posibilidades de que se crearan cálculos. Y de hecho, tradicionalmente esto era lo que los especialistas recomendaban. Pero desde hace más de 20 años, como demostró un macroestudio publicado en 'New England Journal of Magazine', es exactamente al revés: una dieta con un contenido óptimo en calcio reduce el riesgo de tener cálculos renales.

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¿Cuál es esa cantidad recomendada? Tal como indican tanto la AEU como la Asociación Americana de Urología, 1.000 mg al día (y no menos de 800 mg). Este aporte debe proceder de la alimentación (está muy presente en los lácteos y en las legumbres) y no de los suplementos, que solo están indicados en casos muy concretos y bajo prescripción médica.

Los oxalatos, cuantos menos mejor

Del mismo modo que hay que tomar una buena dosis de calcio, es conveniente mantener a raya los oxalatos. ¿Dónde se encuentran? La Fundación Española de Diálisis ha publicado una lista de los alimentos que tienen un alto contenido en esta sustancia y cuyo consumo conviene evitar. Entre ellos encontramos el chocolate, los frutos secos (especialmente las nueces), las espinacas, las berenjenas y el té.

Una tercera recomendación es reducir el sodio de la dieta diaria. Según la AEU, no debe superar los 5 g diarios, ya que un consumo elevado produce alteraciones en la composición de la orina y un mayor riesgo de formación de cristales. Además, tal como comprobó un estudio de la Universidad de Parma, una dieta baja en sal y en proteínas de origen animal, combinada con un consumo adecuado de calcio protege en gran medida frente a la formación de piedras en el riñón. La ingesta de proteínas de origen animal no debe exceder de un gramo por kilo de peso corporal.

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Otro punto importante, los líquidos. Hay una relación inversamente proporcional entre la toma elevada de líquidos y la formación de piedras (si se bebe poco, se acumulan sales en la orina y hay más probabilidades de que se formen cristales y posteriormente piedras). Desde la Federación Nacional de Asociaciones para la Lucha contra las Enfermedades del Riñón (ALCER) aconsejan beber algo más de dos litros de líquidos al día para conseguir generar dos litros de orina en ese mismo periodo de tiempo. Fundamentalmente agua, pero también de infusiones de herniaria, planta que previene la formación de cálculos, y de zumos. Pero no todos van bien. La SEU anima a tomar zumo de naranja, pero no de pomelo, por su elevado aporte de oxalato. También están contraindicados los refrescos azucarados.

Se ha comprobado que seguir la dieta DASH disminuye el riesgo de que se generen cálculos renales

Más allá de estas recomendaciones específicas, el consejo de la AEU es "seguir una dieta de 'sentido común', es decir, una alimentación equilibrada mixta con contribuciones de todos los grupos alimentarios, pero sin excesos de ningún tipo". La dieta mediterránea y su homóloga americana, la DASH (enfocada a combatir la hipertensión), están muy en la línea de estas recomendaciones.

Así lo muestra un estudio conjunto de distintos departamentos de la Universidad de Harvard y publicado en 'Journal of the American Society of Nephrology', que afirma rotundo que el estilo de la dieta DASH se asocia directamente con un menor riesgo de tener piedras en el riñón. Este tipo de alimentación, similar como decíamos al de la dieta mediterránea, aboga por una alimentación variada, con presencia de los tres grandes grupos (proteínas, hidratos de carbono, grasas saludables), rica en fibra, baja en sal y sin lugar para los alimentos ultraprocesados y las bebidas azucaradas. Con estas indicaciones, será difícil que las piedras, y tras ellas los cólicos, hagan su aparición.