En 2002, la Organización Mundial de la Salud (OMS) definió los disruptores endocrinos (EDCs) como “sustancias o mezcla de sustancias que alteran la función o funciones del sistema endocrino y, en consecuencia, que causan efectos adversos en la salud de un organismo sano, de su progenie o de sus (sub)poblaciones”. Posteriormente, en 2012, esta definición fue redefinida por la Endocrine Society como “compuestos químicos exógenos, o mezcla de estos compuestos, que pueden interferir con cualquier aspecto de la acción hormonal”.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria ha publicado una guía que evaluará los productos fitosanitarios


El pasado 7 de junio de 2018, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y la Agencia Europea de Sustancias y Preparados Químicos (ECHA) publicaron el documento 'Guía para la identificación de los disruptores endocrinos'. Su objetivo es garantizar que los criterios adoptados por la UE durante 2017 sobre estas sustancias se aplican de manera coherente en la evaluación de biocidas y de productos fitosanitarios.

Este documento está destinado a orientar a los solicitantes y evaluadores de las autoridades reguladoras competentes sobre cómo identificar interferentes endocrinos de acuerdo con los criterios establecidos en el Reglamento Delegado (UE) nº. 2017/2100 y en el Reglamento nº. 2018/605 de la Comisión para Biocidas y para Productos Fitosanitarios, respectivamente. Una guía que se utiliza, desde el pasado mes de junio, para evaluar biocidas y que, a partir del próximo 10 de noviembre, se deberá poner en práctica respecto a las evaluaciones de las sustancias de productos fitosanitarios.

España: el mayor consumidor de pesticidas

Coincidiendo con la publicación de la guía elaborada por EFSA y ECHA, Ecologistas en Acción dio a conocer el informe 'Directo a tus hormonas. Guía de alimentos disruptores', partiendo de los datos de la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN), que recoge la elevada presencia de residuos de plaguicidas en los alimentos. El documento señala que España “es el mayor consumidor de pesticidas de Europa” y señala que “en el año 2014 se comercializaron en nuestro país 78.926 toneladas de plaguicidas, un 24% más que en 2012”. La guía pone el foco en los plaguicidas que son disruptores endocrinos.

(iStock)
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Enrique Eymar Alonso, profesor titular del Departamento de Química Agrícola y Bromatología, Facultad de Ciencias de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), manifiesta que “diariamente estamos expuestos a este tipo de sustancias, que se pueden encontrar en el aire, las aguas, suelos, alimentos de origen vegetal y animal, productos para la higiene y cuidado personal, productos utilizados en la protección de las plantas y que pueden modificar nuestro funcionamiento hormonal”. Pero ¿en qué medida los residuos utilizados en el tratamiento de alimentos puedan alterar el sistema endocrino de la población que consume estos productos? Según Eymar, “su posible efecto adverso depende en mayor medida del momento (grupo de población) que de la cantidad a la que nos expongamos y absorbamos”.

Ojo con los alimentos tratados con fitosanitarios

Sobre las posibles enfermedades y patologías que pueden estar relacionadas con el consumo de alimentos tratados con fitosanitarios, Ruth Echeverría, coordinadora de Investigación, Formación y Divulgación, responsable del proyecto '¡Que no te alteren las hormonas!', afirma que son muchas las enfermedades que se relacionan con el consumo de alimentos contaminados con plaguicidas e insecticidas. Echeverría argumenta que “las investigaciones revelan cómo enfermedades como el páarkinson y el alzhéimer tienen una relación con la exposición a plaguicidas. También encontramos problemas como el cáncer, cuya relación con plaguicidas organoclorados está demostrada y con indicios de relación con plaguicidas de otros tipos”.

La exposición a plaguicidas está relacionada con enfermedades como el alzhéimer y el cáncer


En esta misma línea, Josefa Moreno, del Laboratorio Entomatología y Control de Plagas de la Universitat de València, apunta que además este tipo de productos “tienen efectos potencialmente dañinos sobre el desarrollo, el crecimiento, el metabolismo, la reproducción y sobre los sistemas nerviosos, inmunológico y cardiovascular”.

Josefa Moreno añade que “aunque en España existe una de las regulaciones más restrictivas en cuanto al empleo de plaguicidas sobre productos que se van a destinar al consumo por parte del hombre o de los animales, no es menos cierto que un mal uso de los mismos puede amplificar de forma significativa la exposición de las personas y, en consecuencia, sus efectos nocivos como disruptores endocrinos, en especial, sus efectos estrogénicos, androgénicos, esteroidogénicos o sobre la función tiroidea”.

El glifosato y su efecto nocivo en niños

Con relación a su grado de toxicidad, Ruth Echeverría sostiene que, por ejemplo, en el caso de los pesticidas organoclorados, entre los que se encuentra el DDT prohibido por su elevada toxicidad y su persistencia en los ecosistemas, “todavía hoy, tras 30 años de prohibición, se encuentran sus metabolitos en ríos, distintas especies de animales y, por supuesto, en humanos”. En cuanto a los plaguicidas más empleados y permitidos actualmente, Echeverría habla del problema del glifosato, que “es un reconocido tóxico para la reproducción, mutagénico y disruptor endocrino, relacionándose con enfermedades como la infertilidad, problemas en el desarrollo, cáncer y otras.

También el clorpirifós, un insecticida organofosforados, muy usado en viviendas y en agricultura, es fuente de preocupación por sus efectos sobre el sistema nervioso en fetos y en niños de corta edad provocando problemas en el desarrollo neurológico (TDAH, menor cociente intelectual, menor índice de memoria), además de su relación con enfermedades neurodegenerativas”.

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Para evitar que este tipo de productos se introduzcan en nuestra dieta, Eymar Alonso señala a la agricultura ecológica como una solución al problema. “La adquisición y consumo de productos ecológicos genera una reducción significativa de los residuos de plaguicidas en las frutas y verduras, por lo que la agricultura ecológica contribuye positivamente a la disminución de la exposición a este tipo de compuestos”. Aunque el profesor de la UAM añade que también “es necesario que estos productos estén adecuadamente certificados como ecológicos por los organismos competentes para asegurarnos que han pasado todos los controles analíticos regulados habitualmente por las autoridades españolas y europeas”.

Junto al consumo de los llamados productos ecológicos u orgánicos para evitar la ingesta de este tipo de compuestos en nuestros alimentos, Ruth Evecherría apuesta por la información como elemento necesario para que el consumidor conozca exactamente qué contiene lo que está comprando y qué consecuencias puede tener para su salud. Y en este sentido, Ruth Echeverría explica que “las etiquetas, a veces, son difíciles de entender. No podemos esperar que el consumidor tenga estudios específicos de química, alimentación, medicina… Por lo tanto, tenemos que exigir a nuestras autoridades que esa información sea clara y sencilla. Así, tendremos la verdadera libertad de escoger lo que consumimos”.