Es frecuente padecer más de una vez alguna infección de orina y que a nuestros oídos haya llegado, a veces por propia recomendación médica, que el arándano rojo es 'buenísimo' para estas lides. Lo cierto es que el consejo se basa en diversos estudios que han evidenciado que efectivamente este fruto puede ayudarnos a prevenirla. Sin embargo, otros refutan estos resultados. Ya tenemos el lío montado. ¿A cuál hacer caso?

¿Qué son las cistitis o infecciones de orina?

Las infecciones de orina son bastante frecuentes, sobre todo entre el género femenino y durante los embarazos –durante estos nueve meses, las embarazadas tienen el doble de posibilidades de padecer una infección de orina–. De hecho, es difícil no toparse con una mujer que no haya sufrido esta colonización de bacterias en las vías urinarias.

Las mujeres son más propensas a desarrollar esta infección en las vías urinarias y las embarazadas aún más

¿Las causas? Muchas. Según explican en el portal médico Medline Plus, ellas son más propensas debido a que “su uretra es más corta y está más cerca del ano que en los hombres”. Esta circunstancia incide en una “mayor probabilidad de contraer una infección después de la actividad sexual o al usar un diafragma para el control de la natalidad”. Otros factores como la llegada de la menopausia pueden aumentar el riesgo de desarrollar una infección.

Lo cierto es que tras el diagnóstico de orina, el único método válido para erradicar la infección es el empleo de antibióticos. Sin embargo, ciertos médicos y personal sanitario aconsejan acompañar el tratamiento con cápsulas de arándano rojo pues, según algunos estudios, ayuda a combatir a las bacterias.

Foto: iStock.
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La primera sospecha científica de que el arándano podía resultar beneficioso para el tratamiento de la cistitis se remonta a 1880. Posteriormente se siguió ahondando en ello con sucesivos estudios cuyos esperanzadores resultados han aupado a las cápsulas de arándano rojo a la categoría de remedio natural para la cistitis.

Los arándanos, la solución

Uno de los principales estudios que corroboró estos beneficios corrió a cargo del Instituto Politécnico de Worcester (Estados Unidos), datado en 2010, que descubrió el poder de los componentes del zumo de arándanos para combatir la bacteria Escherichia coli (E. coli). Este microbio, responsable de la infección y que se aloja de forma habitual en el intestino, se adhiere a las paredes del tracto urinario y forma delgadas 'biocapas'. No obstante, según reveló el estudio, el arándano impide que este germen se pegue a las células del tracto y forme el citado 'biofilm'. Por lo tanto, el fruto contribuye a la expulsión de la bacteria a través de la orina y ello, obviamente, comporta un menor riesgo de infección.

En España, concretamente podemos citar un estudio llevado a cabo en 2013 conjuntamente por los hospitales Quirón y General Universitario de Valencia cuyos resultados parecen evidenciar que la ingesta de un preparado alimenticio a base de arándano ayuda a prevenir estas infecciones. Este último estudio señaló que el poder curativo de los arándanos rojos sobre las cistitis se explica por su contenido en proantocianidinas (PAC). En concreto, se trata de un grupo de compuestos de polifenoles cuya actuación impide o disminuye la adherencia de bacterias en las paredes.

El estudio que lo cuestiona

Parecía que todo iba viento en popa y que nadie discutía la importante influencia que el arándano rojo podía ejercer sobre nuestra salud urinaria, pero una investigación de la Escuela de Medicina de Yale, Connecticut (EEUU), publicado en 2016 en la revista 'Journal of the American Medical Association', pone definitivamente en entredicho nuestra fe en los arándanos.

Foto: iStock.
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La investigación se basó en los datos que obtuvo del estudio de más de un centenar de mujeres ancianas que residían en centros geriátricos a las que se dividió en dos grupos: a uno de ellos se le administró una dosis de arándano rojo y al otro, un placebo. La conclusión fue clara: no había diferencias entre los dos grupos en cuanto a la presencia de células inflamatorias y bacterias en la orina. Aunque estudios previos parecían abundar en la misma idea, este último, sin duda alguna, le asestó el golpe definitivo.

Lo que sí que funciona

En lo que no hay controversia alguna es en que una abundante hidratación puede ayudar a disminuir la presencia de bacterias en la orina. También la adopción de ciertas prácticas higiénicas como orinar después de las relaciones sexuales reduce los riesgos de contraer la infección, según aseguró en su día Alejandro Eguilleor, de la Sociedad Española de Farmacia Comunitaria (SEFAC).

Otra medida que nadie discute es la ingesta de vitamina C. Al respecto, el doctor Luis Fernando Coz Cañas, desde la web de Clínicas Condes, lo aclara: “La vitamina C es ácido ascórbico, y su administración en altas dosis acidifica la orina. Ello puede contribuir en la prevención de la recurrencia de infecciones urinarias cuando no existe un factor predisponente que las explique”.

Afortunadamente, la vitamina C la encontramos en infinidad de frutas: la naranja, el kiwi, los limones y las papayas. Sí, los arándanos rojos también nos proporcionan vitamina C, además de vitamina A y K, sodio, magnesio y potasio. Y están riquísimos, así que ¿por qué no?