Para la mayoría de nosotros, pensar en histamina es pensar en lagrimeo, picor de ojos, sarpullido, rinitis… Identificamos histamina con alergia -al polen, a los ácaros…- y, de inmediato, se nos viene a la cabeza la idea de un antihistamínico como remedio. Y no cabe duda de que es así: cuando alguien tiene alergia se produce una reacción que conlleva la liberación de varias sustancias, entre ellas la histamina. De alguna manera, los síntomas serían una llamada de atención, una alerta de que algo anómalo está ocurriendo. Cuando la alergia es a un alimento concreto, el único medio de evitarla es eliminar dicho alimento de por vida de nuestra dieta.

Pero la histamina, una molécula que se aloja en las células llamadas mastocitos, no se libera solo por una reacción alérgica. Hay diferentes situaciones en las que nuestro organismo puede presentar lo que se conoce como histaminosis -es decir, una acumulación excesiva de esta sustancia- y se encuentra con problemas para deshacerse de ella, para eliminarla. “La consecuencia es un cuadro de síntomas que pueden ser muy variados y corresponder a especialidades médicas tan distintas como reumatología, digestivo, dermatología, neurología… -explica el doctor Ismael San Mauro, dietista-nutricionista y director de Grupo Cinusa-. Muchas veces, estos síntomas por separado no son tan relevantes como para que cada especialista le preste atención: tienes un eczema, aplícate un corticoide; tienes migraña, tómate un analgésico; tienes la tripa hinchada…”. Y el diagnóstico se complica.

Los síntomas no aparecen nada más tomar un alimento, sino a lo largo de días o semanas

En este trastorno juega un papel fundamental la dieta, ya que todos los alimentos contienen histamina en mayor o menor cantidad. “Esta histamina exógena no cumple función alguna, por lo que el organismo la elimina a través de la orina”, explica Adriana Duelo, dietista-nutricionista especialista en déficit de DAO. “Pero hay personas que no son capaces de eliminarla; como consecuencia, se va acumulando en sus tejidos sin que se den cuenta, ya que los síntomas no aparecen al momento de tomarse un tomate o un vaso de leche, sino a lo largo de días o semanas de haber tomado de forma continuada alimentos moderados o ricos en histamina”.

Los síntomas, como decíamos, pueden afectar a diferentes sistemas del cuerpo humano, “y por el momento no se sabe por qué a unas personas les afecta en un receptor y a otras en otro”. Así, esta histaminosis puede dar como resultado migrañas, dermatitis, urticarias, colon irritable, dolores musculares y articulares… “Es importante recalcar que rara vez presentan un único síntoma, aunque es normal que ellos acudan a consulta por aquel que les es más invalidante”.

Alimentos ricos en histamina. (iStock)
Alimentos ricos en histamina. (iStock)

¿Y a qué se debe que una persona no sea capaz de eliminar la histamina que consume a través de la dieta? “En nuestra experiencia -señala Adriana Duelo- vemos claramente que hay un déficit de la enzima DAO, que es la encargada de degradar la histamina. Suele ser una cuestión genética, cuando se hace la historia clínica a menudo se ve que en la familia ya hay casos de piel atópica, migraña… Pero recordemos que lo que se hereda no es el síntoma, sino el déficit”.

Las otras causas

Pero no todo es debido a un déficit de DAO. Como explica Ismael San Mauro, hay otras causas posibles de histaminosis: “Puede deberse a una infección bacteriana, a un SIBO, a una permeabilidad intestinal… Son una serie de condiciones fisiopatológicas que pueden hacer que funcione peor el enterocito (la célula intestinal donde se sintetiza la enzima DAO)”. En este sentido, en investigaciones recientes se ha visto que algunas bacterias son capaces de generar de forma endógena mucha histamina en el organismo.

La causa puede estar también en el mastocito, la célula donde se aloja la histamina: “Hay personas con muchos mastocitos y, en consecuencia, fabrican una cantidad mayor de histamina; también puede suceder que los mastocitos se rompan y liberen más sustancia de la que deberían…”.

Se ha visto que algunas bacterias son capaces de generar de forma endógena mucha histamina

En conclusión, la histaminosis es una acumulación exagerada de histamina que puede provocar síntomas muy diversos. Lo que es diferente es su origen y la forma de llegar al diagnóstico: si se sospecha un déficit de DAO, se hará un análisis que mida la actividad de esta enzima; para estudiar los mastocitos, se mide en análisis de sangre la triptasa sérica; en el caos de la flora, se mide la orina a lo largo de 24 horas…

En cualquiera de los casos, la primera medida pasa por ajustar la dieta. “Sea cual sea el origen, está claro que comer alimentos ricos en histamina no va a ser de ayuda -apunta San Mauro-. Por eso se le enseña al paciente cómo debe comer”. Con él coincide Adriana Duelo: “Dado que el paciente tiene síntomas, lo inmediato es aplicar una dieta baja en histamina. A continuación hay que buscar el origen”.

Tabla de alimentos que favorecen la liberación de histamina. (Fuente: adrianaduelo.com)
Tabla de alimentos que favorecen la liberación de histamina. (Fuente: adrianaduelo.com)

Si el origen se debe a un déficit de DAO, “además de la restricción dietética interesa dar un suplemento de esta enzima para ayudar al organismo a arrastrar y eliminar la histamina que quede en el organismo y la que pueda entrar con la alimentación -explica Adriana Duelo-. No es un tratamiento de por vida: la idea es, a medida que el paciente va mejorando, ir ampliando la dieta e ir introduciendo poco a poco alimentos”.

Cuando el problema no es el déficit de DAO, “normalmente el cambio en la forma de alimentarse ya supone una considerable mejora -apunta San Mauro-. Pero es esencial seguir buscando la causa. Si se trata de bacterias oportunistas patógenas, o de SIBO, lo que hay que hacer es barrerlo con antibióticos o con el fármaco correspondiente, porque si no se trata la infección, o el sobrecrecimiento, el trastorno volverá. El problema es que no todos los especialistas conocen este tipo de problemas de forma global y se quedan cortos en el tratamiento”.

La polémica

No, no todos los especialistas son expertos en esto de la histaminosis. Más aún, hay una enorme controversia en la comunidad científica en torno a la histamina y, más especialmente, en torno al déficit de DAO. “Es un tema complicado -corrobora el doctor Luis Miguel Benito de Benito-. Unos dicen que existe, otros que no… Yo entiendo que hay una parte de verdad, pacientes a los que les va muy bien y hacen después proselitismo. Por otra parte, es cierto que muchas veces, en medicina convencional, se piensa que “si no sale en la radiografía, no existe”. Yo les digo constantemente a mis alumnos que hay muchísimas cosas que les suceden a los pacientes que no tienen un reflejo en pruebas. Y claro, en medio de ese batiburrillo surgen los profetas”.

“Es cierto que hace unos años hubo controversia -reconoce Adriana Duelo-. Fue a raíz de un trabajo sobre migraña e histamina, y un grupo de neurólogos debió de sentirse amenazado y rechazó la validez del estudio”. Se refiere Adriana Duelo a un estudio que apuntaba que el 90% de las migrañas se pueden tratar y prevenir con la administración de un suplemento de DAO. A partir de ahí, la Sociedad Española de Neurología hizo un comunicado en el que alertaba sobre la presunta falta de rigor de este trabajo. En aquel momento, además, se cuestionó que los responsables de la Sociedad Española del Déficit DAO formaran parte también de la empresa que comercializa los suplementos de la enzima.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

“Esta polémica ya quedó zanjada; de hecho, el artículo finalmente se publicó en 'Clinical Nutrition' -asegura Adriana Duelo-. Lo que debe quedar claro es que, salvo en los casos genéticos -en los que los pacientes deben suplementarse de por vida y no encuentran respaldo para que lo financie la seguridad social- lo importante es la dieta, y no tanto los suplementos. Es un cambio brutal: los pacientes mejoran mediante su alimentación. Además, hay más laboratorios que fabrican la enzima, no uno solo”.

Más allá de esta controversia, lo que sí sigue siendo cierto es que muchos profesionales piensan que se trata de una moda. “Esto no es un acto de fe -señala San Mauro-. Hay estudios desde los años 70, pero se produjo un antes y un después en 2007 a raíz de una publicación en 'American Journal of Clinical Nutrition' de dos investigadoras alemanas acerca de la histamina y su relación con síntomas. Hay colectivos muy reacios, pero lo que está claro es que, cuando toma una dieta baja en histamina, el paciente mejora. Negar la evidencia a estas alturas me parece un poco atrevido”.