Hasta hace cuatro años, la vida de Blas López Rueda era la propia de un urólogo jubilado. Pero un día su hija, de 36 años, le dijo que no se encontraba bien. Él la acompañó a ver a varios de sus compañeros, que le hicieron diversas pruebas sin encontrar nada anómalo y concluyeron que debía de tratarse de “algo psicológico”. Ella siguió consultando aquí y allá hasta que le dijo a su padre: “Me han dicho que tengo intolerancia a la fructosa. ¿Te miras a ver qué es eso?”. Y ahí cambió la vida de Blas: “Hice una inmersión para descubrir de qué estábamos hablando; como no necesito dormir mucho, empecé a dedicarle hasta 18 horas diarias. Y me di cuenta de que la idea inicial, que era que bastaba con cambiar la dieta, no era del todo cierta. Había mucho más detrás”.

Sí, había mucho detrás. Hoy, su nombre es bien conocido entre las personas aquejadas de intolerancias alimentarias… y de algunos otros trastornos muy relacionados. El nombre del grupo de Facebook que administra y dirige -y que está haciendo mucho ruido, sobre todo en Andalucía- nos da una pista de por dónde va la cosa: “Intolerancia a la fructosa, sorbitol, lactosa, DAO (Gluten, SIBO, parásitos)”. Y pronto se convertirán en asociación. “Nuestra finalidad: ayudar a los pacientes y difundir información, porque si no convencemos a los médicos de que el de las intolerancias es un problema real, esto no se solucionará. Detrás de las intolerancias hay cerca de 40 enfermedades que hay que saber buscar y tratar. Hay varios millones de personas que lo están pasando mal porque ni la sanidad pública ni los médicos estamos dando respuestas”.

"Millones de personas lo pasan mal porque ni la sanidad pública ni los médicos estamos dando respuestas"

Hoy estamos hablando con él para intentar ir más allá en lo que hay detrás de aquella intolerancia que le puso en el camino. La dichosa fructosa. “Cuando empecé en esto pensaba que era una enfermedad; hoy, en cambio, estoy convencido de que es más bien un síntoma que debe hacer pensar al médico que hay una enfermedad latente”.

Pero vayamos al origen. Cuando hablamos de que una persona padece intolerancia a la fructosa, en general nos encontramos con que tiene dos alteraciones: por una parte, un problema de malabsorción (es decir, su intestino delgado no es capaz de absorber toda la fructosa que llega hasta él; como consecuencia, esta fructosa sigue su camino, llega al intestino grueso y allí fermenta) y, por otra, una hipersensibilidad visceral: esta excesiva fermentación de la fructosa produce gases y estos gases le provocan muchos síntomas.

No todas las frutas producen los mismos síntomas. (iStock)
No todas las frutas producen los mismos síntomas. (iStock)

Bien, ya tenemos el cuadro inicial: tomo fructosa, no la absorbo, fermenta y me sienta fatal. Pero esto es una reacción en cadena, de modo que tendríamos que preguntarnos qué ha sucedido para que el intestino de una persona no pueda absorber la fructosa. “Esta malabsorción se debe a una alteración en las microvellosidades intestinales, provocada normalmente por un proceso inflamatorio consecuencia de distintas patologías. Detrás de una intolerancia a la fructosa es frecuente que haya un SIBO (o parásitos) u otras enfermedades en las que muchos médicos no terminan de creer. Y por eso, no las diagnostican”.

Una reacción en cadena

Como decíamos, es una reacción en cadena. Una cascada. “Si ese proceso inflamatorio crónico que da origen a la intolerancia a la fructosa no se diagnostica y continúa, puede terminar creando problemas en la absorción de grasas o proteínas, y provocar la permeabilidad intestinal, que, a su vez, producirá una actividad inmunitaria excesiva que podrá dar lugar a nuevos problemas, como enfermedades autoinmunes, alergias…”.

"Es esencial identificar cuál es el proceso inflamatorio que hay detrás de la intolerancia"

Madre mía. Hablar con López Rueda es echarse a temblar. Pero si nosotros queríamos hablar de la intolerancia a la fructosa… “Sí, pero es que si solamente se atiende a ese problema sin tener en cuenta todo lo demás, es pan para hoy y hambre para mañana. Porque la dieta FODMAP ayuda y mejora, pero en muchos casos es insuficiente. O abordas y curas la patología de base, o el problema se cronificará”.

Habla el doctor de la dieta FODMAP. Tiene sentido: si quieres eliminar los síntomas, tendrás que empezar por restringir aquellos alimentos que van a provocar mayores fermentaciones en el intestino grueso. En Alimente hemos hablado a menudo de los probióticos, de todas esas sustancias -fibras, polioles, almidón resistente…- que no podemos digerir y que sirven de alimento a nuestra microbiota. ¿Qué ocurre? Que cuando tenemos intolerancia a la fructosa, a esas sustancias se les añaden todas aquellas que nuestro intestino delgado fue incapaz de absorber porque está enfermo. Y los síntomas se multiplican.

Las legumbres, ricas en fructano, no están aconsejadas en la dieta FODMAP. (iStock)
Las legumbres, ricas en fructano, no están aconsejadas en la dieta FODMAP. (iStock)

“Ante una persona con intolerancia a la fructosa, la primera medida pasa por limitar los azúcares más fermentables. De ese modo controlamos la sintomatología -explica Mayca Carrillo, dietista-nutricionista especializada en intolerancias-. La idea es que esta fase no sea demasiado duradera, ya que es una dieta bastante restrictiva y no es conveniente mantenerla en el tiempo”.

Una vez que el paciente mejora, se trata de ir reintroduciendo, de uno en uno, los distintos azúcares. “Pero es algo que debe estar absolutamente supervisado por un especialista. No hay dos personas que vayan a tener una dieta igual, porque normalmente una intolerancia a la fructosa va acompañada de más problemas. Y, sobre todo, porque la clave es descubrir el porqué una persona no absorbe la fructosa”. Al igual que el doctor López Rueda, también Mayca Carrillo insiste en la importancia de saber qué hay detrás. “Según la enfermedad que esté latente, el paciente podrá comer unas cosas u otras. No es lo mismo que haya un SIBO, o un déficit de DAO, o un helicobacter…”.

Otro punto esencial es que las tablas de contenido de fructosa son “meramente orientativas, en realidad al final nos dan igual. Imagínate un alimento que tiene poca fructosa, pero mucho sorbitol. Te va a sentar fatal, porque el sorbitol dificulta la absorción de fructosa y agrava la sintomatología”. En cambio, si una fruta tiene tanta (o más) cantidad de glucosa que de fructosa, se neutraliza el problema. Es el caso de la papaya, la fruta que mejor se tolera porque tiene tanta fructosa como glucosa. Al final, concluye Mayca Carrillo, "el reto es conseguir una dieta baja en FODMAP… pero con suficiente fibra, porque solo así mantendremos la salud intestinal. Y eso pasa por identificar cuáles son las fibras que te dan menos síntomas. Muchas veces hay que buscar el mal menor"