Mientras que en verano la mayoría de patologías cutáneas mejoran al estar más en contacto con la luz solar, el otoño trae consigo el efecto contrario. Según multitud de estudios en la materia, esta época del año fomenta el agravamiento de las enfermedades ya existentes, convirtiéndose así en una de las estaciones con más problemas de sequedad y picor en la piel. Los cambios de temperatura, una menor exposición a la radiación ultravioleta y la aparición de hongos debido a la humedad aumentan el riesgo de sufrir deshidratación, lesiones pigmentarias, falta de brillo, descamación, acumulación de células muertas o incluso pequeñas heridas.

Entre las enfermedades más frecuentes en otoño destacan la dermatitis atópica, la psoriasis, el acné, la xerosis o el prurito cutáneo. Afortunadamente, “si la piel está sana, hidratada y perfectamente estructurada, los agentes que producen esas agresiones rebotan y no producen ningún daño en esa dermis. Sin embargo, si la piel está dañada, como ocurre en las enfermedades ya mencionadas, es más susceptible a que aparezcan problemas y consecuencias como picor e irritación”, explican desde el portal médico Web Consultas.

Si la piel está hidratada y sana, los agentes que producen esas agresiones rebotan y no hacen daño

Es aquí cuando entran en acción la utilización de cremas nutrientes, las prendas de tejido térmico, los baños rápidos de agua tibia y, por supuesto, la alimentación. Aunque pueda parecer un factor de poca importancia, la dieta que seguimos a diario tiene el poder de cuidar y proteger nuestra piel desde el interior del cuerpo, una cualidad mucho más poderosa que la de los elementos expuestos anteriormente. ¿Qué alimentos nos ayudan a resguardar la piel del frío otoñal?

Té verde

Según un estudio publicado en el 'Journal of the American College of Nutrition', esta bebida milenaria reduce los síntomas del resfriado y actúa como un potente hidratador de la piel. Además, ayuda a protegerla de los agentes cancerígenos, al matar las células dañadas bloqueando una proteína que estas necesitan para expandirse por el organismo.

Granada

Foto: iStock.
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La granada es una fruta rica en vitaminas A, C y E, potasio y otros minerales como el calcio o el fósforo. Esta gran cantidad de antioxidantes ayuda a combatir la inflamación cutánea, aumenta el flujo de la sangre, reduce el acné, lucha contra los síntomas del envejecimiento y supone una gran fuente de hidratación. Además, su poder regenerativo y antiinflamatorio se convierte en el mejor aliado de aquellas personas que padecen psoriasis y eccemas. Sin embargo, dentro de su composición, es el ácido elágico quien se lleva todo el protagonismo al fomentar la producción de colágeno.

Pescado azul

El pescado azul, rico en grasas saludables y omega 3, es un elemento fundamental para prevenir las enfermedades cerebrovasculares, bajar el colesterol, preservar los huesos fuertes y ralentizar el envejecimiento de los órganos, entre otras funciones. Sin embargo, una de sus propiedades más desconocidas está muy relacionada con la salud de la piel. Estas grasas insaturadas son capaces de regenerarla, proteger la membrana celular y, por lo tanto, evitar que se inflame o se seque con el cambio estacional. El atún o el salmón son las opciones más recomendadas.

Aguacate

Consumir un aguacate al día aporta multitud de nutrientes esenciales a la piel como las vitaminas E, A, D y B, y proteínas de alta calidad y fácil absorción. Estas aportan un extra de hidratación y luminosidad, y neutralizan los daños de los radicales libres, que contribuyen al deterioro celular de muchas enfermedades y al envejecimiento del organismo, según explica la Academia Española de Dermatología y Venereología. Por ello, esta fruta se ha convertido en un excelente producto natural para la cosmética.

Cacao puro

Foto: iStock.
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¿Eres un amante del chocolate y además quieres cuidar tu piel? Estás de enhorabuena porque los altos niveles de flavonoides -más concretamente de epicatequina- del cacao también hidratan y ablandan la piel, haciéndola más resistente a los agentes externos. Según un estudio en la materia, tomar una taza de chocolate al día durante doce semanas mejora la textura de la piel. Esto se debe a que aumenta el flujo sanguíneo, favorece el paso de nutrientes y el suministro de oxígeno.

Zanahoria

En verano, la zanahoria también forma parte de los alimentos más beneficiosos para nuestra piel, pues aporta una protección extra contra los rayos del sol. No obstante, sus propiedades cutáneas no acaban aquí. Se trata de una hortaliza capaz de eliminar las manchas y las cicatrices y mantener la elasticidad de la piel gracias al colágeno. El betacaroteno que incluye en su composición ayuda a reparar los tejidos y sus antioxidantes tratan enfermedades tan comunes en esta época del año como la dermatitis, el acné o las erupciones.

Frutos secos

Las almendras, las avellanas, las pasas, los dátiles o las nueces, entre otros frutos secos, son grandes aliados para la salud de la piel. En primer lugar, son ricos en vitaminas A, E y F, cuyo efecto antioxidante y antienvejecimiento mantiene la epidermis tersa y elástica. También aportan una buena cantidad de proteínas y ácido alfalinolénico, que protege y revitaliza la piel. Asimismo, evitan la aparición de arrugas prematuras y actúan como una barrera contra el frío y el aire del otoño.