La última revolución en el campo de la salud ha venido de la mano de una de las partes del cuerpo tradicionalmente más humildes… y menos atractivas para la divulgación médica: el intestino y su sorprendente universo bacteriano. A lo largo de los últimos años, las investigaciones en torno a la microbiota intestinal han dado un vuelco a la comprensión del cuerpo humano, de la salud y de la enfermedad y han supuesto una nueva manera de mirar y entender qué hay detrás de muchas patologías.

Sí, hemos hablado mucho -y seguiremos haciéndolo- de los microorganismos que se alojan en nuestras tripas. Pero hay otros bichos, otra flora, que también cumplen una relevante función en nuestro bienestar: hablamos de las bacterias que encontramos en nuestra boca. Hablamos de la microbiota oral.

Un 10% de la población no tiene nunca caries: está protegida por la bacteria Streptococcus dentisani

Las cifras son apabullantes: en nuestra boca encontramos más de 700 especies diferentes de bacterias, y en cada milímetro de saliva puede haber entre 10 y 100 millones de microorganismos. Un auténtico ecosistema de cuyo equilibrio depende nuestra salud, nos explica Alex Mira, director del laboratorio de Microbioma Humano en el Área Genómica y Salud de la Fundación FISABIO y uno de los más destacados expertos en microbiota oral a nivel internacional. “Es básico que comprendamos que gran parte de las bacterias que tenemos en nuestra boca cumplen una función. Hay microorganismos ‘buenos’ y también ‘malos’; todo es una cuestión de equilibrio”.

El beso y la caries

Nos lo explica con la historia de un beso y una casualidad. Unos años atrás, en una charla informal del equipo, una de las colegas comentó que ella pertenecía a ese privilegiado 10% de la población a la que nunca se le ‘picaban’ los dientes. Y añadió que su novio, desde que estaban juntos, tampoco había vuelto a tener caries. “Se nos encendió la bombilla -recuerda el doctor Mira- y nos planteamos la posibilidad de que ella le estuviera transfiriendo, a través de los besos, alguna bacteria protectora”.

En un beso de 10 segundos se comparten hasta 80 millones de bacterias.
En un beso de 10 segundos se comparten hasta 80 millones de bacterias.

Aquella fue la paciente ‘cero’. Se le tomaron muestras de la boca, se hizo un estudio del ADN de sus microorganismos y se comprobó que tenía unas bacterias únicas que no se encuentran en la inmensa mayoría de la población (esa inmensa mayoría que sí sufre las caries). “Recuerdo cuando pusimos en una misma placa de cultivo estas bacterias ‘sanas’ en contacto con las que producen la caries y vimos que estas no se podían desarrollar. Fue uno de los momentos más emocionantes de mi vida como investigador”.

Esta bacteria capaz de neutralizar a las que provocan la caries ha sido bautizada como ‘Streptococcus dentisani’ y es el punto de partida para desarrollar un alimento funcional, o una pasta de dientes o tal vez un chicle que contenga esta bacteria y ayude a prevenir la enfermedad. También fue el detonante de una investigación de la Organización para la Investigación Científica Aplicada (TNO), de Holanda, en la que se analizó la transferencia de bacterias entre parejas. La conclusión: en un beso de diez segundos se comparten hasta 80 millones de bacterias. Y entre quienes se dan nueve besos al día, la microbiota se vuelve similar.

Muchas de estas bacterias son beneficiosas. Por ejemplo, pueden regular la tensión sanguínea

Curiosidades aparte, una de las paradojas de nuestra muy ‘higiénica’ civilización es que a menudo identifica bacteria con enfermedad y tiende a arramblar con todo bicho viviente (nunca mejor dicho). “Es un error acabar con todas las bacterias, ya que muchas son beneficiosas -advierte Mira-. Por ejemplo, impiden que entren determinados patógenos, como las que provocan infecciones por cándidas o por hongos. Cuando tomamos antibióticos, o utilizamos antisépticos de forma continuada, se rompe el equilibrio de la microbiota oral, desaparecen estas bacterias que impiden el asentamiento de los patógenos oportunistas y entran a saco las especies dañinas”.

Otro ejemplo de función beneficiosa lo encontramos en un grupo de bacterias que producen óxido nítrico, un vasodilatador que regula la tensión. Un estudio llevado a cabo en la universidad Queen Mary de Londres ha mostrado que el empleo sistemático de enjuague bucal acaba con la flora bacteriana de la cavidad oral y conlleva, como consecuencia, un incremento en la tensión sanguínea.

La halitosis también se produce como consecuencia de un desequilibrio bacteriano.
La halitosis también se produce como consecuencia de un desequilibrio bacteriano.

Vemos la cara, pero también hay una cruz. Como decíamos al principio, es todo una cuestión de equilibrio: si este equilibrio se rompe en favor de las bacterias patógenas surgirá la enfermedad. Es fácil verlo en las patologías de la boca: si no nos cepillamos bien la boca se acumula placa dental, que provoca inflamación de encías y la producción de un tipo de suero, el líquido gingival, que ayuda a que estas bacterias nocivas proliferen, causando aún más inflamación que puede terminar desencandenando la enfermedad periodontal. En cuanto a la caries, el equilibrio se rompe por culpa del azúcar refinado, que fermenta por la acción de algunas bacterias; con la fermentación, se produce un ácido que baja el pH y provoca la muerte de algunos microorganismos, que no pueden vivir en ese medio ácido. En cambio, hay otras bacterias que sobreviven, crecen más y producen más ácido que desmineraliza el esmalte.

Problemas cardiacos

Pero el papel que juegan las bacterias patógenas no se limita a la boca, sino que pueden ocasionar también problemas a nivel sistémico. Veamos cómo. En principio, nuestra microbiota oral es distinta a la intestinal. Aunque se calcula que cada día tragamos entre tres cuartos y un litro de saliva al día -recordemos que en cada mililitro hay entre 10 y 100 millones de bacterias-, la mayoría de estas bacterias mueren a su paso por el estómago. Las que logran llegar al intestino no pueden sobrevivir en ese ambiente: son ecosistemas diferentes y cada especie suele estar en su sitio.

Las fusubacterium, unas cepas que se encuentran en la boca, están muy relacionadas con el cáncer de colon

El problema surge porque, en ocasiones, las bacterias de la boca logran llegar a otras partes del cuerpo. Y esas mismas bacterias que están tan tranquilitas en nuestra cavidad oral, cumpliendo su función, pueden complicarnos bastante la vida cuando se buscan otra ubicación. Así, por ejemplo, tenemos la cuestión de los microorganismos que recalan en las válvulas cardiacas y que pueden causar endocarditis. O, muy recientemente, se ha visto que detrás del cáncer de colon están las fusubacterium, unas cepas especiales que se encuentran en la boca. “No sabemos si llegan hasta allí a través de la saliva que tragamos, o porque entran en el torrente sanguíneo y pasan de ahí al intestino. Pero es una muestra de la importancia de una buena salud bucodental no solo para enfermedades de la boca, sino también sistémicas”.

Cáncer, colesterol, disfunción eréctil...

Si queremos más muestras, las encontramos en todas las complicaciones que pueden surgir como consecuencia de la periodontitis, nos advierte Alex Mira: "Se ha visto que mujeres que han sufrido en el embarazo esta enfermedad de las encías tienen un riesgo elevado de parto prematuro. También se relaciona con distintos tipos de cáncer, entre ellos el de mama, e incluso con dificultades para mantener la erección masculina".

Foto: iStock
Foto: iStock

¿Y qué pensarías si te dijéramos que detrás de la aterosclerosis no hay solo una alimentación rica en grasas y colesterol -como siempre se nos ha dicho-, sino una serie de bacterias que se encuentran en la boca? Así lo confirma una investigación que ha encontrado que las 'bacteroidetes' producen una serie de ácidos grasos que pueden llegar al torrente sanguíneo e inducir una reacción inflamatoria en la pared vascular.