Últimamente, el mundo parece dividirse entre los que creen a pies juntillas en las bondades de los productos ecológicos -tanto para el medio ambiente como para nuestra salud- y los que consideran que son puros eslóganes comerciales que únicamente buscan encarecer la cesta de la compra. Lo cierto es que el tema es altamente controvertido; así nuevos estudios y diversas opiniones de expertos no hacen más que alimentar la discrepancia.

Diferencias nutricionales indistinguibles

Sin ir más lejos, el bioquímico valenciano J.M. Mulet, muy conocido por su defensa a ultranza de lo transgénico, asegura que “la etiqueta de ecológico no quiere decir que estos productos sean más sanos, más buenos o más beneficiosos para el medio ambiente. Solamente se ajustan a la ley de producción ecológica, nada más”. Mulet sabe de lo que habla pues para la elaboración de su libro 'Los productos naturales ¡vaya timo!' -esta última expresión es simplemente la coletilla de la colección en la que se engloba la obra-, examinó concienzudamente los diversos estudios relacionados con los alimentos ecológicos. Todo ello con el propósito de desentrañar si de verdad existen diferencias nutricionales entre unos alimentos y otros. ¿Qué es lo que encontró? Que el aporte nutricional entre ambos, según destaca, resulta indistinguible.

Foto: iStock.
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Sin embargo, este libro, publicado en 2011, no pudo entrar a valorar las conclusiones que arroja el más reciente análisis sobre este controvertido tema hasta la fecha. Así, según un estudio científico publicado en la revista 'JAMA Internal Medicine', las personas que consumen productos ecológicos tienen un 25% menos de probabilidades de desarrollar ciertos tipos de cáncer -especialmente en el caso de cáncer de pecho y linfomas- que aquellos que ingieren comida procedente de la agricultura y la ganadería tradicional.

Existen diferencias nutricionales poco significativas entre los alimentos ecológicos y los tradicionales

Esta investigación es obra de un equipo francés liderado por el Instituto de Investigación Agronómica (INRA) y el Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica. Para su elaboración se tomaron los datos de cerca de 70.000 sujetos, de los cuales un 78% eran mujeres -dato que seguramente explica la mayor incidencia de cáncer de mama en la investigación-. Su media de edad se situaba en los 44 años.

¿Y qué explicación encuentran los expertos para este menor incremento del riesgo? Los investigadores barajan dos hipótesis. La primera de ellas es un mayor rastro de pesticidas en los alimentos de la agricultura convencional que acaban en nuestro organismo. La segunda se basa en un nivel mayor de micronutrientes como antioxidantes, carotenoides, polifenoles, vitamina C o ácidos grasos más beneficiosos en los alimentos orgánicos. Aunque esto último, recordamos, Mulet lo considera imperceptible. No obstante, los responsables de este documento llaman a la cautela pues reconocen que son precisas “nuevas investigaciones en otras poblaciones de estudio con distintos contextos”.

A medio camino entre ambos

Para ilustrar todo este tema debemos traer a colación un estudio científico anterior de carácter internacional encabezado por Axel Mie, profesor del departamento de Ciencias Clínicas y Educación del Instituto Karolinska (Suecia) que fue publicado en la revista 'Environmental Health' en octubre de 2017. Los responsables de este estudio confirman que sí existen variaciones en el valor nutricional, pero son más bien diferencias poco significativas, tal y como defiende Mulet. En concreto, los alimentos producidos de forma ecológica presentan “contenidos moderadamente más altos de compuestos fenólicos”, de los que se puede beneficiar nuestra salud. Por otra parte, consideran “probable que haya un menor contenido de cadmio en los cultivos de cereales ecológicos”. Conviene recordar que este elemento, según podemos leer en la web de la Organización Mundial de la Salud (OMS), “tiene efectos tóxicos en los riñones y en los sistemas óseo y respiratorio; además, está clasificado como carcinógeno para los seres humanos”.

Foto: iStock.
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Los autores del estudio también destacan que el menor empleo de antibióticos en la industria ecológica puede frenar la generación de bacterias resistentes. Lo cierto es que estamos ante un problema de calado mundial, pues se estima que más de 33.000 europeos mueren anualmente por infecciones causadas por patógenos que son inmunes a la administración de antibióticos. Así lo corrobora una investigación llevada a cabo por el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades.

Para luchar contra el cambio climático

Muchos consumidores abrazan la causa de los alimentos ecológicos no solo amparándose en sus supuestos beneficios para la salud, sino también porque los consideran la apuesta más acertada para proteger el medio ambiente. Así lo expone la Sociedad Española de Agricultura Ecológica-Agroecología (SEAE) en su estudio 'Prácticas agroecológicas de adaptación al cambio climático'. Según los autores de este documento, la artificialización de los sistemas productivos y el uso y abuso de productos químicos de síntesis han contribuido a un aumento de los gases de efecto invernadero responsables del cambio climático.

A este respecto, según explica en su web la periodista Brenda Chávez, autora del libro 'Tu consumo puede cambiar el mundo', la agricultura industrial implica un “mayor gasto de energía y agua, además de contaminar los ríos y el aire”. “A menudo favorece a grandes empresas, o latifundistas, y se llevan a cabo en grandes monocultivos que suelen arrasar con las especies anteriores a su implantación, e incluso desplazan a las comunidades”, asegura también en un artículo publicado en su web.