Una vez más nos topamos con una dieta que no hace más que confirmar la vieja recomendación de Hipócrates de que el alimento sea tu medicina y la medicina tu alimento. En concreto, hablamos de la dieta MIND. Su nombre es el acrónimo de Mediterranean-DASH Intervention for Neurodegenerative Delay, que podemos traducir como 'dieta de intervención para el retraso neurodegenerativo'. ¿Su propósito? Que nuestra alimentación nos sirva para ponernos a buen recaudo de dolencias como el alzhéimer.

Conviene recordar que esta enfermedad es un desorden neurológico degenerativo que ataca a las neuronas del cerebro y ocasiona una demencia progresiva. Hasta el momento, no tiene cura, pero este régimen parece gozar de efectos preventivos. En concreto, se apoya en los resultados del estudio elaborado por investigadores de Chicago (Estados Unidos) sobre el alzhéimer y la demencia. Según estos expertos, el seguimiento de esta dieta puede ayudarnos a reducir en un 53% el riesgo de padecer esta enfermedad siempre que lo sigamos a pies juntillas.

Sin embargo, incluso si no seguimos a rajatabla sus preceptos dietéticos, podemos obtener un beneficio que los autores del estudio han cifrado en un 35%. La investigación, llevada a cabo por expertos en Nutrición de las universidades de Harvard y Rush, es el fruto de diez años de investigación tras recabar los datos referidos a hábitos de alimentación de 900 ciudadanos norteamericanos con edades comprendidas entre los 58 y los 98 años.

Foto: iStock.
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Lo cierto es que, según reconocen sus ideólogos, la nutricionista Martha Clare Morris y sus colegas, esta dieta es una combinación de la dieta DASH (Dietary Approaches to Stop Hypertension), cuya traducción es 'abordaje dietético para frenar la hipertensión', y nuestra benéfica dieta mediterránea. Según Morris, la dieta MIND también es más sencilla de seguir comparada con la mediterránea, pues esta última requiere un “consumo de tres a cuatro porciones diarias de fruta y verduras”.

Dado que estamos ante una dieta que deja en tan buen lugar el aceite de oliva, no es de extrañar que entre sus patrocinadores figure INNOLIVA, una empresa especializada en la producción y exportación de aceite de oliva, que está colaborando con el departamento de nutrición de ambas universidades. Esta empresa se encarga de suministrar el aceite de oliva virgen extra que toman los sujetos del estudio.

¿Qué es lo que propone la dieta MIND?

En concreto, los responsables de su elaboración proponen diez grupos de comida considerados sanos para el cerebro:

  • Verduras de hoja verde

  • Otras verduras

  • Frutos secos

  • Arándanos

  • Legumbres

  • Cereales integrales

  • Pescado

  • Pollo

  • Aceite de oliva

  • Vino (una copa al día)

Morris, la autora principal de la investigación, ensalza especialmente uno de estos productos: “Los arándanos son uno de los alimentos más potentes en términos de protección del cerebro”. Lo cierto es que a priori puede resultar llamativo que esta especialista únicamente mencione dicha fruta, mientras que el resto las considera, al parecer, prescindibles. Sin embargo, sí que coloca a la fresa casi a la misma altura que el arándano rojo: “Las fresas también se han desempeñado bien en estudios anteriores del efecto de los alimentos en la función cognitiva”.

Foto: iStock.
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En esta dieta se admiten pequeñas concesiones a cinco grupos de alimentos que considera poco saludables como la carne roja, la mantequilla y la margarina, el queso, las pastas y dulces, además de la comida frita o rápida. “Cuanto más tiempo una persona consuma la dieta MIND, menor será el riesgo de desarrollar alzhéimer”, asegura Morris.

Vitamina E, vitamina B12 y folatos

Todos los expertos coinciden al afirmar que dicha enfermedad tiene una base genética indudable pero, como apunta José Enrique Campillo, médico y experto en nutrición, en su libro ‘Comer sano para vivir más y mejor', nuestra alimentación es determinante. “Hoy sabemos que, como sucede con otras muchas enfermedades de base genética, podemos activar estos genes perjudiciales, o bien mantenerlos en silencio, sin que den la cara, según sea nuestra alimentación y nuestro estilo de vida”, asegura este médico.

Campillo destaca también el papel de la vitamina E: “Al ser una grasa se disuelve en la grasa de las membranas de las neuronas y ejerce allí su efecto protector”. Esta vitamina la encontramos en el pilar de nuestra querida dieta mediterránea. Sí, el aceite de oliva. Al igual que en los frutos secos, en las semillas de los tomates y en los pimientos.

Se ha comprobado que los arándanos son uno de los alimentos que más protegen nuestro cerebro

Este experto defiende que para la salud de nuestro cerebro debemos “consumir grasas poliinsaturadas abundantes en los pescados, sobre todo los azules, en mariscos y en los frutos secos”. Además, en su libro nos recomienda que no perdamos de vista dos vitaminas que son capaces de bloquear el aumento en el cerebro de la homocisteína, cuya acumulación en las neuronas contribuye a la demencia.

¿De cuáles hablamos? Del folato, que abunda en vegetales de hoja, en cereales integrales y en los alimentos fortificados en ácido fólico; y de la vitamina B12, que encontramos en las carnes y en algunos productos del mar, como el pulpo.