Antiguamente los reyes, los papas y los más potentados la sufrían, por eso se llegó a popularizar como una dolencia de ricos. ¿La causa? La dieta de estos gentiles hombres y mujeres que se alimentaban profusamente de carnes rojas y mariscos, productos que no faltaban en su mesa y que el pueblo llano prácticamente conocía de oídas. Sin ir más lejos, Felipe II, cuyo reinado se extendió desde 1556 hasta su muerte en 1598, padeció esta enfermedad de la que por entonces se ignoraba prácticamente todo.

Entre los síntomas se encuentran rodillas hinchadas, fístulas en la mano e insuficiencia renal

Así, la gota irrumpió en su vida en 1568 y le acompañó durante treinta atormentados años. Esta cruel enfermedad se cebó con las articulaciones y su lecho de muerte fue toda una clase magistral sobre los peligros del ácido úrico: una rodilla hinchada que supuraba, fístulas en su mano derecha, ambos pies en un pésimo estado y una importante insuficiencia renal. Sin embargo, los tiempos han cambiado y la dieta de algunos se ha vuelto también de reyes, para lo bueno y para lo malo. No en vano, está aumentando su prevalencia ya que cada vez encontramos más personas aquejadas por esta dolencia. Pero antes de avanzar en este artículo, vamos a ver cuál es la causa de tan terrible enemigo.

Las peligrosas purinas

El ácido úrico se forma durante la descomposición de las purinas, que se encuentran en ciertos alimentos y cuya producción también tiene lugar en el cuerpo de manera natural. Lo habitual es que el ácido úrico se elimine a través de los riñones sin mayores repercursiones en la salud. No obstante, ciertas personas pueden sufrir problemas renales que les dificulten esta función o consumir unas ingentes cantidades de proteína y que, sencillamente, los riñones se vean desbordados. También es cierto que la hiperuricemia -cifras elevadas de ácido úrico- puede estar causada por problemas subyacentes como, por ejemplo, un caso de hipotiroidismo en el que la glándula tiroides no produce la cantidad suficiente de ciertas hormonas importantes.

Inflamación de las extremidades, uno de sus síntomas. (iStock)
Inflamación de las extremidades, uno de sus síntomas. (iStock)

En tales circunstancias, los cristales de ácido úrico se van acumulando en las articulaciones, los tendones y los riñones, dando origen a la artritis gotosa, también conocida popularmente como 'gota', acompañada de un dolor sin parangón.

¿Qué hacer ante semejante cuadro clínico? Afortunadamente, se puede atajar con una dieta adecuada que destierre los alimentos ricos en proteínas o, al menos, apueste por un consumo esporádico. Otra carta que debemos jugar es la de la hidratación. Por lo tanto, el agua puede ayudarnos a superar esta enfermedad. También es posible que el facultativo opte por recetar medicamentos si el caso presenta cierta severidad.

Alimentos como los espárragos, los champiñones y los tomates pueden ser contraproducentes

Así, una dieta para evitar que los niveles de ácido úrico se descontrolen supone eliminar los mariscos, ya sean frescos o enlatados, y las carnes rojas como la ternera, el cerdo, el cordero o el buey. Lo cierto es que tener un problema de ácido úrico en fechas como las que se aproximan exige una gran fuerza de voluntad, pero seguro que librarse de ese inoportuno dolor merece el esfuerzo. No obstante, la lista no acaba ahí, pero este segundo grupo de alimentos parece más fácil de eludir:

  • Pescados azules tales como las sardinas o el salmón.
  • Vísceras como los sesos, las mollejas o el hígado.
  • Embutidos grasos como, por ejemplo, el chorizo.
  • Las legumbres son excelentes y la base de la dieta mediterránea, pero quizás no sean lo más conveniente para una persona con el ácido úrico elevado.
  • Las verduras y hortalizas pueden consumirse, pero debemos echar el freno con los espárragos, los champiñones, las espinacas, los puerros y los tomates.
  • Otros productos que debemos proscribir de nuestra mesa son las bebidas alcohólicas, los refrescos azucarados, los zumos, la bollería industrial y los alimentos deshidratados.
  • Los quesos muy curados también debemos evitarlos.
  • Tampoco la cerveza es recomendable.

Cómo evitarlo

Ante tal panorama, muchos se preguntarán: ¿qué debemos comer entonces? ¿Cuáles son nuestras opciones? Por suerte, muchísimas y todas ellas sabrosas. Así, entre las frutas podemos citar las fresas, las manzanas, las naranjas, el pomelo y las mandarinas. Todas ellas nos proporcionan vitamina C, pues según un estudio de 2005, dirigido por el Dr. H. Y. Huang y publicado en 'Arthritis Rheumatoid', grandes dosis de esta vitamina pueden ayudar a reducir la cantidad de ácido úrico en sangre ya que facilitan la excreción de uratos por vía rectal y urinaria. En algunos casos incluso se recomiendan suplementos de esta vitamina.

Los niveles de ácido úrico también se pueden rebajar a través del consumo de verduras ricas en apigenina. Hablamos de un bioflavonoide que inhibe la enzima xantina-oxidasa, encargada de transformar las purinas en ácido úrico. Esta beneficiosa sustancia se halla en el apio, el ajo, la cebolla, el perejil, la manzanilla o el tomillo.