Estar bien hidratados es necesario y beber agua es una buena práctica frente a otras bebidas como las gaseosas, o los refrescos azucarados. Sin embargo, independientemente de cómo ingiramos los líquidos, podemos pasarnos, que es tan peligroso como quedarnos cortos.

El agua ayuda a la función renal, pero estar permanentemente bebiendo de nuestra botella en el trabajo o en casa puede ser un gran problema. Se conoce en medicina como sobrehidratación: un punto en el cual tu cuerpo no puede asimilar más cantidad. A partir de ese momento, puedes fundir literalmente tus riñones, además de encharcar las células e incluso provocar una afección en el cerebro y el coma.

El exceso nos hace perder sodio además de sales y provoca una peligrosa caída de la presión arterial

Una práctica en principio saludable se convierte así en algo bastante peligroso si nos descuidamos y acabamos ingiriendo mucho más de los dos litros o dos litros y medio en el caso de que seamos adultos, según el criterio de la EFSA -Agencia de Seguridad Alimentaria de la UE-, una cantidad menor para los niños, aunque no se dan muchos casos.

Nuestro cerebro tiene mecanismos para regular la cantidad de agua que necesitamos enviándonos señales como la sed, si nos hace falta, o activando la sensación de saciedad, si hemos bebido suficiente. No obstante, tanto los valores que establece la EFSA como las señales cerebrales se ven alterados si cambian variables como la actividad física, la temperatura o el esfuerzo.

Defensa del cerebro

Es decir, por una parte los dos litros o dos litros y medio de agua de media se alteran si hacemos deporte, como correr o ir al gimnasio, que nos provocará un mayor desgaste y deshidratación por la actividad muscular y por tanto nos exigirá más agua.

Corte transversal de los riñones. (iStock)
Corte transversal de los riñones. (iStock)

Esto puede hacer que se trastoque el mecanismo de saciedad y sed. Y lo más importante, puede crearnos un cierto hábito de beber agua en exceso, lo que conlleva el riesgo inmediato de que el cuerpo pierda el sodio y otras sales minerales. Por esa razón, muchos deportistas ingieren con moderación bebidas isotónicas que contienen electrolitos y sales, o llevan la cuenta de la cantidad de agua y el ejercicio realizado.

Muchos deportistas calculan la cantidad ingerida o toman bebidas isotónicas, que contienen electrolitos

En ocasiones excepcionales y de forma opuesta a la señal de la sed, el cerebro puede activar una defensa ante el exceso de agua, que consiste en una especie de cortocircuito que bloquea la función de tragar, tal y como publicaron hace dos años los investigadores de la Universidad de Melbourne, si bien no siempre se desencadena.

Intoxicación y coma

Lo que ocurre cuando perdemos sodio es lo que se denomina una intoxicación debido al exceso de agua, que provoca una peligrosa caída de la tensión arterial, lo que se conoce como hipotensión. Se manifiesta a veces con dolores de cabeza, mareos y calambres, porque la sangre no llega al cerebro, ni a los músculos. Son los síntomas previos a otras complicaciones más graves.

En otras ocasiones puede que el exceso de agua sea acumulado en tejidos grasos o musculares, que no conlleva demasiado riesgo, pero puede acabar en cambio en el cerebro, donde produce mucho más daño. Como su estructura no es flexible, el líquido hace que aumente la presión intracraneal, un potencial riesgo de sufrir daños cerebrales, el coma e incluso la muerte en casos extremos.

No podemos superar nunca los seis litros por día ni tampoco ingerir más de uno en una hora

Básicamente, más allá de la regla general de los dos litros de agua, tenemos que ser conscientes de que no se pueden beber nunca más de seis litros de agua al día, ni tampoco se debe superar la barrera de un litro por hora, que es aproximadamente la cantidad máxima que pueden procesar los riñones de un adulto. Esto es fácil de observar por el color de la orina. Si en vez de amarilla es incolora, indica que nuestros riñones están dejando de procesar el líquido, momento en el que habría que dejar de beber.

Trastorno obsesivo

Un litro por hora parece mucho, pero se puede alcanzar muy rápido si cogemos la costumbre de dar pequeños pero repetidos sorbos a una botella de agua u otras bebidas que pueden ser más dañinas. En casos graves se puede considerar incluso un trastorno de la conducta, como la bulimia o la anorexia, ya que sin darnos cuenta podemos desarrollar una ingesta compulsivo-obsesiva.

Para no caer en una conducta que puede dañar la salud es importante no obsesionarse y beber cuando se tiene sed. A fin de cuentas, todos los alimentos contienen una mayor o menor proporción de agua, por lo que también nos hidratamos si no contienen demasiada sal.