La antropóloga y poeta estadounidense Margaret Mead escribió: "Es más fácil cambiar la religión del hombre que su dieta". En los últimos tiempos se ha empezado a entender que lo que la antropóloga escribió irónicamente sobre la actitud del sexo masculino, en realidad, puede tener una razón de ser biológica: la microbiota. Mucho se está descubriendo sobre este conjunto de microorganismos que habitan en lo más profundo de nuestros intestinos y que si está en perfecto estado, es capaz de realizar funciones vitales que nuestro cuerpo no puede llevar a cabo por sí mismo.

El problema respecto a este componente fundamental de nuestra salud es que sabemos extraordinariamente poco de él. Cada día aparecen investigaciones nuevas que descubren otra pieza del puzle, pero no encajada. Solo otra pieza más. Para llevar a cabo ese proceso que 'descubra' qué es qué, cómo y por qué es así, hace falta una colaboración masiva entre todos los científicos que dedican su vida al estudio de la microbiota, pero esto nunca es fácil.

"Va a permitir realizar estudios metagenómicos de las bacterias presentes en los alimentos probióticos"

Para solucionar este problema, Alexander Tyakht, Daria Efimova, Anna Popenko, Anatoli Vasilyev y el resto del equipo de la Universidad ITMO de San Petersburgo y la Academia de Ciencias de la Universidad Estatal de Moscú, en Rusia, han creado una herramienta revolucionaria: Knomics-Biota. Una web diseñada como herramienta para profesionales que permitirá a científicos de todos los rincones del mundo crear simulaciones de diferentes configuraciones de microbiotas para estudiar sus efectos, como saber qué vitaminas o sustancias beneficiosas producen y en qué proporción.

El metagenoma

Saber el código genético de una bacteria es útil, hasta cierto punto: se puede averiguar qué produce e incluso cómo reacciona ante diferentes estímulos, como determinados tipos de alimentación. El problema es que no hay solo un par de especies de bacterias viviendo en nuestros intestinos, sino más de 10.000. Estos fueron los resultados de uno de los estudios más ambiciosos sobre la flora gastrointestinal, el Human Microbiome Project, de los Institutos Nacionales de la Salud estadounidenses (NIH por sus siglas en inglés). Este trabajo, publicado en 2012, fue el que estableció cuál es la combinación mas 'sana' de bacterias en nuestro organismo. Por supuesto, da igual cómo de bien hecho estuviera (se hizo con 242 voluntarios sanos de Estados Unidos, a los que se les analizaron más de 5.000 muestras de diversos tejidos). En los últimos 6 años, infinidad de trabajos científicos han demostrado no solo que el NIH podría estar equivocado, sino que no sabemos casi nada sobre esta parte fundamental de nuestro organismo.

Foto: iStock.
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Ahora, gracias a la creación de los científicos rusos más arriba mencionados, ya no van a ser solo 212 pacientes los que determinen lo que sabemos sobre una microbiota sana, o sus relaciones con determinadas afecciones, o cómo algunas alteraciones también la hacen enfermar, al igual que algunos antibióticos; van a ser cientos de miles de pacientes y millones de muestras, tanto de personas sanas como de personas con algún tipo de padecimiento en su flora gastrointestinal.

Para lograrlo, Alexander Tyakht, Daria Efimova y su equipo no piensan centrarse en el código genético de una única bacteria, sino en el de las 10.000, o dicho de otro modo, en el metagenoma de nuestra flora intestinal. Además, permite el acceso de cualquier tipo de profesional a millones de datos, por lo que a la población científica se le ponen las cosas mucho más sencillas (cosa que no está nada mal).

Ventajas extra

No acaban aquí los beneficios de esta nueva creación. Como expone la autora principal de artículo, Daria Efimova: "Gracias a la flexibilidad de este sistema, no son solo las microbiotas intestinales las que se pueden analizar e investigar. La información que ya estamos obteniendo de diversos estudios puede utilizarse, por ejemplo, para realizar análisis y estudios metagenómicos de las bacterias presentes en los probióticos (comidas que contribuyen a la repoblación y diversidad de nuestra flora intestinal, dado que están repletos de bacterias 'buenas')". Esto significa que los siguientes alimentos serán analizados en el futuro para comprobar sus verdaderos aportes a nuestra flora gastrointestinal, aunque, a día de hoy, sabemos que son beneficiosos para nosotros:

  • Chucrut. Col sometida a un proceso de fermentación láctica.
  • Kéfir. Leche fermentada gracias a levaduras compuestas de hongos y bacterias (en concreto, lactobacillus).

Foto: iStock.
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  • Yogur. Leche fermentada a una temperatura constante, muy similar al proceso del kéfir, pero que solo sufre la acción de los lactobacillus y no de hongos.
  • Kombucha. Té con azúcar fermentado gracias a la acción de hongos y bacterias, en concreto xylinum y oxidans, que producen, después de metabolizar el azúcar alcohol etílico, gas carbónico y ácido acético.
  • Tempeh. Soja fermentada que en algunas cocinas se usa como sustitución de la carne.

Qué podemos esperar

Por supuesto, en lo que a microbiota se refiere, podemos decir que esto no ha quedado así. Hay infinidad de descubrimientos que el ser humano puede (y va a) hacer en los próximos años. Eso sí, gracias a estos científicos rusos, van a llegar antes de lo esperado, dejando claro que en la colaboración se encuentra el verdadero avance de la humanidad.