El síndrome del intestino irritable (SII), también conocido como síndrome del colon irritable, es una dolencia cuyas causas no están del todo claras, y tampoco hay pruebas que la diagnostiquen, pero que padece entre el 10% y el 20% de la población en algún momento de su vida.

Se trata de un trastorno funcional crónico del tubo digestivo y sus síntomas, si bien no suelen ser graves, sí pueden llegara a resultar muy molestos y desde luego afectan a la calidad de vida. Los más comunes son el dolor abdominal recurrente (al menos un día a la semana), hinchazón abdominal, náuseas, saciedad precoz al comer y desórdenes intestinales que pueden causar tanto estreñimiento como diarrea, o una combinación de ambas circunstancias. No se trata de una enfermedad en sí misma, ya que el intestino está sano, lo que sucede es que no funciona bien. Solo el 10% de las personas que sufre SII acude al médico para que lo diagnostique y lo trate y sin embargo es una de las principales causas de absentismo laboral en nuestro país.

La alimentación es una aliada para combatir los molestos síntomas de este trastorno hasta hacerlos desaparecer

Si nos vemos con este problema es importante acudir al especialista en aparato digestivo, ya que hay pautas muy efectivas que mejorarán los síntomas hasta, en muchos casos, eliminarlos. Una de las mejores herramientas para lograr este fin la encontramos en la alimentación.

En 2008 un equipo de expertos australianos crearon la dieta baja en FODMAP para paliar los síntomas del SII y dos años después la Asociación Británica de Dietética la incorporó como tratamiento para las personas que sufren esta dolencia. En nuestro país, la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD) también la recomienda para estos pacientes, siempre bajo supervisión médica y de forma personalizada.

Los lácteos, restringidos. (iStock)
Los lácteos, restringidos. (iStock)

¿En qué consiste? La explicación se encierra en su nombre, acrónimo en inglés de oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables (Fermentable Oligo-Di-Monosaccharides And Polyols). Y el consumo de los alimentos que contienen estas sustancias (carbohidratos fermentables de cadena corta) es precisamente el que hay que limitar, ya que el sistema digestivo de estos pacientes suele tolerarlos mal. El intestino delgado no consigue descomponerlos y absorberlos por completo, por lo que provocan gases y el resto de síntomas ya comentados. Para evitar este malestar se recomienda, por tanto, seguir la dieta baja en FODMAP.

Alimentos que conviene evitar al principio

En concreto, ¿qué alimentos son los que debemos consumir en menor medida? Los que contienen estos compuestos:

  • Fructosa: Se encuentra en frutas, algunas de consumo muy común (manzanas, peras, sandía, mango) y sus derivados, así como en la miel y en los siropes. También puede encontrarse, según indica un estudio de la gastroenteróloga Carolina Figueroa, en carnes procesadas y en yogures saborizados.
  • Lactosa: Presente en la leche, los yogures, los quesos, los helados...
  • Fructanos: En el trigo, el ajo, la cebolla, la alcachofa, los guisantes, el puerro y los espárragos.
  • Galactanos: En las legumbres.
  • Polioles: Presentes en frutas como los albaricoques, las nectarinas, los melocotones, las ciruelas, las cerezas... Y en edulcorantes como la isomaltosa y todos los que terminan en '-ol' (manitol, xilitol, sorbitol...).

En resumen, los alimentos altos en FODMAP son muchos, la mayoría de consumo habitual y muy saludables. ¿Esto qué significa? Que estamos ante una dieta muy restrictiva, que prescinde de ingredientes ricos en nutrientes esenciales para una alimentación equilibrada, algunos de ellos necesarios para proteger la flora intestinal. Estos son los motivos por los que el control por parte de un especialista en aparato gástrico es esencial a la hora de seguir esta dieta.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

La parte buena, que la hay, es que este tipo de alimentación solo hay que mantenerla a corto plazo, de forma temporal; que funciona y que los síntomas del SII desaparecen a los pocos días de empezar a seguirla.

Los principales estudios sobre la dieta baja en FODMAP se han llevado a cabo en la Facultad de Medicina de la Universidad de Michigan. Quizá el más relevante es el publicado en la revista 'Gastroenterology', en el que se demostró cómo este tipo de alimentación mejora la calidad de vida y del sueño y reduce los síntomas en pacientes con síndrome de intestino irritable. De hecho, este equipo de investigadores asegura que cuando los alimentos ricos en FODMAP se eliminan de la dieta, el 75% de los pacientes con SII ve cómo sus molestias disminuyen o incluso desaparecen.

La clave de la dieta está en detectar los alimentos concretos que sientan mal a cada paciente para evitarlos

Estos científicos, con la doctora Shanti Lynn Eswaran a la cabeza, han puesto en marcha una web informativa, myginutrition.com. Y proponen dos fases muy concretas a la hora de poner en práctica la dieta: La primera consiste en evitar todos los alimentos ricos en FODMAP, teniendo en cuenta que la alimentación debe seguir siendo variada. Habrá que decantarse por frutas y verduras bajas en FODMAP (melón, uvas, kiwi, fresas, espinacas, zanahorias, judías verdes...). Encontrarás una lista completa de estos alimentos permitidos, proporcionada por la propia Universidad de Michigan, aquí.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Después de la primera fase de eliminación, que durará entre dos y cuatro semanas y en la que si el problema es un síndrome de intestino irritable los síntomas habrán mejorado notablemente, llega la de 'reintroducción', que consiste en ir incorporando poco a poco los alimentos de cada uno de los cinco grupos altos en FODMAP, lo que llevará de seis a ocho semanas. Al ir probándolos uno a uno el paciente podrá determinar con facilidad qué alimentos en concreto son los que su intestino tolera peor y los que sin embargo sí podrá digerir sin problemas. El objetivo final es encontrar la dieta baja en FODMAP personalizada, ya que no hay dos cuerpos que reaccionen igual ante los distintos alimentos.

Más cambios para sentirse mejor

Según la doctora Eswaran, "al principio la dieta es muy restrictiva, pero una vez que los pacientes pasan por todo el proceso y descubren lo que pueden y no pueden comer, en realidad lo encuentran liberador. Porque a la larga ven que pueden comer sin temor a que lo que toman les cause síntomas no deseados".

Además de favorecer el consumo de determinados alimentos en detrimento de otros, hay más formas de combatir el SII. La Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD) aconseja realizar cinco comidas al día, dedicando a cada una de ellas al menos 20 minutos; evitar el tabaco y el alcohol; tomarse tiempo para ir al baño y acudir en cuanto el cuerpo lo pida; evitar en la medida de lo posible el estrés; realizar actividad física a diario, como mínimo durante media hora; y confiar en el especialista, así como tener claro que los síntomas que provocan este trastorno son molestos, sí, pero en ningún caso van asociados a enfermedades graves, lo cual es un consuelo.