Llega un momento en la vida en el que, de repente, la hipertensión hace acto de presencia. Así, la mayoría de nosotros se ve abocado a recurrir a la pastilla que nos receta el médico de cabecera para mantener a raya a este enemigo silencioso que, si dejamos a su aire, puede ser el causante de problemas dispares. En concreto, según explican en el portal médico MedlinePlus, puede comportar enfermedades del corazón, accidentes cerebrovasculares, insuficiencia renal, problemas en los ojos y otras dolencias de importancia.

La presión arterial se define como la fuerza ejercida contra las paredes de las arterias a medida que el corazón bombea sangre a su cuerpo; mientras que la tensión arterial es la forma en que las arterias reaccionan a ella. Ciertos hábitos o condiciones fisiológicas pueden predisponernos a que suba más allá de lo saludable. Por ejemplo, el estrés o la ansiedad, el abuso del alcohol, un excesivo consumo de sal, la diabetes y el tabaquismo nos hacen un flaco favor.

Al rico sodio

Muchos creen que poniendo coto a la sal y el alcohol todo se resuelve, pero hay muchos más flancos alimenticios que conviene tener vigilados. Por lo tanto, cualquier hipertenso debe desterrar de su dieta los siguientes productos, pues suponen toda una oda al sodio:

  • Bollería industrial. Os sorprenderá saber que en estos alimentos hay sodio a mansalva. Así, no conviene bajar la guardia ante un producto dulce, pues esto no quiere decir que esté exento de sodio.

  • Los embutidos y otros productos cárnicos como las salchichas, el paté, el jamón serrano o la morcilla.

  • Quesos frescos y curados.

  • Salsas de tomate.

  • Pescados -como el atún, el surimi o el boquerón- y mariscos en conserva.

  • Los frutos secos que se venden como aperitivos aderezados con sal.

  • Las aceitunas.

  • Sustancias excitantes como la cafeína producen un aumento de la presión arterial.

Por lo tanto, parece evidente que el primer dogma de esta dieta es optar por alimentos frescos, que suelen tener una concentración de sal mucho más baja que los precocinados, como nos advierten desde la Fundación del Corazón. Y un consejo que nunca falla es leer el etiquetado de los productos. “Únicamente de esta manera podremos compararlos entre sí y elegir aquellos con un contenido bajo en sal”, recomiendan en este organismo consagrado a la salud cardiovascular.

Foto: iStock.
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Además, el orden de los sumandos sí que altera el sodio del producto. Para evitar sorpresas, debemos estar atentos al orden en el que aparece la palabra sal. Quienes no lo sepan, la lista de ingredientes de cualquier producto se coloca de mayor a menor. Por lo tanto, recalcan desde esta fundación, “cuanto antes aparezca la palabra sal en la lista de ingredientes, mayor proporción contiene. Por ello, es aconsejable escoger los productos en los que la sal esté hacia el final de la lista”.

Es aconsejable optar por alimentos frescos, pues suelen tener una menor concentración de sal

A veces también será preciso tirar de las matemáticas para saber exactamente a qué volumen de sodio nos enfrentamos al escoger un producto: “Debemos tratar de elegir siempre alimentos que contengan menos de 0,5 gramos o 500 miligramos de sodio por cada 100 gramos de producto. Si queremos calcular cuánta sal tiene un producto, debemos multiplicar la cantidad de sodio por 2,5, ya que un gramo de sodio equivale a 2,5 gramos de sal”, añaden.

Ajo hasta en la sopa y plátano de postre

Al igual que existe una lista de alimentos de los que conviene huir por el bien de nuestra tensión, hay otros productos a los que debemos rendir pleitesía pues nos ayudan a reducirla. Así, un grupo de médicos en Australia llevó a cabo un estudio con 50 individuos para ver si los suplementos de ajo ayudan a reducir la tensión arterial alta en pacientes que regularmente toman fármacos para controlarla. Dicha investigación demostró que los participantes que habían tomado cuatro cápsulas de extracto de ajo al día evidenciaban una menor presión arterial, con respecto a los que se les administró placebo.

Foto: iStock.
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Los expertos de este estudio aconsejan que quienes deseen comprobar en sus propias carnes el efecto del ajo en la tensión -en forma de suplementos o incluso comiendo cantidades muy elevadas en la comida- deben consultar antes a su médico. Conviene recordar que el ajo puede interactuar con algunas medicinas.

Podemos rematar nuestro ágape de ajo con el plátano. Así, gracias al potasio presente en esta fruta, reducimos la hipertensión arterial. Y, de paso, conseguimos cubrir el 15% de las necesidades diarias de potasio de un adulto.

La dieta DASH

Dado que la tensión alta es un problema bastante frecuente en las sociedades occidentales, cada vez encontramos más estudios al respecto e incluso se ha ideado una dieta encaminada a ayudar a rebajar la tensión: la dieta DASH. En castellano, la podemos traducir como Enfoques Dietéticos para Detener la Hipertensión. Dicho régimen, por cierto, presenta muchas similitudes con la mediterránea y asegura que podemos controlar la tensión con una buena ofensiva dietética.

No es de extrañar que la dieta DASH haya sido catalogada, junto con la nuestra, como una de las mejores del 2018 por el ranking que elabora cada año la publicación 'US News World Report'. La tercera en la lista, por cierto, sería la flexivegetariana.