Hormigueos, calambres musculares, varices, edemas o dilataciones, pies fríos en invierno e hinchados en verano. Estos son algunos de los desagradables y molestos síntomas que delatan la aparición de problemas de circulación sanguínea, siendo las piernas las grandes damnificadas. No es una dolencia nueva ni poco frecuente; de hecho, afecta al 70% de la población, con una mayor incidencia en el población femenina, según el capítulo de Flebología y Linfología en colaboración con Cinfa.

Sucede como consecuencia de la deformación o pérdida de elasticidad de las paredes de las venas -que son las encargadas, junto con los músculos, de impulsar la sangre hasta el corazón-, las cuales carecen de la fuerza necesaria para impulsar la sangre. Por ello, este tejido líquido, a falta de un impulso y por la fuerza de la gravedad, tiende a acumularse en las piernas. Las causas que desencadenan los problemas de circulación son múltiples -la genética, el tabaco o el alcohol, el exceso de peso, una mala alimentación, estar durante mucho tiempo de pie o sentado-, pero existe una que prevalece sobre las demás: el sedentarismo.

Los problemas circulatorios afectan al 70% de la población, pero en mayor medida a las mujeres

Por lo tanto, mantener un correcto flujo sanguíneo es primordial para garantizar la salud del sistema circulatorio y, por ende, nuestro bienestar personal. Un problema al que es preciso poner remedio si no queremos enfrentarnos a un mal mayor, como lo es la insuficiencia venosa crónica, es decir, la incapacidad permanente de las venas para propiciar el adecuado retorno de la sangre al corazón. Una vez más, la alimentación es una excelente aliada para tal cometido, en tanto que hay alimentos cuyas propiedades constituyen una ayuda inestimable. ¿Cuáles son los que ayudan a propiciar la circulación sanguínea?

Ajo

Foto: iStock.
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Recurrente en la cocina, ya sea como condimento o como ingrediente principal, esta hortaliza es un dechado de virtudes nutricionales. Además de las ya conocidas propiedades antioxidantes, antisépticas y antibacterianas, también ayuda a paliar los problemas circulatorios. La razón es que es rica en vitamina B, la cual actúa reduciendo los niveles de hemocisteína, un aminoácido que influye en el desarrollo de enfermedades cardiovasculares y, además, provoca el endurecimiento de las arterias -arterioesclerosis-. Por lo tanto, consumir este alimento, sobre todo en ayunas, puede ayudarnos a sobrellevar estos problemas.

Kale

Foto: iStock.
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Aunque su capacidad para fortalecer el sistema inmunológico la ha hecho valedora de una gran popularidad, lo cierto es que la vitamina C es una excelente coadyuvante de la circulación sanguínea. Tal y como apunta Phyllis A. Balch en su libro 'Prescription for Nutritional Healing', dicha vitamina fortalece las arterias y los capilares y previene la formación de coágulos, ayudando a que la sangre fluya mejor y, por tanto, evitando problemas circulatorios. Aunque la reina de la vitamina C es la naranja, también hay otros muchos alimentos que contienen cantidades nada desdeñables como el limón, el pimiento rojo, la coliflor, el brócoli, el tomate, el perejil o el kale.

Tomate

Foto: iStock.
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Cherry, de pera, corazón de buey... Existen más de cien clases de esta colorida y sabrosa hortaliza, muy asidua en nuestras mesas, ya sea en ensaladas, sola o como ingrediente en otras elaboraciones. Además, es una gran aliada de la circulación sanguínea. La razón estriba en que es rica en vitamina C -26 miligramos por cada 100 gramos- que, como hemos mencionado, ayuda a que la sangre fluya correctamente. También contiene licopeno, un antioxidante que, además de conferirle el intenso color que le caracteriza, estimula la circulación de la sangre y mantiene las arterias y las venas sanas. Asimismo, el tomate contiene hierro, un mineral sumamente importante para el buen estado de la sangre.

Sandía

Foto: iStock.
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Esta fruta cucurbitácea, además de ayudar a sobrellevar el intenso calor estival y aportar numerosos beneficios nutricionales, es igualmente magnífica para paliar los problemas circulatorios. Al igual que el tomate, es rica en licopeno, cuyas propiedades ya hemos comentado, y citrulina, un aminoácido que reduce la presión sanguínea y mejora la función arterial. Además, el 90% de su composición es agua, que ayuda a mantener los niveles hídricos y a mejorar el suministro de nutrientes a las células sanguíneas.

Chiles

Chiles.
Chiles.

El intenso sabor picante de esta variedad de pimiento le imposibilita pasar inadvertido ante el comensal, obligándolo a tomar posiciones. La responsable de dicho gusto es la capsaicina. Esta sustancia, además de incrementar nuestra sensación calórica, ayuda a reducir la presión arterial y constituye un excelente estimulante de la circulación de la sangre. La razón es que tras su ingesta se produce inmediatamente una activación de los receptores encargados de provocar la sensación de calor y se incrementa el ritmo cardíaco. Ante esto, el cuerpo reacciona aumentando el riego sanguíneo.

Jengibre

Foto: iStock.
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Las civilizaciones antiguas, como la china, la griega o la romana, ya utilizaban este rizoma con finalidades medicinales. Su particular aroma y el sabor picante que le caracterizan constituyen sus elementos diferenciadores y los que le han hecho valedor de un hueco en nuestra gastronomía. Además de sus propiedades antiinflamatorias, antieméticas y analgésicas, el jengibre también es un excelente coaligado del buen flujo sanguíneo. Contiene, como los chiles, capsaicina que promueve el riego sanguíneo, mejora la elasticidad de las venas y las arterias, y controla la actividad cardíaca.