La flora intestinal, también llamada microbiota, está formada por la compleja comunidad de microorganismos que viven en nuestro sistema gastrointestinal y cuya existencia supone un beneficio para nuestro cuerpo. Son, de alguna manera, 'bacterias buenas' que regulan el desarrollo y la función de las barreras mucosas y nos protegen frente a otros gérmenes, estos sí con malas intenciones para nuestra salud.

La microbiota la conforman trillones de células microbianas de cientos de especies distintas de bacterias, que empiezan a colonizar nuestro cuerpo desde el nacimiento y funcionan como si de un órgano se tratase. Es de una plasticidad tremenda, no hay dos personas con una misma flora y en un mismo individuo varía en función de factores asociados a la dieta, la edad, el índice de masa corporal, el sexo o las enfermedades sufridas. Pequeños cambios en ella pueden suponer auténticos choques para nuestro bienestar. De hecho, distintos estudios relacionan una flora alterada con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, metabólicas, renales e inmunológicas.

El secreto de nuestra salud se esconde en la microbiota y el grupo étnico al que pertenezcamos influye en ella

Son ya muchos los científicos que aseguran que la clave de nuestra salud global se encuentra en el intestino, en mantenerlo en perfecto estado de revista. Y una nueva investigación, realizada conjuntamente por el Instituto de Genética de la Universidad de Vanderbilt y el departamento de Biología Celular de la Universidad de Minnesota, ahonda en esta idea: cuanto más sepamos de la microbiota, cuanto mejor y con más precisión la conozcamos, mejor podremos actuar sobre ella para que nuestra salud se vea reforzada.

Foto: iStock.
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El análisis de este equipo de investigadores se realizó sobre 1.673 estadounidenses, hombres y mujeres de distintas edades y pesos y, esto es lo más importante, de distintos grupos étnicos. Existen enfermedades crónicas que afectan en mayor medida a unas etnias que a otras, con lo que aquí, en la composición bacteriana de su intestino, se puede encontrar una clave, hasta ahora desconocida, de por qué sucede esto. Los resultados, así lo han constatado: tras analizar doce bacterias distintas, más allá del resto de factores, el más relevante en cuanto a las diferencias en los microbiomas intestinales de unas personas y otras se encuentra en la etnia a la que pertenecen.

Esto supone un paso esencial para futuros estudios, que presumiblemente podrá traducirse en actuaciones cada vez más personalizadas sobre la microbiota con el fin de prevenir y tratar enfermedades. De este modo lo asegura el biólogo Seth Bordenstein, uno de los autores de esta investigación: "El genoma humano es igual al 99,9 por cien entre dos personas, así que lo que realmente es interesante es explicar las grandes variaciones existentes entre la flora intestinal de una persona y de otra. Y si comparamos las diferencias entre grupos de personas según su etnia, encontramos características estables y permanentes de bacterias presentes en el intestino. Con más estudios de este tipo podremos centrarnos en las diferencias y las dosis relevantes de bacterias que pueden revertir las enfermedades o prevenir que lleguen a desarrollarse".

¿Es necesario tomar probióticos?

Hasta que esta prometedora etapa para la medicina se convierta en una realidad tangible, ¿qué podemos hacer para mantener nuestra flora sana? Hemos hablado con la doctora Anna Costa, bióloga, dietista-nutricionista perteneciente al Colegio de Dietistas-Nutricionistas de Cataluña (CODINUCAT), y nos comenta que "intervienen muchos factores, desde nuestro estado de ánimo a la dieta y mediante ellos podemos ayudar a que nuestra propia microbiota se llene de las especies más beneficiosas".

Uno de los consejos que todos hemos escuchado más habitualmente es consumir probióticos (microorganismos vivos que cuando son administrados en cantidad adecuada confieren un efecto beneficioso sobre la salud del huésped, según la definición de la Organización Mundial de la Salud). Se encuentran en yogures y lácteos fermentados, además de en suplementos en forma de cápsulas, pero sus beneficios parecen no ser tan fabulosos como creemos.

Foto: iStock.
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Según comenta el doctor Bordenstein, "puedes comprarlos en la farmacia y tomarlos, pero no van a afectar a tu microbioma de un modo relevante. Con frecuencia son dosis demasiado bajas y puede que ni siquiera sean bacterias viables". La doctora Costa añade que "estos microorganismos se han sobreestimado. Por un lado, la mayoría de ellos no pasan la barrera gástrica y los que consiguen pasarla sufren un rozamiento bajando por el intestino, con lo que los pocos que superan el primer obstáculo se acaban rompiendo por rozamiento.Y si no lo hacen, aún tienen que llegar a la molécula diana que tiene que ayudar... Es mucho querer. Todos los estudios que se han presentado sobre las declaraciones nutricionales beneficiosas para nuestra salud de los probióticos, como que mejoran el sistema inmune, a la EFSA, organismo que vela por la salud de los consumidores europeos, se han tumbado".

"Debemos basar nuestra dieta en alimentos de origen vegetal y el aceite de oliva será la grasa prioritaria"


Entonces, ¿podemos proteger la flora intestinal mediante la dieta? Como señala Anna Costa, sí, es posible favorecer su salud mediante una correcta alimentación. Aconseja "basar nuestra dieta en alimentos de origen vegetal. Y luego ir incorporando los alimentos de origen animal, en función de las opciones individuales, en menor cantidad a lo largo del día. Pero la base deben formarla alimentos como las verduras y hortalizas, las frutas y los frutos de cáscara, sobre todo las legumbres, las semillas oleaginosas y los cereales, preferiblemente en formato integral. El aceite de oliva virgen extra será la grasa de adición prioritaria y después irían los alimentos de origen animal, como pescados, huevos y carnes blancas, dejando las carnes rojas para ocasiones más esporádicas. Los lácteos podemos tomarlos a diario sin problemas. Y por supuesto, deberíamos evitar todos los productos ultraprocesados".

La fibra, una gran aliada

Ya hace dos años un equipo de la Universidad de Lovaina apuntó también a la fibra como sustancia asociada a una microbiota sana. En un estudio sobre más de 1.000 personas, que publicó la revista 'Science', se comprobó que las que optan por el pan integral (el pan es la principal fuente de carbohidratos en la población belga) tienen una flora más diversa (y cuanto más diversa, mejor para la salud) que los que lo toman blanco, elaborado con harinas refinadas.

Foto: iStock.
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Uno de los investigadores de este trabajo, el doctor Jeroen Raes, es optimista en cuanto a las múltiples posibilidades de aplicación médica que tendrá en el futuro conocer a fondo la flora. Sin embargo, también asegura que falta mucho para conocer el ecosistema de la microbiota al cien por cien. Y estima que se necesitarán más de 40.000 muestras humanas más antes de llegar a conocer por completo la diversidad de nuestra flora intestinal.

Mientras llega ese momento, el consejo es que a la hora de organizar nuestra dieta habitual digamos sí a un alto consumo de productos vegetales y de fibra y no al exceso de grasas. Estaremos favoreciendo así nuestra salud intestinal y, con ella, nuestro bienestar general.