El final de diciembre y el principio de enero traen consigo excesos de todo tipo, entre ellos los que tienen que ver con la comida... y la bebida. Durante estas fechas las celebraciones se suceden y no siempre es fácil controlar las cantidades que ingerimos. Sin embargo, con el nuevo año comienzan también los buenos propósitos y uno de los más comunes, que si llevamos a cabo puede hacer mucho por nuestra salud, es dejar de lado el alcohol.

Una interesante forma de conseguirlo es apuntarse al 'Dry January'. Se trata de una iniciativa llevada a cabo por la organización británica Alcohol Change que consiste justamente en eso, en comenzar el año diciendo adiós a las bebidas con graduación y no probar el alcohol durante todo el mes. Una nueva investigación, a cargo del doctor Richard de Visser, de la Universidad de Sussex, ha analizado cómo les ha ido a 800 personas que siguieron esta campaña el año que acaba de concluir.

El 71% de las personas que no beben alcohol en enero ve cómo su descanso nocturno mejora y el 58% adelgaza


Los resultados son los siguientes: el 82% de los participantes tomó conciencia de su relación con el alcohol, el 76% aprendió más sobre sus hábitos de consumo (cuándo y sobre todo por qué bebían), el 71% se dio cuenta de que no necesitaba beber para divertirse, el 70% norón cómo su salud general se vio beneficiada, el 71% vio cómo mejoraba su sueño y descanso nocturno, el 67% comprobó que se encontraba con más energía... y el 58% de ellos perdió peso.

Además, más de la mitad de los participantes notaron cómo mejoraba su capacidad de concentración y tenían una piel mucho más limpia y sana; y aparte de la salud, el 88% ahorró dinero.

(iStock)
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Como señala el doctor De Visser, "el simple acto de pasar un mes alejados del alcohol ayuda a la gente a beber menos a largo plazo. En agosto, las personas que no bebieron nada en enero tenían un día a la semana libre de alcohol más en comparación con el año anterior. Las mejoras también se han visto en aquellos participantes que no completaron el mes de enero, aunque en menor medida".

Un hábito que puede cambiar vidas

Según el doctor Richard Piper, miembro de Alcohol Change UK, "dicho de forma simple, no beber durante enero puede cambiar vidas. Y lo mejor es que no se trata solo de enero. Pasar 31 días sin beber alcohol nos muestra que no lo necesitamos para divertirnos, para relajarnos, ni para socializar. Esto supone que el resto del año estamos más preparados para tomar decisiones sobre nuestros hábitos frente a él, y nos ayuda a evitar consumirlo más de lo que realmente queremos hacerlo".

Además, para Piper, "la mayoría de nosotros hemos oído hablar de los riesgos del alcohol para la salud, pero quizá no sepamos que beber menos tiene efectos inmediatos sobre ella, como dormir mejor, tener más energía, una piel mejor, perder peso...".

Un consumo elevado y frecuente de alcohol puede llevar a una mayor acumulación de grasa a largo plazo


Obviamente, dar a tu cuerpo un descanso de alcohol va a ser siempre algo positivo, pero los beneficios serán mayores si reducimos su consumo a largo plazo. El alcohol es un factor causal de más de 200 enfermedades y trastornos (entre ellos cirrosis hepática, distintos tipos de cáncer, enfermedades cardiovasculares y mentales, además de multiplicar el riesgo de sufrir accidentes). Según la Organización Mundial de la Salud, cada año se producen en el mundo 3,3 millones de muertes debido a su consumo, lo que supone el 5,9% del total de las defunciones.

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En cuanto a su relación con la ganancia de peso, es clara, sobre todo si el consumo de alcohol es elevado. Uno de los principales motivos es que el alcohol inhibe la oxidación de las grasas, por lo que un consumo frecuente podría llevar a una mayor acumulación de grasa corporal a largo plazo. Además, lo que nos aporta son 'calorías vacías', esto es, que no van acompañadas de nutrientes, por lo que podemos prescindir totalmente de él sin que nuestra alimentación se vea comprometida.

Un reciente estudio del departamento de Medicina Preventiva de la Universidad de Kansas, publicado en American Journal of Preventive Medicine, ha mostrado cómo el consumo regular de bebidas de alta graduación en adultos jóvenes se asocia con mayor riesgo (el 41%) de aumento de peso y de transición a la obesidad. Y otra investigación, realizada en la Universidad de Uppsala (en Suecia) y publicada en Obesity, relaciona el consumo elevado de alcohol con la ganancia de grasa abdominal, lo que explica que cause un mayor riesgo de que quienes beben de ese modo tengan un mayor riesgo de padecer diabetes tipo 2.

¿Qué se entiende por beber con moderación?

Un equipo de científicos especializados en obesidad, del Eastern Ontario Research Institute, en Canadá, han revisado los distintos estudios existentes sobre los efectos del alcohol en el peso y sus conclusiones, publicadas en Current Obesity Reports, señalan que debido a que la obesidad es una enfermedad multifactorial es difícil concretar la influencia del alcohol sobre ella. Pero también aseguran que hay evidencias científicas suficientes para señalar que el alcohol es un factor de riesgo para la obesidad especialmente en personas que lo consumen en altas dosis.

Las bebidas de alta graduación, así como los cócteles ricos en azúcares, aportan grandes cantidades de calorías vacías (además de sus efectos negativos sobre la salud anteriormente citados), por lo que cuanto menos lo consumamos, mejor. Respecto al resto de bebidas alcohólicas, ¿qué hacer? Según la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC), las bebidas fermentadas, como el vino, la cerveza, el cava o la sidra, deben consumirse con moderación. No deben sobrepasarse las dos unidades al día en varones adultos y algo menos (1-1,5 unidades) en mujeres adultas, teniendo en cuenta que una unidad equivale a una copa de vino (80-100 ml) o a un botellín de cerveza de 200 ml.