Conocido también como esteatosis hepática, su incidencia mundial es del 20% en personas adultas y un 5% en menores (para los casos de hígado graso no alcohólico). Se trata, además, de una enfermedad cada vez más frecuente, sobre todo en los países occidentales.

  • ¿Qué es?

    El hígado graso (con o sin fibrosis) se denomina enfermedad grasa del hígado no alcohólica (EHGNA) y es una patología que engloba múltiples afecciones hepáticas que afectan a las personas que beben muy poco o nada de alcohol. Su principal característica es una gran acumulación de grasa en las células del hígado. Habitualmente, este órgano posee cantidades pequeñas de ella (alrededor de un 10% de su peso). Sin embargo, cuando la acumulación es excesiva y supera esta cantidad nos encontramos con la llamada esteatosis hepática. La EHGNA, normalmente, se presenta en grado 1 o 2, por lo que no suele presentar complicaciones, ni avanzar a estadios más graves ni causar síntomas. Sin embargo, un pequeño porcentaje de afectados puede presentar una afección más grave, la llamada esteatohepatitis no alcohólica (EHNA). En estos casos, la acumulación de grasa se relaciona con una inflamación más elevada de las células hepáticas y diferentes grados de fibrosis, lo que puede derivar en cirrosis. Algunos pacientes que la padecen podrían terminar requiriendo un trasplante de hígado. Esta enfermedad también se produce en otros pacientes, pero por causa directa del consumo de alcohol.

  • ¿Cuáles son sus causas?

    Aunque se desconoce la razón exacta por la que algunas personas acumulan grasa en el hígado y otras no, y existe además una comprensión limitada del motivo por el que algunos hígados grasos desarrollan inflamación que puede llegar a progresar hasta la cirrosis, se sabe que tanto el EHGNA como la esteatosis hepática no alcohólica están relacionados con diversos factores de riesgo. Entre ellos: sobrepeso, obesidad, resistencia a la insulina, tener un nivel elevado de glucemia (hiperglicemia) que indica prediabetes o diabetes tipo 2 o poseer niveles altos de grasas en la sangre, en particular los triglicéridos. Asimismo, las personas con concentraciones anormalmente elevadas de colesterol (tanto el total, como el LDL o el HDL), con síndrome metabólico (o una o más características del mismo), también tienen más riesgo de padecer la enfermedad. Sucede, también, en aquellas con circunferencia grande de la cintura o presión arterial alta. Algunas investigaciones científicas han apuntado, además, la posibilidad de que algunos genes pueden estar implicados en su desarrollo. Se debe tener en cuenta también que otras patologías, como el síndrome de ovario poliquístico, la apnea del sueño, el hipotiroidismo o el hipopituitarismo, pueden elevar las probabilidades de sufrir hígado graso.

  • ¿Cuáles son los principales síntomas?

    Desafortunadamente, generalmente no presenta síntomas. Y cuando lo hace se presentan en forma de: agrandamiento del hígado, fatiga, malestar general, cansancio, pesadez, dolor en la zona superior derecha del abdomen. Además, los posibles signos de la esteatosis hepática son hinchazón abdominal, vasos sanguíneos dilatados justo debajo de la superficie de la piel o bazo dilatado, agrandamiento del pecho en los hombres, palmas de las manos enrojecidas y color amarillento de la piel o de los ojos.

  • ¿Cómo se diagnostica?

    Por lo general, la sospecha inicial de EHGNA suele proceder en pacientes con sobrepeso o con obesidad con resultados ligeramente elevados en los exámenes hepáticos realizados durante cualquier análisis habitual de sangre. La ecografía suele ser la primera prueba de imagen a prescribir, pero si con ella no se puede observar bien el hígado, se puede recomendar un TAC o una RM. No obstante, la única prueba determinante de la enfermedad es la biopsia hepática. Asimismo, el Fibroscan o elastografía hepática permiten estimar el grado de fibrosis.

  • ¿Cuál es el tratamiento?

    La primera línea del tratamiento es, generalmente, perder peso a través de una combinación de una dieta saludable y ejercicio. Asimismo, se debe evitar el consumo de cualquier medicamento que predisponga a la enfermedad, controlar la diabetes y reducir los niveles de colesterol y triglicéridos. En los casos de hígado graso alcohólico, la suspensión total de la bebida es la pauta inicial. La vitamina E y las tiazolidinedionas (como rosiglitazona o pioglitazona, que se utilizan para tratar la diabetes) pueden ser de alguna ayuda en el tratamiento del hígado graso que no está causado por el consumo de alcohol. Es posible, además, que el especialista indique la vacuna de la hepatitis A y B para ayudar a proteger el hígado de los afectados. Para aquellos que ya han desarrollado cirrosis debido a la esteatosis hepática no alcohólica, el trasplante del hígado es una opción terapéutica, con buenos resultados.

  • Pautas dietéticas

    La composición de la dieta afecta a la acumulación de grasa y la inflamación hepática. Por lo tanto se debe realizar un control de calorías que favorezca la pérdida de peso. Es fundamental aumentar el consumo de fibra, reducir los azúcares simples y las grasas saturadas, aumentar los ácidos grasos omega 3, utilizar con moderación aceite de oliva virgen y suprimir cualquier tipo de bebida alcohólica. Se debe prescindir de cualquier alimento azucarado, de la leche de vaca y, por el contrario, aumentar el consumo de frutas y verduras, así como de alimentos ricos en vitamina A, C, E y selenio como, por ejemplo, pescados azules, tomate, espinacas, brócoli, pimientos, nueces, aguacate. Además, es necesario mantener una buena hidratación y practicar ejercicio físico.