No eres solo lo que comes, sino también cuándo lo comes. Eso es lo que preconizan las dietas basadas en los ritmos circadianos. Así, según ciertos estudios, al llegar la noche, a partir de las 20:00 horas, la sensibilidad a los glúcidos que nos aportan los azúcares e hidratos de carbono es menor y, por lo tanto, por la tarde se digiere peor. La palabra circadiano deviene del latín, donde 'circa' significa 'alrededor de' y 'diano' quiere decir 'día'. ¿Y por qué debemos amoldarnos a este ritmo? Esto es porque, queramos o no, el astro rey sigue rigiendo nuestra vida a pesar de nuestra afición a la luz eléctrica. A fin de cuentas, poco ha cambiado nuestra naturaleza desde los inicios de la especie humana.

Para entender la importancia de los ritmos circadianos cabe recordar que el último premio Nobel de medicina ha recaído en los estadounidenses Jeffrey Hall, Michael Rosbash y Michael Young por sus descubrimientos acerca de un tema que afecta a la vida de todos los seres vivos. De hecho, pasar por alto nuestro reloj interno tiene implicaciones no solo en la báscula, sino también en el desarrollo de enfermedades como el cáncer, otras de tipo neurodegenerativo, diabetes tipo 2, trastornos del sueño, depresión o la formación de recuerdos.

No comer después de las tres de la tarde

Lo cierto es que la dieta circadiana fue ideada en 1992 por dos médicos italianos llamados Mauro Todisco y Paolo Marconi amparándose en principios de la cronobiología, la cual defiende que cuando el cuerpo está al máximo rendimiento, la comida no se convierte en grasa y, al contrario, si estamos en reposo, cualquier alimento nos engordará.

Ciertos estudios han demostrado que comer tarde puede engordarnos y cenar pasadas las 8 también

Estos dos entendidos aseguran que lo importante no son las calorías, sino la hora escogida para consumirlas. Por lo tanto, no hay razón para privarnos de nada siempre que lo hagamos respetando unos horarios. Incluso es factible adelgazar tres kilos con esta dieta.

Desde entonces diversos estudios e investigadores han llegado a idénticos resultados. Así, la doctora Marta Garaulet, catedrática de Fisiología y Nutrición de la Universidad de Murcia y profesora visitante en la Universidad de Harvard (EEUU), afirma en diversas entrevistas que nuestra tolerancia a la glucosa desciende drásticamente durante la noche. Además, un estudio de Garaulet publicado en 2013 en la revista 'International Journal of Obesity' evidenció que comer antes de las 3 de la tarde nos ayuda a perder más peso.

Y si existe una hora mejor para meternos una buena ración de carbohidratos, esta es, sin duda alguna, las 12 del mediodía. Al menos, a esa conclusión llegaron Garaulet y Frank Scheer, de la Universidad de Harvard. En cambio, esa tolerancia disminuye hasta cuatro veces durante las horas nocturnas.

También los desayunos copiosos resultan la mejor estratagema para combatir el sobrepeso. “La primera comida del día aporta energía para las tareas de la jornada, ayuda al funcionamiento del cerebro y pone en marcha el metabolismo del cuerpo, que es crucial para perder peso y mantenerse”, asegura Daniela Jakubowicz, profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad de Tel Aviv (Israel), y responsable de numerosos estudios que se han realizado en torno a esta materia.

El desayuno, el pistoletazo de salida

Y si cabía alguna duda, Jakubowicz las clarifica al segundo con semejante sentencia: “El desayuno es la comida que regula con más éxito la grelina, la hormona que controla el apetito”. Incluso ciertos investigadores aseguran que tomar algo dulce en el desayuno colma nuestras necesidades de azúcar para el resto del día. Por lo tanto, dado que por la mañana nuestra capacidad de metabolizar los azúcares es mucho mejor, haríamos bien en aprovecharnos de esta feliz circunstancia.

Foto: iStock.
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En suma, ir contra nuestro reloj biológico arroja un saldo de kilos de más, como demuestra el estudio llevado a cabo en 2009 por el investigador Fred Turek, de la Universidad de Northwestern (EEUU). Turek demostró que las ingestas nocturnas de comida favorecen la obesidad. En concreto, empleó ratones a los que impuso una dieta hipergrasa con la misma cantidad de calorías y gasto energético. A la mitad del grupo se le alimentaba durante el día y a la otra mitad durante la noche. El resultado no pudo ser más elocuente pues los ratones habituados a los ágapes nocturnos engordaron más que los que lo hacían de manera diurna.

De esta manera, si optamos por la modificación de los horarios de las comidas podemos lograr una bajada de peso. No obstante, no podemos ser tan simplistas y pensar que adelantando las comidas y cenas se acabó el problema, pues también es preciso comer saludablemente. Asimismo debemos tener una vida físicamente activa y dormir lo suficiente. Esto último no es baladí, pues diversos estudios corroboran que un sueño deficitario puede causar obesidad. “Si tenemos un sueño fragmentado o dormimos poco, por ejemplo, menos de siete horas, engordamos, y esto sucede en adultos y también en niños”, ha explicado Garaulet en diversas ocasiones.