Según la Academia Americana de Microbiología, en el tracto digestivo de los seres humanos, "hay 3 veces más bacterias que células tiene la totalidad del organismo". Sí, son mucho más pequeñas, pero tienen funciones fundamentales para nuestra salud y bienestar. Por ejemplo, sabemos que se ocupan de metabolizar y dividir ciertos nutrientes, como la vitamina K y la B7, que nuestro cuerpo no puede procesar por sí mismo. Además, se relaciona su composición (dado que no la forman solo un tipo de bacterias, sino cientos) con determinadas enfermedades mentales como el párkinson.

En los últimos años, la ciencia ha centrado mucho su atención en los efectos de la flora intestinal sobre nuestra salud, siendo cada día más conscientes de su importancia. Ahora, los científicos Mayara Grizotte-Lake, Guo Zhong, Kellyanne Duncan, Irina Smolenski, Nina Isoherranen, Jay Kirkwood, Namrata Iyer y Shipra Vaishnava ,de la Universidad de Brown, en Estados Unidos, han descubierto que existe una relación más que importante entre la flora bacteriana y nuestro sistema inmune y la inflamación. Esto abre la puerta a nuevos métodos de investigación frente a una gran diversidad de enfermedades, como la de Crohn.

"Es un descubrimiento muy importante para entender y tratar enfermedades autoinmunes e inflamatorias"

En su trabajo, los investigadores descubrieron que los microorganismos que viven en nuestro intestino y que presentan una relación de simbiosis con nosotros (por nuestra parte les aportamos un ecosistema apropiado para su supervivencia y los nutrientes que ellos necesitan, y ellos realizan trabajos fundamentales que no podemos llevar a cabo por cuenta propia) tienen, además, la capacidad de regular nuestro sistema inmunitario.

Esto se debe a que, por listo que sea nuestro organismo, capaz de identificar y recordar amenazas para ser capaz de neutralizarlas, también tiende a atacar a organismos que no son, en absoluto, perjudiciales. Pero resulta que la microbiota (sana) es capaz de convivir pacíficamente con nuestro sistema inmune. Los científicos han descubierto que las bacterias son capaces de regular la cantidad de vitamina A en el interior de nuestro tracto digestivo, lo que tiene una influencia directa sobre la actividad de las defensas. "Es un descubrimiento que puede resultar muy importante para entender y tratar enfermedades autoinmunes e inflamatorias", explica Shipra Vaishnava, una de las autoras.

Foto: iStock.
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Para hacernos una idea de lo grande que es este descubrimiento y de la simbiosis que tenemos con los microorganismos de nuestro interior, solo hay que decir que más de 100 billones de bacterias han evolucionado y se han adaptado al interior de nuestro cuerpo, un lugar bastante hostil, y han aprendido a realizar funciones vitales para nosotros, tanto que sin ellas enfermaríamos gravemente o, directamente, moriríamos.

Cómo ayuda a nuestra salud

Para empezar desde un punto de vista global, la deficiencia de vitamina A es un problema de salud muy serio que afecta a gran parte de la población de África y del Sudeste Asiático. Comprender el rol que juegan algunos microorganismos, como la bacteria clostridia, en la producción y mantenimiento de buenos niveles de vitamina A (cuya deficiencia provoca ceguera, función inmune alterada y malformaciones de nacimiento). Pero no solo eso, como especifican los investigadores, "los cambios en los niveles de vitamina A coinciden con variaciones en la actividad de las enfermedades inflamatorias como el colon irritable".

Foto: iStock.
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Y la lista de enfermedades afectadas por esto no se reduce al ya mencionado síndrome del intestino irritable, sino que también incluye la enfermedad de Crohn, la diverticulitis o la colitis ulcerosa. Todas estas enfermedades, aunque tienen tratamiento, están relacionadas con la excesiva (o insuficiente) actividad de nuestro sistema inmune y con el estado y variedad bacteriana de nuestra microbiota.

Queda todavía mucha investigación que hacer, pero que se hagan cada día nuevos descubrimientos acerca de la simbiosis que tenemos con 100 billones de bacterias dice mucho de la inversión y esfuerzo que le dedica el mundo científico al microbioma. Todo porque sabe que es muy importante.