Puede parecernos que el mundo médico entiende absolutamente todo lo que ocurre en nuestro organismo, pero no. Solo sabemos parte, somos capaces de establecer teorías y comprobarlas (al fin y al cabo es así como funciona la ciencia), pero es difícil comprender al 100% la prácticamente infinita cantidad de procesos y mecanismos que hacen que funcionemos. Uno de los grandes avances de la ciencia médica ha tenido lugar hace relativamente poco tiempo: la microbiota. Se trata de un inmenso conjunto de bacterias que viven en nuestro sistema digestivo, principalmente en nuestros intestinos. Nada más y nada menos que 39 billones de bacterias (que en total representan 2 kilos de nuestro peso corporal) que tienen una relación de simbiosis con nosotros.

Se ha descubierto que su composición y cantidad afecta a muchas más cosas que la metabolización de ciertos nutrientes y sustancias (por poner un ejemplo, la bilirrubina es producida por el hígado al destruir los glóbulos rojos demasiado viejos como para llevar a cabo su función. La bilirrubina, por desgracia, es una sustancia que nuestro intestino vuelve a absorber, por lo que necesita bacterias que la 'partan' y así ser capaz de eliminarla). Por ejemplo, la microbiota tiene un vínculo con el cerebro. Se ha descubierto que tanto la enfermedad de Alzheimer, como la enfermedad de Parkinson se ven afectadas por este enorme conjunto de bacterias. Ahora, investigadores australianos han descubierto que también afecta directamente a nuestro estado de ánimo, teniendo una relación directa con la ansiedad y con la depresión.

"Este estudio dice que muchos factores en nuestra dieta (como la microbiota) afectan a nuestro cerebro"

Las prevalencias de estas enfermedades en el mundo desarrollado son más que notables. Los autores del estudio Hajara Aslam, Jessica Green, Felice N. Jacka, Fiona Collier, Michael Berk, Julie Pasco y Samantha L. Dawson, de la Universidad de Deakin, en Australia, dejan claro que "la depresión es muy habitual. En los países desarrollados la padece el 6,2% de la población entre los 18 y los 85 años. La ansiedad es todavía más común, afectando a un 14,4% de la población adulta".

Al parecer, como comentan los autores del artículo científico, hay "evidencias notables que relacionan la flora intestinal con la causa de la depresión". Los mecanismos por los que creen que esto tiene lugar "son la hipótesis de la inflamación (en la que aumentos de la proteína C reactiva (PCR) y de las citocinas, unas proteínas que regulan el funcionamiento de las células, provocan estrés en diferentes tejidos), el intestino permeable, el eje hipotalámico pituitario adrenal (que provoca alteraciones de los niveles de una hormona llamada cortisol), desequilibrios entre los neurotransmisores y los neurorreceptores, y, sobre todo, algunas carencias nutricionales, como la falta de ácidos grasos omega 3, vitaminas y tiramina).

En una entrevista al doctor Ronald Kahn, endocrinólogo y profesor de medicina en la Escuela Médica de la Universidad de Harvard, este contaba que "los endocrinólogos solemos escuchar a los pacientes decir que se sienten de forma diferente tras haber comido alimentos diferentes". Esto apoya, al menos sobre el papel, la teoría de que si nuestra flora intestinal interactúa con los alimentos y los nutrientes de forma diferente, estos tendrán repercusiones variadas en nuestro estado de ánimo y, finalmente, en nuestra salud mental. En palabras del propio doctor Kahn, "lo que este estudio dice es que muchos factores en nuestra dieta afectan a cómo funciona nuestro cerebro. Una de ellas es la forma en la que la dieta cambia el microbioma. Tu alimentación no solo cambia tus niveles de glucosa o tu presión sanguínea, también modifica un montón de señales bioquímicas que transmiten los microbios de tu intestino. Estas señales finalmente alcanzan el cerebro".

Foto: iStock.
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La solución podría llegar de la mano de los alimentos fermentados. Se sabe que estos son un gran probiótico. Esto se debe a que el proceso por el que adquieren su sabor y textura particulares es consecuencia directa de las reacciones químicas que determinadas bacterias llevan a cambo en su interior. Estas bacterias, en gran parte de los casos, resultan ser beneficiosas para nuestra flora intestinal, pudiendo tener una gran repercusión en nuestro cuerpo, incluido el cerebro. En su investigación los científicos australianos son conscientes de las limitaciones de su estudio: "Este trabajo pone de manifiesto la fuerte relación entre alimentos fermentados, depresión y ansiedad. Este es un entorno en el que existe todavía un gran desconocimiento y se requieren trabajos de gran calidad (y presupuesto) para investigar con detalle los mecanismos y los efectos de las comidas fermentadas en nuestra salud gastrointestinal".

Si queremos adelantar trabajo

De momento no se conocen efectos negativos de tener una flora intestinal poblada, sana y variada. Es por esto que mejorarla, en el peor de los casos, no nos aportaría ningún beneficio, y en el mejor podría ayudarnos a solucionar una gran variedad de problemas de salud (a la vez que limitar las probabilidades de sufrirlos en el futuro).

Si buscamos mejorar la variedad y la cantidad de bacterias en nuestra flora intestinal de forma natural, podremos recurrir a los siguientes alimentos para lograrlo.

Foto: iStock.
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Y deberemos recordar en todo momento que no es solo la cantidad de probióticos que tomemos lo que determina la calidad y cantidad de nuestra flora intestinal, sino que también depende de cómo la cuidemos. Dicho de otro modo: deberemos tomar prebióticos. Estos son alimentos que, aunque no contienen bacterias en su interior, sí son ricos en nutrientes que estas necesitan para sobrevivir. Son los siguientes:

  • Pan integral
  • Ajo crudo
  • Alcachofas
  • Achicoria
  • Judías
  • Puerro
  • Trigo
  • Espárragos

Llevando una dieta rica tanto en prebióticos como probióticos nos aseguraremos de tener una flora intestinal sana, aunque nuestra dieta tenga alguna otra carencia. Esto es muy importante, si nos planteamos que estos microorganismos son, a fin de cuentas, un órgano más de nuestro cuerpo.