El bombardeo es constante: suplementos, complementos, pastillas y polvos de la madre Celestina. Reclamos en internet, en la farmacia, en el gimnasio, en el centro de belleza y en el supermercado. La dieta del pomelo, de la alcachofa, del cardo y de la vecina. Pero, también, la dieta del cajón.

Todo el que se haya recorrido unas cuantas consultas intentando perder peso sabe lo que es la dieta del cajón: esas dos hojitas mecanografiadas -ahora impresas- con una lista de alimentos prohibidos y otra de alimentos permitidos, con la que a menudo se despachaba a la persona que quería perder peso. Aunque había varios modelos -para hombres, para mujeres, con diferentes cantidades de calorías por día…-, eran tan impersonales que solían fotocopiarse y compartirse con familiares y amigos. Y ese era el mejor escenario: al fin y al cabo, era un profesional quien estaba detrás.

"La dieta del cajón no tiene ningún sentido. Ningún endocrino que se precie debería utilizarla"

“La dieta del cajón no tiene ningún sentido. Ningún endocrino que se precie debería usarla y desde luego merecería nuestra condena”. Nos lo dice Francisco Botella, vocal de Comunicación de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN). “El abordaje del sobrepeso debe ser completamente individualizado; la finalidad es conseguir la adherencia del paciente a la dieta, así como marcar pautas y objetivos realistas”, apunta Manuel Moñino, vicepresidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas-Nutricionistas.

Ambos profesionales coinciden. Y no es en lo único en lo que están de acuerdo: también comparten la inquietud por las dietas milagro, por la proliferación de supuestos especialistas en nutrición, por la automedicación… Pero, a qué negarlo, siempre se percibe un cierto resquemor de una especialidad a otra. De un lado, los endocrinos; del otro, los dietistas-nutricionistas. Y en el centro, el paciente, que demasiado a menudo no sabe a cuál de ellos debe acudir.

Foto: iStock.
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Hagamos un repaso: el endocrino es un médico que ha cursado la carrera de Medicina y Cirugía y después ha hecho la especialidad de Endocrinología y Nutrición. Durante décadas, la persona que quería perder peso bajo la guía de un profesional tenía la opción de acudir al médico de familia o al endocrino. A partir de 1995 se sumaron a la oferta otros profesionales: los dietistas-nutricionistas, primero como diplomados y, posteriormente, como graduados en Dietética y Nutrición.

No es solo el sobrepeso

Las responsabilidades y funciones de unos y otros van mucho más allá de poner una dieta, está claro, pero en un país en el que cada vez nos sobran más kilos -un 39,3% de los españoles entre 25 y 64% tiene sobrepeso y un 21,6% obesidad, según el Estudio Nutricional de la Población Española- y en el que se han disparado las enfermedades asociadas a la obesidad -diabetes, hipertensión, enfermedad cardiovascular, síndrome metabólico…-, merece la pena que nos planteemos qué profesionales son los más indicados para atajar este problema y de qué modo la unión de ambos puede contribuir a una mejor atención.

Lo primero, las cartas sobre la mesa: ¿de dónde viene ese resquemor entre ambos colectivos? “Es cierto que son términos que para el gran público pudieran ser sinónimos y los medios de comunicación los usan indistintamente -explica el doctor Botella-. Pero hay que recordar que los dietistas-nutricionistas no son médicos. Cuando nos equiparan o comparan no nos gusta, no es agradable que a nosotros nos tilden de dietistas y a ellos de doctores”.

Los dietistas-nutricionistas reclaman más presencia en la sanidad pública, sobre todo en Atención Primaria

“Nosotros estamos específicamente formados en Dietética y Nutrición -señala Moñino-. El endocrino aborda problemas de diabetes, tiroides, glándulas suprarrenales… y, dado que el sistema hormonal está íntimamente relacionado con la nutrición, tiene una competencia en el diagnóstico médico de los problemas relacionados con el metabolismo energético y de los nutrientes. Pero el nutricionista tiene un enfoque o aproximación a la dieta mucho más práctico. Y aporta un valor añadido por su formación específica en el abordaje dietético nutricional de los problemas de salud, así como en el conocimiento de los alimentos, de su cocinado, tratamiento culinario…”.

Bien, pongámonos en la piel de una persona con sobrepeso. ¿Cuál debería ser su primera aproximación a un profesional? Desde la perspectiva de los dietistas-nutricionistas, Moñino señala que “en cuestiones de salud, lo primero es acudir a un médico, que es el profesional de referencia para diagnosticar nuestro estado. Pero si debemos tratar un problema de salud a través de la alimentación, el profesional deberá ser un dietista-nutricionista colegiado”.

Foto: iStock.
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Desde la de los endocrinos, Botella señala que “si el médico descarta que haya hipertensión, colesterol elevado, diabetes, riesgo cardiovascular o enfermedades asociadas a la obesidad, no tiene sentido ir al endocrino. Pero si ese sobrepeso u obesidad está asociado a comorbilidades, un nutricionista no puede hacerse cargo. La cuestión es que todas las personas deben ser valoradas por un médico y si únicamente necesitan dieta, que vayan al dietista-nutricionista”.

Hmmm…, tal vez sobre el papel funcione. Pero luego, en la calle, en la vida real, nos encontramos con que todo está interrelacionado. El doctor Botella nos indica que “solo el 20% de nuestras consultas generales son de obesidad sin más; el 80% se dedica a obesos con diabetes, obesos con hipertensión, obesos con colesterol…”. Y Manuel Moñino apunta que “cada vez tenemos más cuadros de personas con intolerancias, alergias, sensibilidad…”.

Trabajo en común

Y entonces, en un mundo feliz, ¿no tendría sentido que unos y otros trabajaran juntos, mano a mano? “Sin duda -asegura Botella-. De hecho, uno de los objetivos estratégicos de la SEEN es apoyar la inclusión de dietistas-nutricionistas en nuestras unidades. Hacen falta equipos multidisciplinares. Muy flaco favor nos hacen los medios cuando nos enfrentan”.

“Por supuesto que todos debemos trabajar conjuntamente en el marco de un equipo multidisciplinar; cuando tenemos la oportunidad de hacerlo, los resultados son magníficos -subraya Moñino-. El problema más importante es el de que los dietistas-nutricionistas siguen estando mayoritariamente en el sector privado porque no se nos reconoce profesionalmente. No hay oferta de plazas públicas, la presencia en hospitales es muy irregular y, desde luego, no estamos en Atención Primaria”.

Pone ahí el dedo en una de las llagas: si hemos dicho que el primer paso debería ser llamar a la puerta del médico de familia, Moñino asegura que los profesionales de Atención Primaria “no tienen formación en nutrición y dietética como para hacer un abordaje individualizado. Es uno de nuestros grandes retos, entrar en AP para poder asesorar nutricionalmente a personas con problemas de salud asociados a la nutrición. Queremos formar a estos profesionales para que puedan proveer a los ciudadanos de un consejo breve que no esté obsoleto ni desactualizado”.

La otra llaga es la del intrusismo profesional. ¿Cuántos perfiles de especialistas en nutrición podemos encontrar ahora mismo? Dietistas ‘a secas’, posgrados, máster… “Se han subido al carro muchísimos profesionales que se hacen llamar nutricionistas -concluye Moñino-. Igual que yo no puedo decir que soy médico, tampoco ellos pueden denominarse así. Por mucho posgrado o máster que hayan hecho. Lo importante es que el paciente pierda el miedo y pregunte a quien tiene delante qué formación tiene”.