A pesar de que todos aspiramos a una igualdad total de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres, dicha igualdad solo se puede obtener en lo que a elementos sociales y culturales se refiere, en el entorno de la biología todo es un poco más complicado. Diferentes alimentos, medicamentos, hormonas, químicos y enfermedades nos afectan de forma diferente a cada uno. Y no solo es cuestión de sexo, también existen diferencias biológicas 'racistas', como tendencias a carecer de determinados nutrientes o una mayor prevalencia de determinadas enfermedades (por ejemplo, la intolerancia a la lactosa es extraordinariamente escasa en Rusia, pero mayoritaria en China, y eso que comparten la 6ª frontera más extensa del mundo).

Ahora, una investigadora sueca, Sofia Klingberg, y su equipo de la Universidad de Gotemburgo han demostrado que el estrés laboral está directamente relacionado con una ganancia de peso a largo plazo en mujeres, pero no en hombres. Sus resultados concuerdan con otros estudios como el publicado por los investigadores finlandeses M. Kivimäki, J. Head, J. E. Ferrie, M. J. Shipley, E. Brunner, J. Vahtera y M. G. Marmot, de la Universidad de Helsinki.

"Observamos que los trabajos estresantes hacen engordar a las mujeres, no a los hombres"

Descubrieron que en aquellas profesiones en las que las exigencias laborales son más altas, las mujeres tienden a engordar más. Como la propia autora, Sofia Klingberg, explica: "Fuimos capaces de observar que los trabajos de alta exigencia jugaban un papel muy importante en la ganancia de peso en las mujeres, mientras que en los hombres no se observó ningún tipo de asociación".

Esto nos lleva a preguntarnos si, de alguna forma, existe una diferencia biológica en cómo cada sexo afronta y responde al estrés. Los resultados demostraron que las mujeres que eran sometidas a situaciones de mayor carga de trabajo durante la duración de la investigación podían llegar a pesar un 20% más que al inicio. Para que nos hagamos una idea de lo que esto significa, una mujer de 162 cm (la media española) en su peso ideal de 60 kilos pasaría a pesar 72 kg, lo que se considera sobrepeso para esta altura.

Pero los kilos de más no son la única relevancia del estudio. Como pone de manifiesto la investigadora, "el estudio es muy revelador en el entorno de la salud pública", porque compromete el nivel de bienestar de todo un grupo poblacional. Esto también significa que una reducción de los niveles de estrés laboral podrían ayudar a miles de personas a alcanzar un peso sano para ellas. La teoría que sostienen los investigadores es que los altos niveles de exigencia impiden disponer de tiempo para llevar una nutrición y un estilo de vida sanos y equilibrados.

Una mujer trabajando de noche. (iStock)
Una mujer trabajando de noche. (iStock)

Los investigadores de ambos estudios se aseguraron de comprobar que sus resultados no tuvieran correlación con otros factores sociales o económicos. Vamos, que la única explicación plausible era el estrés en el trabajo. "El nivel socioeconómico o haber tenido o no educación superior no explican las asociaciones del estudio. Tampoco lo hacen la calidad de las dietas u otras diferencias en el estilo de vida", explica Sofia Klingberg. Aunque la investigadora apunta que la información sobre las dietas de los 3.800 participantes en el estudio provenía directamente de ellos, por lo que "podría existir cierto riesgo de falsedad en sus informaciones".

No es la primera vez que se realizan estudios que vinculen los niveles de estrés con la ganancia de peso, pero sí que prueben que las mujeres son más susceptibles a sufrirlas. En un estudio publicado por las investigadoras Susan J. Torres y Caryl A. Nowson, de la Universidad de Deakin, en Australia, se ponía de manifiesto que "la ingesta de alimentos inducida por el estrés es un factor que contribuye notablemente al desarrollo de la obesidad". Las investigadoras también valoraban la necesidad de investigaciones paralelas que ahonden en este tema: "Estudios que midan los marcadores biológicos del estrés nos ayudarán a entender los mecanismos que existen entre esta situación psicológica (estrés) y la ingesta de alimentos, lo que posiblemente está controlado por los neurotransmisores y las hormonas que controlan el apetito".