En una sociedad que valora sobremanera el culto al cuerpo, es habitual que algunas personas padezcan una preocupación extrema por su aspecto físico. Es aquí cuando entran en acción los temidos trastornos alimenticios, una enfermedad que está a la orden del día y que se caracteriza por la aparición de graves perturbaciones en la dieta diaria de los pacientes afectados. “Una persona que tiene un trastorno de la alimentación puede haber comenzado por comer pequeñas o grandes cantidades de comida, pero en algún momento el impulso de comer más o menos se disparó fuera de control. Angustia severa o preocupación por la forma o el peso del cuerpo también se pueden caracterizar como un trastorno de la alimentación”, explican desde el Instituto Nacional de Salud Mental.

Síntomas que suelen convivir con otras enfermedades como el abuso de sustancias, la depresión o los trastornos de ansiedad, y que pueden desembocar en una muerte prematura. De hecho, “las personas con anorexia nerviosa son 18 veces más probables de morir a una edad más temprana en comparación con las personas de edad similar en la población general”, añade el mismo organismo. Las personas que corren mayor riesgo de padecer un trastorno alimenticio son las mujeres adolescentes y jóvenes, que representan el 90% de los casos, aunque no se trata de un problema exclusivo de este grupo de población. Los hombres y los niños también pueden desarrollar este tipo de trastorno, mientras que las minorías étnicas han comenzado a manifestarlo notablemente en los últimos años, tal y como apunta la American Psychological Association.

Las personas con anorexia nerviosa tiene un 18% más de probabilidades de morir a una edad más temprana

Entre las causas más comunes destacan algunos factores que predisponen a desarrollar dichos trastornos: una baja autoestima, las relaciones disfuncionales, las presiones culturales, ciertos traumas -como violación, abuso o la muerte de un ser querido-, la incapacidad para expresar las emociones, un profundo sentimiento de desamparo o insatisfacción, o incluso la genética ejercen un papel importante a la hora de sufrir esta clase de enfermedad. ¿Qué tipos imperan actualmente en la sociedad?

Anorexia nerviosa

Foto: iStock.
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Según los datos recogidos por la Cruz Roja, el 80% de los casos de anorexia comienzan con una dieta de adelgazamiento y, en la medida que esto no se logra, ese objetivo se convierte en una auténtica obsesión. Así, la anorexia nerviosa se caracteriza por una pérdida de peso extrema, la búsqueda incesante de delgadez, el miedo irrefrenable a engordar o comer delante de los demás, una imagen corporal distorsionada o el seguimiento de una dieta muy restringida. No obstante, algunos pacientes también recurren a los atracones de comida, que después van seguidos de una dieta exagerada, una rutina de ejercicios extenuante, vómitos autoinducidos o incluso el uso de laxantes, enemas o diuréticos.

Otros síntomas que acompañan a la anorexia nerviosa son una anemia leve, desgaste muscular, estreñimiento grave, cabello y uñas quebradizos, disminución de la temperatura corporal interna -lo que hace que la persona sienta frío todo el tiempo- o un cansancio constante.

Potomanía

Esta enfermedad tiene lugar cuando “se tiene un deseo frecuente de beber gran cantidad de líquido, de manera compulsiva y sin sentir en especial sed, y al hacerlo se experimenta una sensación placentera”, aseguran desde el Centro de Análisis Genéticos. Aunque esta práctica sea recomendada por expertos nutricionistas, el límite suele situarse en los dos litros diarios, una cifra que los pacientes con potomanía superan con creces. De hecho, esto suele provocar hiperhidratación, un mal funcionamiento de los riñones, el desequilibrio de fluidos y electrolitos o la mala composición de la sangre.

Bulimia nerviosa

Foto: iStock.
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“La bulimia nerviosa se caracteriza por episodios frecuentes y recurrentes de ingesta de cantidades extremadamente grandes de comida y una sensación de falta de control sobre estos episodios”, explican desde el Instituto Nacional de Salud Mental. A estos episodios les sigue un comportamiento que busca compensar ese exceso de comida y que incluye vómitos forzados, el abuso de laxantes o un ayuno permanente. Esta dolencia se diferencia de la anorexia en que los pacientes suelen mantener lo que se considera un peso saludable, algunos incluso tienen un poco de sobrepeso. Además, se guarda en el más estricto secreto, pues provoca un sentimiento de indignación o vergüenza.

La garganta inflamada, dolor e irritación intestinal, gran deshidratación, el esmalte de los dientes desgastado o un trastorno de reflujo gástrico son algunos de los síntomas que forman parte de la enfermedad.

Trastorno por atracón

En este caso, las personas que padecen dicho trastorno pierden el control sobre lo que comen. Sin embargo, a diferencia de la bulimia, los pacientes no recurren posteriormente a purgas, ayunos o ejercicio físico extremo. Por eso, la mayoría presentan un claro exceso de peso u obesidad, aumentando también el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares o una presión arterial elevada. El sentimiento de culpa y vergüenza puede empujarlos a una nueva ronda de atracones.

Ortorexia

Este término apareció por primera vez en el libro ‘Health Food Junkies’ (‘Los yonkis de la vida sana’), publicado por el doctor Steven Bratman en el año 2000. Desde entonces, ha ido ganando espacio entre los principales trastornos alimenticios que afectan a la sociedad, debido en parte a la influencia que las dietas adelgazantes tienen sobre el individuo. Así, la ortorexia es esa preocupación obsesiva por consumir únicamente alimentos saludables. Una conducta que lleva al aislamiento social, la preferencia del ayuno frente a la ingesta de otros alimentos o el sentimiento de culpabilidad.

Entre los alimentos excluidos se encuentran la carne, las grasas, los alimentos tratados con pesticidas o aquellos que contienen aditivos artificiales. “El problema surge cuando esa preocupación por el origen y calidad de los alimentos se convierte en una obsesión, en un comportamiento patológico, tras el que subyacen problemas psicológicos y de adaptación social. Las personas que sufren ortorexia se centran exclusivamente en lo que comen; la comida es el centro de sus pensamientos y de su vida”, añaden desde Sanitas. Esto provoca unos déficits nutricionales que pueden desembocar en otras dolencias como anemia, carencias vitamínicas o falta de energía.