La píldora de la inmortalidad no existe. Pero sí se puede minimizar el riesgo de sufrir enfermedades como el cáncer, que recortan tanto la esperanza de vida como la calidad de vida.

El dietista/nutricionista Julio Basulto y el doctor en historia y experto en alimentación humana Juanjo Cáceres acaban de publicar el libro 'Dieta y cáncer' (Ediciones Martínez Roca). En el volumen, que ha agotado su primera edición en menos de una semana, repasan cómo la ciencia demuestra que es posible reducir las posibilidades de padecer muchas enfermedades crónicas, que causan el 87% de las muertes en Europa, según datos de la OMS.

Foto: iStock.
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Como recalca Basulto, reducir la posibilidad de tener cáncer mediante una alimentación saludable “no significa evitarlo, eso no ocurre”. Añadir un estilo de vida saludable, con actividad física moderada o vigorosa, puede prevenir el cáncer colorrectal. También el consumo de la fibra que está presente de forma natural en los alimentos puede prevenirlo. Esto no significa que deban tomarse pastillas de fibra o alimentos supuestamente enriquecidos en fibra.

“Más bien conviene incrementar nuestro consumo de granos integrales y de alimentos vegetales poco procesados. Además, claro, de disminuir el consumo de productos de origen animal y alimentos superfluos”, explica. En este sentido, aproximadamente el 2% de los tumores se atribuyen a las carnes procesadas, especialmente los tumores colorrectales e intestinales.

"El consumo de fibra presente de forma natural en los alimentos puede prevenir el cáncer colorrectal"

En el cáncer de hígado, el consumo elevado y continuo de aflatoxinas ha demostrado que incrementa el riesgo. Se trata de un tipo de toxinas causadas por ciertos hongos presente en cultivos como el maíz, cacahuete, avellanas, nueces y almendras. En España, existe un estricto control de los niveles de aflatoxinas, tanto en los alimentos que se producen aquí como en los que se importan. El consejo es que, en casa, no se conserven durante meses -o en lugares calientes y húmedos- alimentos como cereales, especias, frutos secos o fruta desecada.

¿Y qué puede hacer la alimentación en el paciente con cáncer? El libro desgrana qué puede –y qué no puede– hacer la alimentación en el paciente con cáncer. “La primera dificultad es que el concepto cáncer engloba unas 200 enfermedades diferentes. Lo que sí puede hacer la alimentación es paliar los síntomas o mejorar la nutrición. De hecho, se sabe que una buena alimentación en el paciente con cáncer disminuye la posibilidad de que muera. No quiere decir que la dieta vaya a salvarle del cáncer, pero sí sabemos que la caquexia (la alteración del organismo que aparece en la fase final de la enfermedad) o la anorexia aumentan mucho las posibilidades de que el paciente muera. Y un buen enfoque alimentario que haga que tenga más apetito o que tenga menos rechazo al sabor metálico de los alimentos hará que pierda menos peso. Y ese efecto protector evitará la muerte. Es algo lógico, no mágico”, destaca.

Seguir comiendo sano tras el alta

Otro aspecto fundamental es seguir comiendo sano y siguiendo hábitos de vida saludables una vez que el paciente oncológico ha recibido el alta, ya que tiene más riesgo de volver a tener cáncer. Sin embargo, el 12% de los pacientes que han tenido cáncer siguen fumando y, como reclama Basulto, “estas personas deberían pedir ayuda sanitaria urgente para dejar de fumar. Y lo mismo pasa con el sedentarismo y la alimentación”.

Foto: iStock.
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En su opinión, una manera de afrontar estos problemas sería potenciar la figura de los dietistas/nutricionistas en la sanidad pública, especialmente en Atención Primaria. “Nosotros estudiamos cuatro años de carrera universitaria y son conocimientos que ningún otro profesional sanitario tiene”, sentencia.

Contra los bulos

La idea de escribir el libro surgió “porque me enerva ver en las redes todos los bulos relacionados con la dieta y cáncer, es un peligro de salud pública. Y, sobre todo, me preocupa que algún paciente deje el tratamiento oncológico para abrazar una falsa terapia que le va a llevar a la tumba”.

Entre todas las dietas sin evidencia científica que se asegura que curan o previenen el cáncer, Basulto subraya que la del ayuno es especialmente peligrosa “porque una persona con cáncer que pierda peso tiene muchas posibilidades de que muera”.

"Entre todas las dietas sin evidencia científica la del ayuno es especialmente peligrosa"

En cuanto a las terapias naturales, el problema es que pueden interaccionar con los medicamentos antitumorales y provocar graves reacciones adversas. Entre las diferentes plantas medicinales que están totalmente contraindicadas, destaca la hierba de San Juan.

Otra de las dietas que se han puesto de moda y que no tiene ninguna base científica es el consumo de la leche materna y su relación con sus beneficios en el cáncer. Por este motivo, uno de los mayores expertos del mundo en lactancia materna, el pediatra Carlos González, ha escrito un capítulo en el libro en el que desmonta este bulo.

Así, la leche materna sí puede prevenir en niños algunos tipos de leucemia, pero no en todos. También la madre que da de mamar tiene un menor riesgo de padecer algún tipo de cáncer. Pero no tiene ningún sentido decir que la leche materna cura el cáncer o tiene efectos paliativos, ni existe ninguna prueba científica.