Hemos nacido sin manual de instrucciones. Y eso, que sin duda es frustrante ante enfermedades para las que no tenemos cura, puede también ser fascinante, sobre todo para esos investigadores que día a día van encajando piezas y descubriendo los mecanismos que rigen el cuerpo humano. Uno de los campos más novedosos que se está comenzando a desentrañar es el de la microbiota: cada secreto suyo que se desvela anticipa nuevos enigmas y contribuye a que cambie la forma de entender cuanto sabíamos de nuestro funcionamiento.

Viene esto a cuento de los últimos estudios realizados en torno a un triángulo: diabetes tipo 2, microbiota y metformina. Veamos: la metformina suele ser el primer fármaco que se da a los pacientes con diabetes tipo 2 cuando ni la dieta ni el ejercicio bastan para controlar sus niveles de glucosa. El mecanismo por el cual es eficaz nunca ha estado del todo claro y desde hace un par de años se ha comenzado a ver, y las últimas investigaciones así lo corroboran, que parte de sus efectos beneficiosos se deben a su capacidad para alterar la microbiota intestinal: al parecer, esta alteración de la diversidad de las bacterias del intestino podría contribuir a bajar el azúcar en sangre.

Un fármaco usado para la diabetes debe en parte su eficacia a que modifica las bacterias intestinales

El estudio, llevado a cabo por investigadores del Intramural Research Program y publicado en 'Nature Medicine', sugiere que una de las razones por las que la metformina es eficaz en el tratamiento de la diabetes es que elimina la especie Bacteroides fragilis. "Este es uno de los primeros estudios en mostrar, utilizando un medicamento que se ha usado en humanos durante 50 años, que las bacterias intestinales pueden ser modificadas por un medicamento que no sea un antibiótico, y que esto causa un efecto metabólico favorable", señala el doctor Frank J. González, investigador principal del trabajo.

Pero, un año antes, otro estudio -realizado en el Hospital Doctor Josep Trueta de Girona y publicado en 'Nature Medicine'- ya había anticipado que la metformina también induce la proliferación de bacterias que se podrían utilizar para potenciar la disminución de la glucosa. Es decir: que por un lado eliminaría las nocivas y, por el otro, incrementaría las positivas.

Encajando las piezas

Tantas cosas cambiando tan deprisa. Por una parte, hasta anteayer creíamos que solo los antibióticos tenían efectos sobre la microbiota. Además, siempre pensábamos que esa modificación tendría que ser ‘para mal’. Y ahora empezamos a ver que el puzle tiene más piezas.

“Es cierto que el primer ámbito que se estudió fue el de cómo los antibióticos, al erradicar la microbiota, podían producir trastornos importantes; sobre todo porque ese vacío podía ser ocupado por microorganismos patógenos, como el Clostridium dificile, y hacer un proceso inflamatorio”, explica el profesor Eduardo Martínez, catedrático de Microbiología de la Facultad de Medicina de Málaga e investigador en microbiota, quien añade a continuación que “en realidad, cualquier medicamento que pueda alterar el equilibrio de la microbiota puede también alterar sus funciones. Y eso repercutir en otros procesos”.

Foto: iStock.
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No, no es solo la metformina. Ni mucho menos. Si hace un par de años ya se había visto que ciertos antiinflamatorios y antipsicóticos podían alterar la diversidad de los microorganismos intestinales, un estudio publicado en 2018 en 'Nature' ha sido el primero en poner sobre la mesa la dimensión del asunto: según la investigación, llevada a cabo en el Laboratorio Europeo de Biología Molecular (EMBL) de Heidelberg (Alemania), uno de cada cuatro medicamentos podría ser capaz de modificar de forma significativa nuestra microbiota.

No se trata de un trabajo al azar: los investigadores tomaron muestras de casi un millar de fármacos y vieron sus efectos sobre 40 variedades de bacterias presentes en la microbiota humana. ¿El resultado? Que puede que los antihistamínicos que tomas para la alergia, o las estatinas que usas para regular el colesterol, o los ‘omeprazoles’ con los que combates la acidez y el reflujo, o incluso las píldoras anticonceptivas y los fármacos para la disfunción eréctil, podrían estar alterando el equilibrio de tu microbiota.

Uno de cada cuatro medicamentos es capaz de alterar de forma significativa nuestra microbiota

“Muchos fármacos son capaces de alterar la biodiversidad bacteriana intestinal reduciendo de forma significativa la presencia de bacterias ‘amigas’ y creando las condiciones necesarias para estimular el crecimiento de bacterias y hongos enemigos”, apunta el doctor Marcello Romeo, médico especializado en Cirugía Torácica por la Universidad de Palermo e investigador en disbiosis y microbiota. Ahora bien, los distintos estudios nos están demostrando que esa disbiosis no tendría por qué ser -como hemos visto en el caso de la metformina- necesariamente negativa.

“Es un mundo apasionante y nuevo, con datos muy atractivos -reconoce el doctor Enrique Rey, jefe del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Clínico Universitario de Madrid-. Si hasta ahora sabíamos cosas razonablemente obvias, como el papel de los antibióticos en la microbiota, cada vez vamos teniendo más datos de que otros fármacos influyen sobre nuestra microbiota y lo hacen tanto para desequilibrarla como, en algunos casos, para reequilibrarla. Es cierto que hacer afirmaciones contundentes es todavía poco menos que temerario, pero todo apunta a que la microbiota puede incluso participar en los efectos beneficiosos del mecanismo de acción de algunos fármacos”.

Foto: iStock.
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Hay más aspectos interesantes. Los diversos estudios también revelan que el estado y la diversidad de nuestra microbiota va a influir en la eficacia de los fármacos. Es decir, podrá tanto potenciar como reducir su efecto. O incluso aumentar su posible toxicidad. En realidad, tiene todo el sentido: ya sabemos que la microbiota es el primer filtro para la absorción de los nutrientes; también lo es para la absorción de los compuestos farmacológicos. Eso implicaría que una mayor o menor absorción tendrían un papel previo al que, después, jugará el hígado.

Tenemos, pues, un camino bidireccional: por una parte, los fármacos alteran la diversidad de la microbiota; por otra, la diversidad de la microbiota modula la acción del fármaco. Y los estudios se van multiplicando. Así, el profesor Martínez nos explica que están trabajando en un proyecto con un tratamiento intensivo contra el cáncer. “Este medicamento no distingue y mata todo lo que en ese momento se está multiplicando; ahí entran tanto las células cancerígenas como otras de crecimiento rápido, como las mucosas intestinales”. Debido a ello, cuando se hace este tratamiento es normal que se produzca mucositis, un problema inflamatorio doloroso y muy molesto que se produce por la destrucción de la mucosa intestinal. “Pero no todos los pacientes desarrollan mucositis. Nosotros estamos investigando si el estado previo de la microbiota de los pacientes puede influir en la respuesta. La hipótesis es que, si hay una microbiota equilibrada, el proceso de mucositis es menos grave que cuando hay otra más alterada”.

¿Más probióticos?

Así las cosas, ¿llegará el día en que tome sentido recurrir a probióticos no solo en caso de toma de antibióticos, sino también tras la toma de otros medicamentos? “Si tenemos la certeza de que estamos desequilibrando negativamente la microbiota, sería razonable aportar organismos beneficiosos que puedan restituir el equilibrio”, apunta el doctor Rey. Por su parte, el doctor Martínez señala que “los probióticos pueden actuar a diversos niveles, produciendo sustancias beneficiosas que estimulan nuestro sistema inmune y produciendo pequeñas sustancias, bacteriocinas, que inhiben el crecimiento de microorganismos no deseables. Es cierto que una microbiota bien establecida es muy beneficiosa, pero aún se está estudiando cuál es el equilibrio perfecto. Todavía hay mucho por hacer”.

El último consejo viene de la mano del doctor Romeo y pasa por evitar la automedicación. “En todo caso, el paciente puede adecuar su alimentación, enriqueciéndola con fibra derivada de verdura, hortalizas y frutas que tienen una acción prebiótica, es decir, de nutrición para nuestra microbiota. Además, debe dejarse aconsejar por su propio médico sobre la toma de probióticos de derivación humana, con el objetivo de mantener en equilibrio su microbiota, sobre todo, en casos de uso frecuente de fármacos que puedan alterar sus características”.