"Mi abuelo vivió la posguerra y pasó muchísima hambre. Por eso vivió 99 años". Esta frase que, con total seguridad, habremos oído o pronunciado alguna vez en nuestras vidas es una muestra de que tendemos a asociar la dureza de una situación, íntimamente ligada al hambre, a la resistencia a la muerte. Como explica el autor estadounidense G. Michael Hopf en su obra 'Those who Remain', "los tiempos difíciles crean hombres fuertes, los hombres fuertes crean buenos tiempos, los buenos tiempos crean hombres débiles, los hombres débiles crean tiempos difíciles". Aunque rebatible, dado el continuo e imparable avance tanto científico como social desde el fin de la Edad Media, sí que pone de manifiesto que para durar, o ser 'duro', hay que sufrir. Esto es algo que tenemos increíblemente interiorizado en el terreno de la alimentación. Comer sano es un sacrificio, adelgazar es un sacrificio, bajar nuestro colesterol es un sacrificio, incluso comer las cantidades diarias recomendadas de cada nutriente resulta ser mucho más difícil de lo que parece, o lo que es lo mismo, un sacrificio.

Ahora bien, aunque intuimos que el ayuno tiene algunas repercusiones en nuestro organismo, la explicación de los mecanismos por los que estas tienen lugar se alejan de la ciencia y entran en el terreno de la 'especulación dogmática'. Un mal nutricionista, que no se adhiere a los hechos científicos, sino a su inquebrantable fe en una doctrina determinada, puede defenderla a capa y espada incluso no sabiendo el porqué. Ahora, gracias a la 'madre ciencia', un grupo de científicos japoneses han elaborado un estudio que pone los puntos sobre las íes en lo que a los efectos del ayuno sobre nuestro metabolismo se refiere.

"Los resultados sugieren un posible efecto rejuvenecedor del ayuno, lo que no se sabía hasta ahora"

En su trabajo, los investigadores Takayuki Teruya, Romanas Chaleckis, Junko Takada, Mitsuhiro Yanagida y Hiroshi Kondoh, de la Universidad de Okinawa y de la Universidad de Kyoto, en Japón, sometieron a un ayuno voluntario de entre 34 y 58 horas a los sujetos. Tanto antes como después, midieron los niveles de diferentes metabolitos (sustancias que aparecen a raíz de las reacciones químicas de nuestro organismo), observando que "aumentaban los niveles de los 14 que ya se conocían y otros 30 que todavía no se habían descrito".

Uno de los autores del estudio, el doctor Takayuki Teruya, explica que "hemos estado investigando el envejecimiento y el metabolismo durante muchos años, y ahora hemos decidido ahondar en los efectos del ayuno en la salud del ser humano". Los resultados han sorprendido tanto a la comunidad científica como a los propios investigadores. Como explica el propio doctor Teruya: "Al contrario de lo que nos esperabamos, resultó que el ayuno induce una gran activación metabólica".

Foto: iStock.
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El aumento de los metabolitos anteriormente mencionados se debe a una respuesta del cuerpo para suplir la falta de energía (o lo que es lo mismo, de nutrientes). Por ponerlo de forma simple: el organismo quiere protegerse, por lo que libera compuestos antioxidantes (lo que ni se sospechaba). El doctor Teruya explica la repercusión de este descubrimiento: "Son metabolitos fundamentales para el mantenimiento del músculo y la actividad antioxidante. Los resultados sugieren un posible efecto rejuvenecedor del ayuno, lo que no se sabía hasta ahora".

Los mecanismos

El organismo utiliza los hidratos de carbono como energía cada día, pero cuando no tiene, tira de nuestras reservas de grasa, e incluso de otros tejidos, para poder mantener su funcionamiento. Cuando esto ocurre, en el organismo quedan rastros de la 'búsqueda alternativa energética' por parte de nuestro cuerpo. Estas sustancias son metabolitos, principalmente butiratos, carnitinas y aminoácidos. En el estudio, los investigadores descubrieron que los niveles de estas sustancias aumentaban considerablemente durante el ayuno.

Foto: iStock.
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Pero este no fue el único gran descubrimiento. Los niveles de sustancias producidas por el ciclo de Krebs (por el cual cada célula es capaz de convertir moléculas que contienen carbono e hidrógeno y oxígeno en adenosintrifosfato -ATP-, la molécula 'energética' de nuestro organismo y CO2 como desecho, al igual que en una reacción de combustión, aumentan considerablemente durante el ayuno, lo que sugiere que las mitocondrias (centrales energéticas de las células) trabajan muy por encima del nivel normal.

El peligro del oxígeno

Al igual que una barra de hierro a la intemperie, nuestro organismo está expuesto a los efectos del 'gas de la vida', el oxígeno. El problema que tiene, por necesario que sea, es que es extraordinariamente reactivo y tiene capacidad de alterar el código genético en el interior del núcleo de nuestras células, y no para bien, siempre para mal. Una de las situaciones más 'oxidantes' a las que puede estar sometido nuestro cuerpo es la inanición. Es por esto por lo que los investigadores creen que el cuerpo intenta compensar durante el ayuno produciendo una cantidad muy elevada de moléculas antioxidantes.

Como explica el propio doctor Teruya, "se espera que comprender los cambios metabólicos provocados por el ayuno nos dé conocimientos fundamentales para mantener nuestra salud". A partir de ahora, 'matar de hambre' no estará tan mal visto como antes.