Un elevado consumo de cereales, frutas, verduras, frutos secos y legumbres, el uso de aceite de oliva como fuente principal de grasa, la moderación en el consumo de pescado, pollo, leche y productos lácteos, y el bajo consumo de carne y productos cárnicos; es decir, la ingesta de alimentos incluidos en la dieta mediterránea (DMeD) puede influir, según los expertos, de manera positiva en pacientes con artrosis reumatoide o con otro tipo de enfermedades de curso inflamatorio.

Montserrat Romera, responsable de la Comisión de Comunicación y Pacientes de la Sociedad Española de Reumatología (SER) y reumatóloga en el Hospital Universitari de Bellvitge, afirma que existen ciertos alimentos que juegan un papel importante en el desarrollo y en la progresión de enfermedades crónicas como las enfermedades cardiovasculares, distintos tipos de cáncer, las enfermedades neurodegenerativas, la diabetes, el síndrome metabólico, la obesidad y la artritis o la artrosis. Una afirmación que, según Romera, está avalada por “los resultados de numerosos estudios que llevan a la comunidad científica a considerar la dieta mediterránea (DMeD) un factor protector en el desarrollo de estas enfermedades e incluso del propio envejecimiento”.

"La dieta mediterránea tiene propiedades antiinflamatorias que protegen del daño articular"

Romera explica que “algunas de las enfermedades reumáticas como la artritis reumatoide, la espondilitis anquilosante o la artropatía psoriásica, entre otras, se caracterizan por tener un componente inflamatorio”. En este proceso de inflamación, continúa Romera, “están involucradas una serie de proteínas que actúan como mediadores y que son las responsables del daño y de la inflamación que se produce en las articulaciones. En los pacientes obesos se añaden factores del metabolismo que inducen a una liberación de ciertas proteínas que pueden agravar la inflamación”.

Grasas omega 6

La responsable de la Comisión de Comunicación y Pacientes de la SER desgrana poco a poco qué factores afectan directamente a algunas de estas patologías y de qué manera la DMeD puede tener un efecto protector por sus propiedades antiinflamatorias. En el caso de la artrosis, prosigue Montserrat Romera, “las proteínas que son responsables del daño, entre las que se encuentran ciertas citoquinas, contribuyen a la degradación del cartílago articular. La obesidad es el factor de riesgo modificable más importante para la artrosis, y es conocido que los hombres y mujeres obesos tienen 4 o 5 veces más posibilidades de desarrollar artrosis de rodilla”. Además, insiste Romera, “algunos estudios han demostrado que la dieta mediterránea, rica en polifenoles, puede tener un efecto protector por sus propiedades antiinflamatorias, por su capacidad antioxidante y por su efecto sobre la obesidad y el síndrome metabólico”.

Salmón, rico en omega 3. (iStock)
Salmón, rico en omega 3. (iStock)


Desde la Sociedad Española de Endrocrinología y Nutrición (SEEN), su vocal de Comunicación Francisco Botella Romero apunta que los factores que intervienen en modular la inflamación son muchos y muy complejos y algunos de ellos tienen que ver con la síntesis de una serie de sustancias por parte de nuestras células que conocemos como mediadores de la inflamación. Sobre este tema, Botella Romero subraya que estas sustancias se fabrican a partir de determinados sustratos de nuestra alimentación, como pueden ser algunos tipos de grasas o de proteínas: “Por ejemplo, las grasas de la serie omega 6 son precursores de mediadores más proinflamatorios y protrombóticos, y las grasas de la serie omega 3 son precursores de mediadores más antiinflamatorios y antitrombóticos.

Dependiendo de la mayor presencia en nuestra alimentación de unas u otras, podemos influir en cierta medida en este proceso”. Por otra parte, este experto comenta que “la obesidad resultante de un balance positivo de energía ocasiona en nuestro organismo un estado de inflamación crónica de bajo grado que se considera en la base de muchos de los efectos negativos asociados a la misma -resistencia a la insulina, alteraciones en los endotelios vasculares, etc-. De esta manera, una alimentación que nos ayude a perder peso también va a contribuir a rebajar este estado de inflamación crónica silente”.

Grasas omega 3

Entre los alimentos ricos en grasa omega 3, Botella Romero destaca los pescados comúnmente denominados azules, y con menor calidad nutricional (presencia de EPA -ácido eicosapentaenoico- y DHA -ácido docosahexaenoico- en ellos) pero con ácido alfalinolénico, frutos secos y aceites de algunas plantas. Asimismo, el vocal de comunicación de SEEN advierte sobre el consumo de suplementos comerciales de grasa omega 3 extraídos de estos alimentos, ya que, en su opinión, “no han demostrado beneficios hasta el momento; por lo que nuestra recomendación es el consumo del alimento completo con todas sus propiedades nutricionales íntegras”. En cuanto a los antioxidantes, prosigue Botella Romero, “la recomendación es más fácil. Hay que comer vegetales de los colores más variados posibles. De esta manera aseguramos un aporte óptimo de estas sustancias”.

Recientemente, un estudio desarrollado por el equipo de la doctora Indira Prasadam, del Instituto de Salud e Innovación Biomédica de la Universidad de Tecnología de Queensland (QUT) en Australia, ha descubierto que un medicamento derivado de los ácidos grasos omega 3 puede reducir la inflamación de la osteoartritis causada por una dieta alta en grasas. La investigación, publicada en 'Nature Journal Scientific Reports', muestra que la resolvina D1 (RvD1) puede reportar propiedades antiinflamatorias y convertirse en un posible tratamiento para la osteoartritis asociada a la dieta. Una enfermedad que afecta, especialmente, a las rodillas, las caderas y otras articulaciones de la zona, causando dolor, rigidez y, en ocasiones, discapacidad severa.

"Un nuevo estudio señala a la dieta como medio para frenar la osteoartritis"

Prasadam explica que el trabajo se ha basado en una investigación previa, dirigida por QUT, que identificó la relación existente entre la osteoartritis y una dieta alta en grasas y alta en carbohidratos. “En este nuevo estudio observamos el efecto de un par de medicamentos diferentes, incluido el RvD1, sobre la inflamación articular que forma parte de la osteoartritis asociada a la obesidad”, comenta la coautora del estudio.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

La investigación llevada a cabo por este Instituto de Salud e Innovación Biomédica concluye, según la doctora Prasadam, que “el RvD1 disminuyó los marcadores proinflamatorios en las células de las articulaciones humanas, y en los ratones redujo la progresión de la osteoartritis relacionada con la obesidad en las articulaciones de la rodilla, reduciendo el número de células proinflamatorias en el tejido de la articulación, reduciendo la gravedad de la inflamación y mejorando la degradación del cartílago y de las membranas articulares”.

Sin alcohol

Sobre si la dieta mediterránea es la mejor dieta o la más adecuada para prevenir e incluso mejorar aquellas enfermedades que se cursan con procesos inflamatorios, Eduard Baladía, de la Academia Española de Nutrición y Dietética, expone que “la DMeD ha mostrado su eficacia en varias situaciones patológicas, quitando el alcohol de la ecuación (vino y cerveza). Sin embargo, no es el único patrón y otros, como la dieta DASH (que es la prima hermana de la mediterránea pero de los países nórdicos), podrían ser otro modelo válido”.

Las fuentes más importantes de calcio son los lácteos y frutos secos como las nueces

La reumatóloga Montserrat Romera reitera que la DMeD se considera nutricionalmente adecuada y completa, segura, fácil de seguir y buena para el corazón y para el control del peso a largo plazo. Y sostiene que una dieta saludable tiene también un papel importante para la prevención y el tratamiento de la osteoporosis. “Dentro de nutrientes claves de la DMeD están el calcio y la vitamina D. Las fuentes más importantes de calcio son los lácteos -leche, yogur y quesos- y frutos secos como las nueces. La vitamina D es clave para el desarrollo y mantenimiento de huesos sanos, necesarios para la absorción del calcio a nivel intestinal y para garantizar la renovación y la mineralización ósea. Su déficit aumenta el riesgo de fracturas. Entre las fuentes de vitamina D se encuentran los pescados grasos, los lácteos enriquecidos y los huevos”, insiste.

Entre los alimentos a evitar por personas que padecen enfermedades relacionadas con la inflamación y que pueden afectar a cualquier órgano del cuerpo, sistema cardiovascular, inmune, digestivo, osteoarticular, etc, Botella Romero señala “los azúcares, las harinas refinadas, el alcohol y las carnes rojas procesadas. Es importante que la base de nuestra alimentación sean los vegetales poco o nada refinados y con una amplia variedad de colores. Comer más pescado que carne, incluir frutos secos y usar aceite de oliva virgen como fuente de grasa para cocinar”.