Somos, en gran medida, lo que comemos, también cómo nos cuidamos en general en nuestro día a día. Y debemos prestar más atención a nuestros hábitos si queremos cuidar de nuestra salud. En nuestro país, el cáncer colorrectal es el que se diagnostica con más frecuencia (el 15% del total, con más de 34.000 casos detectados en 2017, y el 90% de ellos en personas mayores de 50 años). Hoy es el Día Mundial del Cáncer de Colon y según datos de la Asociación Española Contra el Cáncer, el colorrectal es el segundo tipo de cáncer con mayor prevalencia en los hombres, después del de próstata, y también el segundo en las mujeres, tras el de mama.

Así las cosas, las investigaciones que relacionan el tipo de alimentación con el mayor o el menor riesgo de la incidencia de este cáncer se suceden. Dos de ellas son significativas y muy recientes. La primera se ha realizado en el First Hospital of China Medical University, la acaba de publicar 'Asia-Pacific Journal of Clinical Oncology' y ha analizado la importancia del consumo de las hortalizas de la familia de las liliáceas (allium en su denominación latina); esto es, de la cebolla, el ajo, el puerro y la cebolleta, en el desarrollo de esta enfermedad.

Las personas que comen cebolla y ajo en abundancia tienen menos riesgo de sufrir cáncer de colon

Para ello, los investigadores han comparado los casos de 833 personas con cáncer colorrectal, hombres y mujeres del noreste de China, con los de otras tantas personas sanas, de la misma edad y nivel económico, social y cultural similar. Y tras distintas entrevistas sobre sus hábitos de vida, han comprobado que las probabilidades de sufrir cáncer colorrectal fueron un 79% menores en aquellas personas, tanto hombres como mujeres, que consumieron altas cantidades de estos vegetales, en comparación con quienes no las incluían en su dieta o lo hacían de forma escasa.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

El riesgo fue menor en todos los casos con una excepción: la asociación del consumo de ajo con el riesgo de cáncer no fue significativa entre los pacientes con cáncer de colon distal (en la zona más próxima al recto). El doctor Zhi Li, uno de los autores del trabajo, asegura que "nuestra investigación muestra una tendencia: cuanto mayor sea la cantidad de estas hortalizas que comamos mayor será la protección. Este hallazgo arroja luz sobre la prevención primaria del cáncer colorrectal a través de la intervención en el estilo de vida, que merece más investigaciones en profundidad".

Ojo con pasarnos con las grasas

Un segundo trabajo, realizado este por científicos del Instituto Salk, en California, y publicado por Cell, incide en la relevancia de la dieta en la aparición de este cáncer. De acuerdo con la Sociedad Americana del Cáncer, los fallecimientos por esta enfermedad están aumentando en personas menores de 55 años, concretamente el 1% entre 2007 y 2016. En un estudio con ratones de laboratorio, los investigadores del Instituto Salk han descubierto que las dietas ricas en grasas alteran el equilibrio de los ácidos biliares en el intestino y desencadenan una señal hormonal que permite que las células potencialmente cancerosas prosperen. Este tipo de alimentación es cada vez más habitual entre los jóvenes estadounidenses, lo que explicaría el incremento de los casos de cáncer.

La genética y el estilo de vida, una vez más, convergen. Como señala Ruth Yu, coautora de este estudio, "nuestro trabajo indica que si eres genéticamente propenso a padecer cáncer de colon, una dieta alta en grasas es lo que empuja a que este aparezca".

Foto: iStock.
Foto: iStock.


A finales de 2017, un metaanálisis realizado por diversos departamentos de la Universidad de Arizona que publicó Frontiers in Nutrition confirmó que hay una dieta idónea para prevenir en la medida de lo posible esta enfermedad. Es la dieta mediterránea, que aboga por una alimentación especialmente rica en frutas, verduras, hortalizas (que deben estar presentes tanto en la comida como en la cena) y legumbres y frutos secos, y que tiene como grasa de referencia el aceite de oliva. Los alimentos deberán ser preferiblemente frescos y de temporada, el pescado debe tomarse varias veces por semana y la carne roja en menor medida. Dulces y pasteles solo de forma excepcional y como bebida de referencia siempre el agua.

La importancia de saber elegir

La Universidad de Stanford da tres claves claras para reducir al máximo los factores de riesgo del cáncer de colon:

  • Mantener un peso saludable (intentando que nuestro índice de masa corporal esté entre 18.5 y 24.9). Hay una relación directa, científicamente comprobada, entre la obesidad y seis tipos de cáncer: el colorrectal, de endometrio, de páncreas, de vesícula, de riñón y el mieloma múltiple.
  • Practicar actividad física habitualmente: al menos 30 minutos al día de ejercicio de moderado a intenso.
  • Elegir correctamente los alimentos que consumimos. En este punto recomienda seguir una dieta rica en vegetales y en fibra, con consumo únicamente esporádico de carnes rojas y procesadas. En cuanto a la fruta, el consejo es tomarlas enteras y no en zumo. Y respecto a las legumbres y los cereales, merece la pena tomarlas en su versión integral. Y en el otro lado de la balanza, conviene comer menos carne roja y procesada, evitar la comida rápida (con muchas calorías, mucha sal y poco nutritivas) y dejar de lado el alcohol o, en todo caso, no tomar más de una copa de vino al día.