Los estudios de microbiota están conduciendo a un cambio de paradigma en medicina. Y en este sentido, los últimos en llegar la señalan como clave en el desarrollo de los trastornos de alimentación. Es más, las evidencias científicas acumuladas apuntan directamente a las bacterias intestinales como ‘directores de orquesta’ en la regulación del estado de ánimo, en el comportamiento, el apetito, la sintomatología gastrointestinal, el metabolismo y los nutrientes; todas las características básicas que se encuentran frecuentemente alteradas en las personas afectadas por anorexia nerviosa.

Ahora llegan nuevas evidencias que apuntan hacia cambios en la dieta dentro de la rehabilitación nutricional de las pacientes para recuperar también la salud de su microbioma: añadir alimentos prebióticos, más fibra y tal vez suplementos probióticos.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Descrita por primera vez en 1873, se caracteriza por la distorsión de la imagen corporal, que se acompaña de un adelgazamiento extremo (más del 35% del peso corporal) y que lleva a la persona a mostrar un fuerte miedo por adquirir kilos. Es también el más grave de todos los trastornos que tienen que ver con la alimentación y el más mortal: un 5%.

Afecta sobre todo a mujeres (ellas lo padecen 10 veces más que ellos). Su prevalencia está entre el 2,2% y el 3,6% de la población y la edad de inicio se suele situar entre los 14 y los 18 años.

Una prevalencia que, según declara a Alimente la doctora Marina Díaz-Marsá, jefa de la Unidad de Trastornos de la Conducta y de la Unidad de Intervención Precoz del Hospital Clínico San Carlos de Madrid y directora de la Clínica Sommos Desarrollo Personal, “no ha cambiado aunque parece que la enfermedad debuta cada vez a edades más tempranas y con algunos síntomas añadidos como las autolesiones, que antes apenas se veían en las chicas más jóvenes”.

Las personas anoréxicas tienen una microbiota distinta a la de las personas sanas, según los últimos datos

Otro giro en la enfermedad se apunta desde las investigaciones recientes que han revelado que la microbiota de las afectadas es distinta a la de las personas sin la enfermedad. Concretamente, un estudio publicado en la revista ‘Psychosomatic Medicine’ ha puesto de manifiesto que las personas con anorexia nerviosa tienen comunidades microbianas del intestino muy distintas a las personas sanas y que esto afecta tanto física como psicológicamente a los afectados. El trabajo, llevado a cabo por científicos de la Escuela de Medicina de la Universidad de Carolina (EEUU), analizó las muestras fecales de 16 pacientes y de 12 individuos sanos para compararlas.

Los datos demostraron que las pacientes tenían menos diversidad bacteriana en comparación con los individuos sanos; lo sorprendente fue que las muestras recogidas tras el alta médica de las pacientes seguían siendo significativamente menos diversas en bacterias intestinales que las de las personas sin la enfermedad. Afortunadamente, a medida que ellas aumentaban de peso, las comunidades microbianas también se incrementaron e incluso mejoró su estado de ánimo.

El doctor Celso Arango, jefe del Servicio de Psiquiatría del Niño y del Adolescente del Hospital Gregorio Marañón de Madrid y jefe de grupo del CIBERSAM, adelanta a Alimente: "El problema de estos estudios es que no permiten inferir causalidad y los cambios en la microbiota pueden ser la consecuencia del propio trastorno. Sin embargo, sí se puede establecer que ella puede ser un posible factor mantenedor o incluso agravante de la enfermedad para establecer un abordaje con potenciales nuevos tratamientos, como se está probando el trasplante fecal en patologías del neurodesarrollo".

Limitación de ingesta

Los investigadores reconocen: “No somos capaces de exponer si un desequilibrio bacteriano intestinal causa los síntomas de la anorexia nerviosa, incluyendo los asociados, como la ansiedad y la depresión, pero la severa limitación de la ingesta nutricional podría cambiar la composición de la microbiota intestinal, lo que podría contribuir a la ansiedad, la depresión y a una mayor pérdida de peso en personas con este trastorno. Es un círculo vicioso y queremos ver si podemos ayudarlas a evitar o revertir ese fenómeno”.

Ahora, el nuevo estudio de revisión, publicado en ‘Psychopharmacology’, reconoce la necesidad de evaluar cómo es la dieta de la rehabilitación nutricional de las anoréxicas. Uno de los puntos clave en los que insisten los investigadores, liderados por Anu Ruusunen, de la Universidad Deakin (Australia), es que es muy frecuente que ellas “hagan un uso abusivos de los laxantes como comportamiento compensatorio. El número total de especies y la riqueza de las mismas se mostraron particularmente reducidas en las pacientes que tenían antecedentes de uso de este fármaco”.

Los ensayos han constatado que el uso desmesurado de laxantes altera la microbiota y, aunque la comunidad se restaura con el tiempo, su ingesta continuada puede amenazar el equilibrio a largo plazo de las bacterias comensales en los adultos.

"El uso abusivo de laxantes por parte de los pacientes reduce el número y la riqueza de especies"

La doctora Díaz-Marsá afirma que “la microbiota, la disfunción inflamatoria y el estrés oxidativo son una de las líneas actuales de investigación en trastornos de la conducta alimentaria. De hecho, mi equipo de investigación está llevando a cabo ensayos en este sentido y ha encontrado disfunciones inflamatorias en estas pacientes desde que la enfermedad aparece y se hipotetiza que esta inflamación puede depender de alteraciones de la microbiota, entre otros factores”.

Existe, además, “cierta controversia acerca de si estas alteraciones pudieran ser una de las causas de estos trastornos o consecuencia del abuso de laxantes y de la inadecuada ingesta típica de estas pacientes. Todavía se requieren más estudios de investigación en este sentido, pero está claro que es un factor a tener en cuenta”.

En nuestro país, “mi grupo, asociado al Hospital Clínico San Carlos, en colaboración con el Departamento de Farmacología de la Universidad Complutense. liderado por el profesor Juan Carlos Leza, trabaja en esta línea”, insiste.

Recuerda también que “el consumo abusivo y masivo de laxantes es una de las conductas patológicas que utilizan estas pacientes con la finalidad de manejar el peso. Es necesario controlar y suprimir su uso, no solo por las alteraciones que pueda producir en la microbiota, sino también por las consecuencias que tienen sobre los electrolitos y que pueden ser igualmente peligrosas”.

Otro de los hándicaps al que se enfrentan los especialistas es que los protocolos de rehabilitación nutricional basados en la ingesta calórica alta priorizan el aumento rápido de peso y se ha demostrado que son seguros y eficientes para lograr la restauración del peso. Sin embargo, la dieta seguida para lograr ganar kilos en anorexia es comúnmente alta en grasas.

Como señalan los autores australianos, “la grasa es el nutriente más denso en calorías. Asimismo, la proporción de macronutrientes, como las grasas, proteínas y carbohidratos (incluida la fibra), junto a la ingesta total de calorías, pueden alterar significativamente la composición de la microbiota intestinal”.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Desnutrición

La desnutrición “en estas pacientes es devastadora para el organismo, pero no debemos olvidar que la anorexia es una enfermedad mental y que las causas tienen que ver con conflictos personales, inestabilidad anímica, inseguridad, déficits en la autoestima o conflictos familiares que les llevan a utilizar la comida para controlar su malestar. De nada sirven aumentos rápidos de peso si no se actúa sobre las causas psicológicas de estos trastornos. El valorar una ingesta que cuide la microbiota puede resultar beneficioso a largo plazo aunque incorporando también alimentos que, aunque tengan contenidos menos saludables, desde el punto de vista metabólico, son imprescindibles para su recuperación mental y para su estabilidad emocional”, aclara la experta del Clínico.

Por todo ello, “las recomendaciones nutricionales se han basado hasta ahora en los efectos que la desnutrición tiene sobre el organismo y sobre el sistema nervioso central. Y la desnutrición no solo produce alteraciones corporales, sino que da lugar a depresión, inestabilidad anímica, obsesión por la comida, alteración en la percepción de la imagen corporal, impulsividad y rigidez en la forma de pensar”, agrega.

Es importante, por ello, “llegar a un índice de masa corporal saludable lo antes posible, que permita trabajar los aspectos psicológicos que mantienen la enfermedad. Y por ello tenemos protocolos que se basan en dietas con número de calorías adecuadas a cada fase y a cada momento de la enfermedad, teniendo en cuenta las posibles alteraciones orgánicas que pueden existir por culpa de la desnutrición”.

Probióticos

La mirada ahora está puesta en ‘modificar’ estos protocolos, tal y como proponen los autores de la nueva investigación: “Que incluyan un mayor contenido de fibra y alimentos prebióticos más diversos, lo que puede beneficiar a los microbios intestinales y sus metabolitos y prevenir las secuelas gastrointestinales, especialmente el estreñimiento”.

Asimismo, recalcan que en el futuro se necesitan “más estudios para investigar el papel potencial de los probióticos o suplementos como parte de los procedimientos de rehabilitación nutricional. Por ejemplo, se han sugerido bacterias que producen butirato, como Roseburia spp, como candidatas para ensayos de intervención con probióticos en la enfermedad. La inclusión de alimentos fermentados también debería considerarse”, apostillan los científicos.

La doctora Díaz-Marsá defiende que aunque “todavía no hay suficientes evidencias para ello, cuidar algunos aspectos dietéticos en este sentido puede contribuir no solo a recuperar la microbiota, sino a disminuir la inflamación que parece existir en estos trastornos y que puede contribuir al mantenimiento de la enfermedad”.