Sí, preparar germinados en casa es el colmo de la salud, pero hay algo que os habéis dejado en el tintero, concretamente en el vaso, y es el agua con el que los habéis preparado. Lo cierto es que este mejunje tiene un nombre: rejuvelac, un trago que muchos consideran saludable debido a las enzimas y los probióticos que al parecer contiene. Pero vamos a ver todo esto con calma. En primer lugar, hay que hablar de la inventora del rejuvelac y de sus curiosas afirmaciones. Fue una estadounidense nacida en Lituania, llamada Ann Wigmore (1909-1994), la que nos ha legado dicha ocurrencia. Esta estudiosa aseguraba que muchas de las enfermedades degenerativas actuales son consecuencia de la cocción de los alimentos. Por lo tanto, abogaba por un tipo de alimentación exenta de cocinados. A su juicio, nuestro organismo está preparado para alcanzar perfectamente los 140 años.

Los pilares de la dieta que propuso en su día Wigmore para llevar a término tan ambiciosa meta fueron los cereales, los frutos secos, las semillas, las frutas y las verduras, todas ellas combinadas, cómo no, con una bebida llamada rejuvelac, que es objeto de este artículo. Sin querer ahondar más en los polémicos planteamientos de su progenitora, que falleció a los 84 años en el incendio de uno de los centros de salud que ella misma fundó, lo cierto es que el rejuvelac está en boca de medio mundo, sobre todo entre los círculos veganos que son más proclives a abrazar este tipo de alimentación.

¿Qué precauciones debemos tomar?

Así, esta bebida probiótica, que emplea un vocablo de origen francés que alude a sus supuestas propiedades rejuvenecedoras, nos ofrece enzimas, dextrinas, fosfatos, lactobacilos y vitaminas C y E, que ayudan al organismo a la absorción del hierro y el calcio, protegen la piel de los rayos del sol y previenen las enfermedades del corazón, entre otras cualidades. Prepararlo en casa es sencillo y, por lo tanto, está al alcance de todos los bolsillos.

Foto: iStock.
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En cuanto a sus propiedades organolépticas, el rejuvelac llama la atención por un olor ácido y un sabor agradable al paladar, pues en él predominan las notas de levadura. En cambio, si ese gusto se torna agrio, significa que el proceso de fermentación ha sido excesivo. Para su correcta elaboración, únicamente hay que dedicarle algo de tiempo y esmerarse con la higiene, pues los germinados son muy sensibles a la contaminación por Escherichia coli y salmonela. Por lo tanto, si no somos muy cuidadosos en este aspecto, más vale que lo dejemos correr por los peligros que nos puede acarrear.

La FDA ha llegado a desaconsejar el consumo de germinados a niños, ancianos y embarazadas

Recordad que la mayoría de semillas y brotes germinados se consumen crudos, de modo que las bacterias que se hayan podido desarrollar tienen expedito el camino a nuestro organismo. Al respecto, la OMS ha llegado a advertir que la humedad necesaria para hacer germinar legumbres o cereales es un caldo de cultivo para bacterias potencialmente peligrosas. Incluso la Agencia Americana de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) desaconseja su consumo a niños, ancianos, mujeres embarazadas y aquellas personas con el sistema inmunológico deprimido.

Así, el proceso de los germinados exige ciertas cautelas que, eso sí, son fáciles de sobrellevar:

  • Comprar semillas de calidad y que cumplan las garantías higiénicas establecidas en los reglamentos comunitarios.

  • Lavarnos las manos, esterilizar los tarros de germinación e incluso desinfectarlos previamente con una solución de agua oxigenada.

  • Refrigerar inmediatamente los germinados en bote cerrado, cuando ya estén listos, pues la cadena de frío no ha de romperse en ningún momento.

Cómo elaborar rejuvelac casero

Sin embargo, si somos de los que seguimos a rajatabla las instrucciones, aquí van las directrices básicas para un rejuvelac de primera. Para su elaboración, podemos servirnos de cualquier tipo de semilla o legumbre. Debemos meterlas en un tarro con agua y aguardar unas 72 horas. Pasado ese tiempo, observaremos que ya presentan una raíz visible y diferenciada. Entonces tomamos un puñado y las ponemos en una jarra que llenaremos con agua limpia, preferiblemente sin cloro. La tapamos y la cubrimos con un paño. Todas estas acciones, por supuesto, deben realizarse con la máxima higiene.

Tras 48 horas fermentará y habrá adquirido un color blanquecino traslúcido. Esto nos indica que las semillas han transferido las sustancias nutritivas al agua. Es entonces cuando las retiramos, filtramos el agua y la guardamos herméticamente en una botella. “Si cuando el proceso se ha completado aparentemente aparecen partículas blancas flotando o el agua tiene un olor desagradable, conviene desechar el líquido y reiniciar el proceso porque el cultivo habrá sido colonizado por bacterias no beneficiosas para el cuerpo humano”, advierten desde el medio especializado 'Batidos y jugos'. Si lo bebemos con un poco de limón, jengibre, menta y algo de hielo se convierte en un refresco estupendo, incluso para hacer frente a las bochornosas tardes veraniegas.