La comida picante puede presumir de tener un gran número de seguidores en todo el mundo, pero también detractores que todavía se niegan a caer ante sus encantos. A pesar de la sensación que deja en el paladar, es bien sabido que este tipo de alimentos y condimentos también aporta múltiples beneficios a nuestra salud como, por ejemplo, favorecer la circulación, quemar calorías -debido al aumento de la temperatura corporal-, combatir los resfriados o incluso mejorar el estado de ánimo, ya que genera endorfinas y serotonina, relacionadas con la sensación de bienestar.

Eso sí, siempre y cuando no se consuma en exceso, pues también puede provocar acidez de estómago, problemas digestivos, irritaciones en la piel o ardor en el recto, entre otras dolencias. Como podéis comprobar, el mundo del picante es muy complejo, de ahí que debamos incluirlo en la dieta de manera moderada dos veces por semana, siendo esta la cantidad diaria recomendada, aproximadamente, según diversas fuentes.

La capsaicina está compuesta por moléculas no polares, que solo se disuelven con moléculas similares

No obstante, otro problema más inmediato y relacionado con su consumo pone en jaque cada día a los consumidores. A pesar de lo que muchos piensan, recurrir a un vaso de agua cuando la boca arde por culpa del picante es uno de los métodos más ineficaces para acabar con este síntoma. De hecho, incluso lo empeora. ¿El motivo? La capsaicina, el compuesto químico que produce esa sensación de ardor, está compuesta por moléculas no polares, que únicamente se pueden disolver con otras moléculas del mismo tipo. En cambio, el agua tiene moléculas polares, por lo que no proporciona ningún tipo de calma, sino que propaga aún más la capsaicina por nuestra cavidad bucal, empeorando la situación. Bajo esta premisa, ¿a qué remedios debemos recurrir para solventar este problema?

Leche y otros productos lácteos

Foto: iStock.
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El recurso más conocido de todos es el consumo de leche y otros productos lácteos. Estos contienen caseína, una fosfoproteína que neutraliza y evita que se extienda el picor provocado por la capsaicina. Aunque lo más habitual es optar por el clásico vaso de leche, también son muy útiles el yogur, la mantequilla, la nata o el queso cremoso. Además, las moléculas de dichos alimentos son no polares, lo que aumenta su efectividad.

Cítricos

Aunque parezca que su ingesta puede aumentar los efectos del picante, lo cierto es que consigue todo lo contrario: contrarrestar el poder de la capsaicina. Por ello, son muchas las elaboraciones que incluyen aliños o salsas hechos a base de este grupo de alimentos, especialmente el limón y la lima. La piña es también una fruta a tener en cuenta en este aspecto, ideal para acompañar ensaladas, guisos o pizzas.

Azúcar

Foto. iStock.
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Siempre que sea con moderación, el azúcar también puede aportarnos algunos beneficios, al menos en lo que al picante se refiere. Ingredientes como la miel o la canela pueden formar parte de nuestra dieta cuando queramos incluir un poco de picante en los entrantes. Además, el efecto se verá multiplicado si mezclamos el azúcar con los productos lácteos, dando lugar a postres tan conocidos como el helado o el flan. La influencia de este compuesto sobre el picante también queda en evidencia con la presencia de verduras y hortalizas ricas en azúcar en algunas recetas famosas por su intensidad, como la zanahoria o las patatas.

Frutos secos

El consumo de frutos secos después de un plato picante o la introducción de los mismos en la receta también puede aliviar el picor que provoca la capsaicina. En este caso, se debe a su contenido en grasa. Las opciones más recomendadas suelen ser las almendras, los cacahuetes, las nueces, las avellanas, los pistachos y los anacardos, ricos en grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas. Estos pueden servir como aderezo en ensaladas y guisos, como rebozado o como acompañamiento de platos más contundentes.

Pan

Junto a los lácteos, este es otro de los condimentos vinculados a la mitigación del picante, más concretamente una de las sustancias que forma parte de su composición: el almidón. Este puede crear una barrera para mantener a raya la capsaicina en la cavidad bucal, un poder que también reside en alimentos tan comunes como el arroz, las patatas, los cereales, el maíz y la pasta, entre otros.

Alcohol

Otro remedio es disfrutar de una jarra de cerveza o una copa de vino después de tomar alimentos picantes pues, al parecer, el alcohol diluye la capsaicina que reside en nuestro paladar. Una acción que se multiplica si, además, ambos líquidos están fríos. Eso sí, deben tener más de un 5% de etanol, un compuesto químico conocido también como alcohol etílico. De lo contrario, su poder será similar al del agua, es decir, inexistente. Si sois abstemios, con enjuagaros la boca con cualquiera de estas dos opciones obtendréis el mismo resultado. Aunque siempre se debe recurrir a este método con prudencia y mesura.